Exposición Individualdic 2013 - feb 2014· Por Miguel López

Gilda Mantilla

Galería Revólver

Reflexionar sobre la obra de Gilda Mantilla (Los Ángeles, 1967) es ingresar a uno de los trayectos más hechizantes de la escena local. Desde fines de los años 80 la artista ha utilizado la pintura y el dibujo como sismógrafos de la vida contemporánea. Sus primeros cuadros procuraban un diálogo horizontal con las estéticas populares y los recursos gráficos de la calle, explorando la manera en que esta visualidad cambiante modelaban cotidianamente la subjetividad y el deseo. Era inevitable percibir en su pintura ciertos rasgos autobiográficos, los cuales señalaban siempre aspectos sociales hondos: la tradición religiosa en la cultura nacional, el mercado de la belleza, la publicidad popular y la festiva pintura callejera, entre otros. La pintura de Mantilla no hacía concesiones en colocar poderosos y agudos comentarios sobre las negociaciones afectivas diarias de los cuerpos marcados como femeninos en el ámbito público.

Posteriormente la artista ha utilizado el dibujo como herramienta de análisis e investigación, algunas veces en colaboración con el artista Raimond Chaves (Bogotá, 1963). Juntos han realizado expediciones gráficas por diversas ciudades de América Latina, han editado periódicos callejeros, han realizado esculturas e instalaciones que indagan sobre el clima y los efectos en sus habitantes, entre otros proyectos. Luego de ese último largo periodo de trabajo en colaboración con Chaves, Mantilla ha retornado a su producción personal a través de dos exposiciones individuales que deben leerse como parte de una misma investigación: Es preciso confrontar ideas vagas con imágenes claras exhibida en 2010, y actualmente Una cosa como tú o yo, ambas en la Galería Revolver.

Exposición Individual: Gilda Mantilla — imagen 1
Gilda Mantilla. Sin título, 2013. Pigmento sobre papel. 50 x 70 cm. (19 ½ x 27 ½ pulgadas).

El retorno de la obra de Mantilla en solitario es realmente alentador. Su obra reciente retoma esa elegante sencillez que interroga y explota las posibilidades expresivas de lo aparentemente banal e insignificante, en este caso un vaso de vidrio elegido como elemento central de su nuevo proyecto. Este vaso le sirve como excusa para pensar los límites de la representación y las posibilidades de comunicación en un escenario sobresaturado de mensajes y contenidos. La sutileza e inteligencia de sus nuevas obras sorprende y confronta las expectativas de literalidad y rapidez que el mercado suele imponer a la producción contemporánea. En Una cosa como tú o yo este simple vaso hace su aparición a través de numerosos dibujos y esculturas que funcionan como preguntas en torno a la estabilidad, la mirada, la duda, el dolor, la urgencia, la imposibilidad, el deseo.

Un dibujo presenta la silueta del vaso repetida de forma ascendente. El color rojo intenso reiterado sugiere una columna precaria que en su cúspide parece mutar para convertirse en la cima y faldas de una posible montaña. Este vaso-paisaje sugiere fluido, contención, naturaleza, pero también desastre, agitación, tragedia. Otros vasos, en cambio, se invierten y se apilan unos sobre otros para dejar de envolver meros líquidos e imaginar otra vida y funcionalidad, convirtiendo así las afueras del vaso en un nuevo soporte. Otras obras funcionan como alegorías del movimiento y la eventual migración, como aquellas donde un líquido negro se desplaza sutilmente a través de los delgados bordes de dos vasos situados uno al lado del otro, o en una escultura donde una mancha oscura se escurre desde un vaso a otro, sin poder saber exactamente de donde a donde se está deslizando.

En otras obras el vaso ha mutado, se ha convertido en cuerpo siamés, unido en su base o en su boca, o se ha transformado en superficie rugosa o puntiaguda con evocaciones eróticas. Surgen así también un vaso-planta, un vaso-mancha, un vaso-sombra, un vaso-no-vaso, vasos-capa, vasos-luna, vasos-pierna. La interrogante sobre la aparente utilidad del elemento se mantiene. En ningún caso el vaso está tranquilo con contener lo dispuesto, ni tampoco el contenido está dócil frente al objeto que lo intenta abarcar. La exposición enfatiza la tensión entre eso que no se deja ser rodeado, incluido y alcanzado, y un recipiente ávido de contener pero que simplemente no puede. Más aún, pese a lo dicho, podríamos afirmar que lo se muestra en realidad en las salas no son, ni nunca han sido, vasos.

Mantilla toma el objeto y su imagen como lo que verdaderamente es. Es decir, eso que es más allá de cualquier contrato social fijado, lo que excede a la relación establecida entre imágenes y significados. Lo que es es el enigma de lo que no sabemos qué es ni para que sirve. Una cosa como tú o yo.

MIGUEL A. LÓPEZ

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