Desde los inicios de su carrera, hacia finales de los años setenta, Pancho Quilici se interesó en plasmar recintos interiores basados en la superposición y yuxtaposición de plantas, columnas, vigas y alzados, entre otros elementos que le permiten elaborar misteriosos y laberínticos encuadres. En un comienzo esboza figuras humanas que luego desaparecen, a medida que avanza en una propuesta de carácter paisajístico que incluye lo arquitectónico, lo geométrico y lo natural. De este modo, construye un entramado de formas que paulatinamente se abren hacia el espacio exterior hasta configurar panoramas más amplios y generosos de connotaciones siderales o planetarias. En el devenir de los años ochenta y noventa conjuga diversas planimetrías, en un intento por contraponer visiones de diferentes escalas: lo lejano y lo cercano, lo particular y lo universal, el fragmento y su contexto, a través de pinturas modulares que describen horizontes desmesurados, estructurados mediante insólitas asociaciones. En estas realizaciones incorpora diseños topográficos, trazados y cartografías que parecen vestigios de civilizaciones arcaicas, espectros de culturas ancestrales o, quizás, reflejos de mundos futuros atrapados en las coordenadas de un tiempo infinito, delimitados por torbellinos de rectas y curvas que estructuran el plano otorgándole fluidez y plasticidad. En las creaciones que siguen en el transcurso de esos años proyecta perspectivas cada vez más audaces, con desplazamientos inusitados que incrementan la complejidad compositiva; aunado a ello, se distingue el dibujo de construcciones heroicas imbuidas de atmósferas galácticas que contrastan grandemente con el despliegue de montañas, mares, ríos y nubes, cuya organicidad es confrontada con la racionalidad del orden geométrico. Aunque el género humano ya no se encuentra identificado mediante un cuerpo físico, no obstante, se haya presente a través de la concepción cosmogónica que elabora sobre el mundo; así lo explica el artista: “Me interesa la interioridad; tratar de buscar una especie de psicogonía –término inventado por él–, cómo representar eso que es la psiquis…”.

Entrada la década de 2000 hace uso de nuevos recursos en cuanto a la aplicación de la tecnología digital, los soportes de nailon, la transparencia del velo y el grabado en acrílico, medios éstos que le proporcionan sutiles y refinados acabados visuales. El intento por dominar el espacio, de un modo casi obsesivo, ha sido el objetivo que guía su trabajo plástico; su pasión por la arquitectura lo lleva a indagar sobre las posibilidades reales o imaginarias que ofrece esta disciplina: “Mi impulso –dice en sus declaraciones– es construir como un arquitecto en un terreno; medir, aplicar la razón sobre el caos. El centro del círculo es uno, pero pienso que el primer círculo después del uno, es la arquitectura. Es lo que nos protege, nos envuelve, y a partir de él, vemos la naturaleza…”.
Producto de estas reflexiones es el legado que exhibió en la Galería D’Museo, en el Centro de Arte Los Galpones, entre el 3 de marzo y el 28 de abril del año en curso. Con el título Mundo Uno este autor mostró parte de sus recientes investigaciones ejecutadas en los últimos meses, conformadas por cuatro pinturas, un grupo de seis dibujos y una pieza tridimensional, una selección que resume los alcances que ha obtenido a lo largo de su prolífera trayectoria. Maqueta para proyecto es una escultura-instalación, hecha en madera, nailon y acetato articulados entre sí hasta constituir una esfera de gran formato, un volumen aéreo, ingrávido, pero al mismo tiempo dinámico y expansivo. En estas obras la recurrencia de la circularidad es otra de las constantes que se mantiene en su discurso, tal como podemos apreciar en la mencionada Maqueta y en Entorno y Ex-Ducción, dos obras bidimensionales en las que recrea espirales, conos, elipses, parábolas, hipérbolas, circunferencias, etc., conceptos que ha explorado apoyado en las nociones de la física y astrofísica, pero también en las resonancias simbólicas que sugieren estas imágenes. Como forma geométrica, el círculo posee una dinámica centrífuga y centrípeta, es centro y periferia, comunica el adentro y el afuera; es dominante, ya que abarca –real y virtualmente– un segmento del espacio y el entorno que lo rodea, debido a su aspecto multidireccional; de ahí que esté asociado a la búsqueda de la unicidad con el todo. Según Quilici, “Son las elucubraciones de nuestros mundos interiores alrededor del ser, del yo, del uno con respecto al otro. Por ejemplo, la maqueta la asocio con una suerte de pseudomandalas cósmicos… La idea es poner a soñar a los demás, crear libres interpretaciones con formas universales que tienen un alto valor arquetipal y que pueden llevarnos un poco más lejos. Me fascina pelearme con la materia, percibir sus límites. Soy un soñador, me gusta inventar cosas, imaginar. Es parte de un juego, es un poco lo propio de todos los artistas…”.
GLADYS YUNES YUNES
