Exposición Individualsept 2013 - nov 2013· Por Graciela Kartofel

Perla Krauze

Howard Scott Gallery

Howard Scott expone desde hace muchos años un trío de artistas latinoamericanos. En esta ocasión, vuelve a presentar a una de ellas, Perla Krauze, con una selección que fue aconteciendo en visitas personales y consecutivas al taller de la autora, hasta que se definió un conjunto de veintidós obras, todas realizadas en el año en curso. Antes de llegar a la sala que constituye la galería, el público encontraba dos pequeñas piedras verticales ubicadas en el muro, junto al título y pintadas con negro. Las mismas, de formato paralelepípedo –con un espesor que oscila alrededor de cinco centímetros–, son de un tono arenisco natural que contrasta con el pigmento negro intenso plasmado sólo en la cara frontal de cada pieza. El óleo negro pintado a mano conformaba tres rectángulos cuasi perfectos en el par de piedras. Tres rectángulos en dos piedras, porque en una, el óleo se había interrumpido con una vertical reservada sin pintar que atravesaba de arriba hacia abajo la obra resuelta en sandstone de Oaxaca (el tipo de roca sedimentaria que se suele usar para recubrimientos arquitectónicos). Los laterales irregulares de ambas piedras asoman como ondulaciones directamente producidas por los cortes del canterero. Este par funcionaba como una señal, como una introducción a lo pictórico abstracto y como la antítesis de lo que sucedía en el interior, donde los bastidores y las telas se organizaban en su ortogonalidad, en una síntesis del acercamiento minimalista y paisajista de Perla Krauze.

Exposición Individual: Perla Krauze — imagen 1
Perla Krauze. Memoria y huellas # 21 y 22, 2013. Óleo sobre piedra arenisca. 21 x 6 x 5 cm. (8 ¼ x 2 ¼ x 1 ¾ pulgadas).

El cuadrado y el rectángulo danzan en las pinturas blancas, agrisadas, ambarinas, y en un par de obras negras. Los formatos externos son casi cuadrados. Los habitan divisiones en frisos rectangulares que a su vez están subdivididos a manera de teclado. En algunas pinturas, son más de una las interrupciones horizontales realizadas por la artista, en ocasiones hasta utilizando el orillo del lino para generar otra guarda geométrica de suave gradación tonal y textural. Los laterales son reveladores. En ellos se alternan las composiciones frontales con algunas zonas donde ciertas partes se detienen y otras continúan. Por ende, acontece un carácter sincopado en las relaciones entre la madera y el lino. En los módulos del cuadrado y del rectángulo, dos pinturas de 1,80 metros de alto por 30 centímetros de ancho –tituladas, respectivamente, Memoria y Huellas– presentan al espectador con los formatos elongados que la artista cultiva en estructuras libres y en pintura. Hay un conjunto de tres obras pequeñas –desde 15 por 15 hasta 20 por 20 centímetros– que se sostienen independientes y poderosas dentro del mismo lenguaje que aquí se analiza. No es la monumentalidad lo que define la exposición ni la producción de la autora. Son la intimidad y el proceso en el tiempo de elaboración los que crean la atmósfera en las obras.

La madera aparece en ciertos contornos, en alguna esquina, entre dos frisos pictóricos de una misma obra, o en otras secciones. Las obras no están enmarcadas pero todas las telas están restiradas. Perla Krauze –quien ha tenido una importante etapa temprana como artista textil– resignifica el sentido del bastidor, lo reposiciona y le otorga un nivel expresivo. De esta manera, se puede entender que la autora relaciona la obra con la piel y con una estructura íntima que a veces asoma. Grapas y pequeños clavos unen las diversas secciones. Las obras están habitadas por muchas capas de pintura, muchas otras de lijados, limpiadas con trapo y pintadas sucesivas.

Una mirada abarcadora percibía en la galería una secuencia de tonos neutros con modulaciones sutiles y la cadencia de formatos medianos.

La percepción general era de sutiles matices en un contexto general de serenidad de una exposición básicamente resuelta en óleo, lino, carbón y grafito. Es importante reflexionar que en una exposición de pintura coetánea, en la cual prevalecen el despojamiento, el énfasis en el proceso y la huella, es poco frecuente que el material esencial y autoral sea el óleo. En el sólido desarrollo profesional de la artista que nos ocupa, experimentar, componer, intervenir, acumular e interpolar son factores claves. Usa todo tipo de materiales, incluso resina, hierro, plomo, plástico y cerámica, por sólo nombrar algunos. Pero en la veta profunda donde lo pictórico tiene su sede, ahí, utiliza óleo. Aunque visualmente las telas aluden a tener cuerpo y tratamiento de loneta, son lino; de ahí proviene esa elegante y genuina rusticidad intelectual que caracteriza las pinturas de Perla Krauze.

GRACIELA KARTOFEL

Perla Krauze, por Graciela Kartofel | artnexus