Exposición Individualdic 2013 - feb 2014· Por Patrick Frank

Gabriel Figueroa

LACMA | Los Angeles County Museum of Art

Para presentar esta exposición, que hace parte de su nuevo énfasis en el arte cinematográfico, el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles construyó un importante puente a través de la frontera con México. A lo largo de once pantallas de proyección y nueve monitores de video, el Museo exhibe la creatividad de Gabriel Figueroa, el cineasta mexicano más famoso. La exposición incluye 350 elementos, documentos de archivo, afiches, imágenes congeladas, pinturas y grabados, en un esfuerzo por ubicar al artista dentro de un contexto que incluya otras artes. Con unas pequeñas reservas, la muestra es un éxito cautivante.

El curador Alfonso Morales, de la Fundación Televisa, que posee el archivo de Figueroa, dividió el material en nueve nichos temáticos, entre los que se encuentran Revolución, Paisaje, El Charro, Metrópolis y Color; cada uno de ellos tiene al menos un monitor y una pantalla. La exposición demuestra que Figueroa fue una de las figuras más importantes de la Edad Dorada del cine mexicano (años cuarenta y cincuenta), cuando trabajó en la mayoría de sus más de 200 películas. Veinte de ellas se proyectaron en un ciclo en el teatro del museo.

Exposición Individual: Gabriel Figueroa — imagen 1
Gabriel Figueroa. Macario, 1959. Fotofija. Angel Corona (stillman). © Fundación Televisa.

La exposición destaca importantes conexiones entre el cine de Figueroa y las artes visuales: los productores comisionaron a Leopoldo Méndez para que creara linóleos basados en tomas memorables, que sirvieron como fondo para los créditos de seis películas; varias de estas impresiones están exhibidas junto con fragmentos de las películas. Se pueden ver también litografías de José Clemente Orozco sobre temas revolucionarios cerca de pantallas en las que se proyectan escenas de películas como Los de abajo. Escenas de María Candelaria (1944), una radiante historia sobre una familia pobre de vendedores de flores, se exhiben cerca de una de las pinturas de Rivera sobre el mismo tema. El cine que creó Figueroa, trabajando junto con directores como Chano Urueta, Emilio Fernández y Roberto Gavaldón, probablemente contribuyó a formar la consciencia mexicana tanto como lo hizo la pintura mural. El cine es, después de todo, una forma de arte muy popular que está disponible para todos. El mismo Rivera reconoció esto al describir en alguna oportunidad la obra de Figueroa como “murales ambulantes”. Esta exposición apoya poderosamente ese punto, elevando el cine a un nivel igual al del arte del pintor. Figueroa también dijo que aprendió de los muralistas, y los describió como “maestros míos en el modo de ver a los hombres y las cosas”.

Muchas de sus escenas recompensan esta atención, debido a su maravillosa composición y su bella iluminación. Su película Macario (1960) se basa en un cuento de B. Traven sobre un leñador pobre que anhela comerse él solo un pavo recién horneado. Cuando finalmente lo consigue, recibe la visita de tres espíritus que reclaman su parte: el Diablo, Dios y la Muerte. El encuentro final de Macario con esta última es el más conmovedor, debido a que la figura de mejillas huecas aparece bajo un raído sombrero de paja, fuera de la cueva de Cacahuamilpa, en la provincia de Guerrero. Figueroa realizó la toma en esta locación en una forma muy expresiva, con una luz muy bien regulada que cae sobre la espalda de Macario, sobre la neblina que pasa y sobre la escabrosa pared de la cueva.

Uno de los nichos temáticos cuenta la historia de la ambivalente relación de Figueroa con Hollywood. Él había perfeccionado su oficio al norte de la frontera, como aprendiz del maestro Greg Toland, en 1935. Al retornar a su país, llevó esas habilidades en una dirección más expresiva, en películas como Noche de los Mayas, Los de abajo y María Candelaria. En los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, rodó en México dos importantes películas que serían distribuidas en Estados Unidos: The Pearl, basada en la novela de John Steinbeck, y The Fugitive, descrita con frecuencia por el director John Ford como su favorita entre todas las películas del mexicano. Al morir Toland, en 1948, Louis B. Mayer invitó a Figueroa a regresar a Hollywood con un lucrativo contrato, pero él prefirió permanecer en su país. Elia Kazan también lo invitó a rodar una nueva película sobre Emiliano Zapata, con Marlon Brando en el papel principal, pero también declinó el ofrecimiento. Poco tiempo después, Kazan lo denunció ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses como simpatizante del comunismo. Debido a su compromiso con las prácticas sindicalistas, el FBI también lo investigó. Años más tarde trabajó con directores estadounidenses en películas como Under the Volcano, Night of the Iguana y Kelly’s Heroes.

La exposición demuestra su punto de vista en una forma cautivante e informativa, pero hay dos excepciones: la mayoría de los fragmentos de películas, presentados ya sea en pantallas o en monitores, pasan uno tras otro sin una etiqueta que especifique a qué película pertenecen. Esto crea confusión entre el vasto número de espectadores que quizás no conozcan todavía su obra. En segundo lugar, el museo no publicó un catálogo impreso, lo cual frustra a quienes habrían deseado aprender más. No obstante, en general, la exposición es un buen ejemplo de cómo exponer cine en un museo de arte.

PATRICK FRANK

Gabriel Figueroa, por Patrick Frank | artnexus