La
exposición de la obra de Zilia Sánchez en Artist’s Space, en Soho, fue una bien
seleccionada retrospectiva que destacó la importancia de una constante
presencia de series en su obra como marca de su producción artística. También
dilucidó el proceso de su obra, que a veces se extendió por un largo período,
con piezas que se iniciaron en fecha tan temprana como la década de 1970 y se
terminaron una década más tarde. Junto con las sensuales cualidades que emanan
de las formas sugeridas por la artista, hay en su obra una importante
referencia a cuestiones de género, dentro de la estructura del minimalismo
puro. Sus alusiones al pasado clásico y mitológico en títulos como Las Troyanas o Amazon Series señalan en forma directa una referencia histórica a
la prolongada lucha de las mujeres por tener voz propia contra la represión de
las sociedades tradicionales, en las que no tenerla se consideraba el curso
natural de las cosas. Como mujer artista en América Latina, Zilia Sánchez era
muy consciente de la lucha por alcanzar una posición en el panorama artístico.
Su selección de los títulos es tan deliberada como las formas corporales
femeninas que sugiere, y su obra evoca la fuerza de la legendaria mujer
guerrera que dio un paso adelante para adentrarse en una zona que
tradicionalmente pertenece a los hombres, y se mantuvo firme y se convirtió en
un rayo de esperanza para generaciones futuras.

Sánchez es una artista cubana que estudió y desarrolló su carrera en la Isla, donde se formó en la famosa Academia San Alejandro. Sus primeras obras desarrollaron su propia diversificación de la abstracción a través de pinturas y dibujos y el diseño de escenarios teatrales. En Cuba estuvo estrechamente ligada al grupo de artistas e intelectuales conocido como Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, que formó parte de la vanguardia en la Cuba prerrevolucionaria. Debido a que fue un elemento fuerte e importante para su formación, es necesario señalar que el grupo se empeñó en mantener la libertad de expresión, sin prejuicios políticos o religiosos. Esta última parte se aplica directamente a la obra de Zilia Sánchez, que frente a temas relacionados con el cuerpo y el género revela una libertad que contrasta con la represión cristiana que caracterizó la producción colonial de Latinoamérica y siguió ejerciendo una influencia considerable después de que ésta se independizara de España. También es importante el hecho de que en ese tiempo, bajo el dominio de la dictadura de Batista, la libertad de expresión en el campo político ya era algo imposible. Esta Sociedad también tenía una importante publicación llamada Nuestro Tiempo, que contaba entre sus colaboradores con destacados escritores y poetas de la época y era ilustrada por artistas cubanos de la moderna vanguardia temprana, como Portocarrero, Peláez y Lam, quien, de hecho, diseñó la primera portada.
La primera exposición de la artista fue en el Lyceum de La Habana, en 1953, y, más tarde, a finales de la década de 1960, trabajó y estudió en Madrid, antes de trasladarse a Nueva York en 1964. Allí vivió por un período de ocho años, durante los cuales empezó a utilizar el soporte del lienzo para construir perfiles internos de madera que luego eran sellados dentro de la tela. Estas formas hacían presión contra el lienzo y sobresalían, reestructurando así la superficie e incorporando a la composición una dimensión adicional de sombras sobre la superficie. La simplicidad de su diseño y los temas sociales de género nos recuerdan la generación del Arte Povera en la Italia de la posguerra. En este aspecto de la obra de Zilia Sánchez hay una evidente referencia a la obra de un artista mayor, Lucio Fontana, en cuanto al tratamiento de las telas y la selección de colores, aunque la artista tiene una indudable preferencia por el blanco y los colores suaves. Y, más importante, ella comparte una similitud de cualidades arquitectónicas de construcción con la obra de Enrico Castellani, su contemporáneo más cercano. Aunque logran resultados muy diferentes, estos movimientos hacia la abstracción, que están presentes desde el comienzo, claramente ubican su obra dentro de la red de las tendencias artísticas internacionales de la época. Las formas protuberantes de su obra organizan el espacio alrededor de ellas en zonas semicirculares, redondeadas. Sin embargo, los bastidores modificados producen lienzos de formas no tradicionales, diseñados para enfatizar la abstracción escultural de formas corporales sugeridas, un factor que también vincula la obra de Zilia Sánchez con una fuerte y asertiva estética feminista que se estaba desarrollando en ese tiempo en las artes visuales y también en la literatura.
En 1971 la artista se trasladó a Puerto Rico, donde vive en la actualidad. Entre 1972 y 1975 trabajó diseñando el periódico literario Zona de Carga y Descarga, una influyente publicación editada por la famosa Rosario Ferré, quien a través de sus escritos instituyó una destacada plataforma para temas feministas en América Latina. Esta publicación también estaba resaltando un momento fundamental de experimentación en la literatura puertorriqueña y para los escritores latinoamericanos.
En el primer espacio de la exposición se destacaba en vitrinas el trabajo de diseño de la revista realizado por Sánchez, para el cual empleó fotomontajes y composición tipográfica, que en cierta forma nos recordaban los textos de Dada, por cuanto ese texto representado se inscribía en la publicación como una caótica fusión barroca que se apartaba radicalmente de las publicaciones artísticas formales del período, más orientadas a exhibir esa complejidad dentro de la misteriosa elaboración del texto propiamente dicho. Ella también incorporó algunos diseños estilo manuscrito a sus lienzos de la época; su lienzo circular Lunar con tatuaje, de 1968, es un gran ejemplo de los elementos incorporados que parecen flotar sobre la superficie del lienzo y crear la ilusión de un trazado de un espacio exterior.
La exposición como un todo estaba exhibida en forma excelente, y sus lienzos irradiaban serenidad al unísono, lo que claramente nos hacía comprender que las obras separadas eran parte de una visión más amplia de la realidad espiritual contemporánea. Las obras creaban un fuerte impacto como piezas individuales, pero la impresión de verlas juntas nos permitía darnos cuenta de que eran una secuencia en un diagrama de complejo diseño o partes musicales de una gran sinfonía compleja.
ALBERTO BARRAL
