Howard
Scott expone desde hace muchos años un trío de artistas latinoamericanos. En
esta ocasión, vuelve a presentar a una de ellas, Perla Krauze, con una
selección que fue aconteciendo en visitas personales y consecutivas al taller
de la autora, hasta que se definió un conjunto de veintidós obras, todas
realizadas en el año en curso. Antes de llegar a la sala que constituye la
galería, el público encontraba dos pequeñas piedras verticales ubicadas en el
muro, junto al título y pintadas con negro. Las mismas, de formato
paralelepípedo –con un espesor que oscila alrededor de cinco centímetros–, son
de un tono arenisco natural que contrasta con el pigmento negro intenso
plasmado sólo en la cara frontal de cada pieza. El óleo negro pintado a mano
conformaba tres rectángulos cuasi perfectos en el par de piedras. Tres
rectángulos en dos piedras, porque en una, el óleo se había interrumpido con
una vertical reservada sin pintar que atravesaba de arriba hacia abajo la obra
resuelta en sandstone de Oaxaca (el tipo
de roca sedimentaria que se suele usar para recubrimientos arquitectónicos).
Los laterales irregulares de ambas piedras asoman como ondulaciones
directamente producidas por los cortes del canterero. Este par funcionaba como
una señal, como una introducción a lo pictórico abstracto y como la antítesis
de lo que sucedía en el interior, donde los bastidores y las telas se
organizaban en su ortogonalidad, en una síntesis del acercamiento minimalista y
paisajista de Perla Krauze.

El cuadrado y el rectángulo danzan en las pinturas blancas, agrisadas, ambarinas, y en un par de obras negras. Los formatos externos son casi cuadrados. Los habitan divisiones en frisos rectangulares que a su vez están subdivididos a manera de teclado. En algunas pinturas, son más de una las interrupciones horizontales realizadas por la artista, en ocasiones hasta utilizando el orillo del lino para generar otra guarda geométrica de suave gradación tonal y textural. Los laterales son reveladores. En ellos se alternan las composiciones frontales con algunas zonas donde ciertas partes se detienen y otras continúan. Por ende, acontece un carácter sincopado en las relaciones entre la madera y el lino. En los módulos del cuadrado y del rectángulo, dos pinturas de 1,80 metros de alto por 30 centímetros de ancho –tituladas, respectivamente, Memoria y Huellas– presentan al espectador con los formatos elongados que la artista cultiva en estructuras libres y en pintura. Hay un conjunto de tres obras pequeñas –desde 15 por 15 hasta 20 por 20 centímetros– que se sostienen independientes y poderosas dentro del mismo lenguaje que aquí se analiza. No es la monumentalidad lo que define la exposición ni la producción de la autora. Son la intimidad y el proceso en el tiempo de elaboración los que crean la atmósfera en las obras.
La madera aparece en ciertos contornos, en alguna esquina, entre dos frisos pictóricos de una misma obra, o en otras secciones. Las obras no están enmarcadas pero todas las telas están restiradas. Perla Krauze –quien ha tenido una importante etapa temprana como artista textil– resignifica el sentido del bastidor, lo reposiciona y le otorga un nivel expresivo. De esta manera, se puede entender que la autora relaciona la obra con la piel y con una estructura íntima que a veces asoma. Grapas y pequeños clavos unen las diversas secciones. Las obras están habitadas por muchas capas de pintura, muchas otras de lijados, limpiadas con trapo y pintadas sucesivas.
Una mirada abarcadora percibía en la galería una secuencia de tonos neutros con modulaciones sutiles y la cadencia de formatos medianos.
La percepción general era de sutiles matices en un contexto general de serenidad de una exposición básicamente resuelta en óleo, lino, carbón y grafito. Es importante reflexionar que en una exposición de pintura coetánea, en la cual prevalecen el despojamiento, el énfasis en el proceso y la huella, es poco frecuente que el material esencial y autoral sea el óleo. En el sólido desarrollo profesional de la artista que nos ocupa, experimentar, componer, intervenir, acumular e interpolar son factores claves. Usa todo tipo de materiales, incluso resina, hierro, plomo, plástico y cerámica, por sólo nombrar algunos. Pero en la veta profunda donde lo pictórico tiene su sede, ahí, utiliza óleo. Aunque visualmente las telas aluden a tener cuerpo y tratamiento de loneta, son lino; de ahí proviene esa elegante y genuina rusticidad intelectual que caracteriza las pinturas de Perla Krauze.
GRACIELA KARTOFEL
