Minimalismo Made in Chile

Nury González. Historia de cenizas, 1998. Instalación de 117 fardos de heno y cuatro marcos que en su interior contienen las cenizas de la casa que la artista tenía en Las Cruces.

Colectivasept 2013 - nov 2013· Por Juan José Santos

Minimalismo Made in Chile

Matucana 100

Una exposición colectiva de artistas chilenos, de obras realizadas desde los años noventa en torno al concepto “Minimal”. Son Pablo Rivera, Josefina Guilisasti, Bernardo Oyarzún, Cristián Silva-Avaria, Claudia Missana, Rodrigo Vargas, Cristián Salineros, Isidora Correa, Patricio Vogel, Livia Marín, Nury González, Carolina Illanes, Christian Quijada, Rodrigo Galecio, Ricardo Pizarro e Iván Navarro. Lo primero que habría que aceptar es el acierto del título. Se podía haber denominado “Minimalismo hecho en Chile”, pero en lugar de ello, se ha optado por un intencional Made in Chile. La pretensión es provocar un debate sugerente y necesario. Porque de lo que estamos hablando es de un estilo artístico exportado por Estados Unidos e importado por la escena local. Un primer debate se suscita; el de la obsesión chilena por adaptar y adoptar propuestas foráneas con la intención de elevar un estatus cultural y socioeconómico, o siendo más perversos, en vista de poder ser comercialmente aceptados por una nación hegemónica.

Colectiva: Minimalismo Made in Chile — imagen 1
Iván Navarro. Linterna: No soy de aquí ni soy de allá, de la muestra Pachamama, 2006. Metal, tubos fluorescentes y carretilla. 200 x 90 x 80. (78 ¾ x 35 2/5 x 31 2/5 pulgadas). Video, 6 min.

El concepto planteado desde Matucana 100 por el curador Gonzalo Pedraza plantea una aporía en su definición digna de Zenón de Elea. De forma consciente. A pocos, a muy pocos de los artistas que forman parte de este Minimalismo made in Chile se les puede considerar minimalistas. Una paradoja interesante si se tiene en cuenta el hecho de que, de haberlo planteado, sí se podría haber agrupado a artistas chilenos más fieles a dicha corriente, como Claudio Girola, o a creativos provenientes de otras disciplinas, como los integrantes de la Escuela de Arquitectura de Valparaíso. Aunque, bajo mi opinión, el resultado habría sido mucho más inapetente.

Colectiva: Minimalismo Made in Chile — imagen 2
Pablo Rivera. Minimal 4 (patchwork), 2002. Estructura de madera, pintura acrílica.Obra restaurada de la muestra Iconografías metropolitanas, selección de Chile en la 25ª Bienal de São Paulo.*

El Minimalismo, en origen, nació en los felices años sesenta, por parte de un grupo de artistas que en su absoluta mayoría eran hombres y blancos (Donald Judd, Sol LeWitt, Carl Andre, Dan Flavin y Robert Morris...). Fruto de una bonanza económica y de influencias estéticas como la Bauhaus y el Constructivismo ruso, desarrollaron la primera corriente artística puramente estadounidense, que queda muy bien resumida en la máxima de uno de sus representantes, Frank Stella: “lo que ves es lo que ves”. Quizás el mayor legado del minimalismo sea la integración del espacio como parte de la obra. El lugar expositivo es tan importante como la pieza mostrada. El espectador –y su deambular– comienza a ser tenido en cuenta por el artista como un sujeto activo. Otra de las características del estilo minimalista es la eliminación de la narración (todo queda reducido a una contemplación, y la obra, a la esencia) y de una huella autoral. “Lo que ves es lo que ves”.

Colectiva: Minimalismo Made in Chile — imagen 3
Bernardo Oyarzún. Trabajo forzado, 2013. Montículo de 15.00 kilos de clavos ocupando un volumen de 250 x 250 cm. (98 2/5 x 98 2/5 pulgadas). Estructura de madera de 300 x 300 x 300 x 300 cm. (118 x 118 x 118 x 118 pulgadas). Video proyección.

La pregunta aquí es si las obras de los chilenos se ajustan a estos parámetros. Si “son únicamente lo que vemos”, o si hay “algo más”. Partamos del contexto. En Chile se inyectó vía intravenosa una sobredosis de neoliberalismo a través del trabajo de los Chicago Boys en la época del dictador Pinochet. En una variante de la Técnica Ludovico, se introdujo un sistema económico privatizador, cuyas consecuencias se sufren hoy en varios campos, como en el educacional o en el de la condescendientemente denominada “Cultura del Mall”. Visiblemente, los resultados se pueden apreciar en el llamado “Sanhattan”, la zona financiera que pretende imponer un skyline a semejanza del centro comercial de Nueva York, en un acto de skewmorfismo. Bajo esta óptica, quizás sí sea Chile el país perfecto para simular un Minimalismo fuera de Estados Unidos. ¿Pero lo que nos encontramos en esta muestra es una imitación tan fidedigna como la que se puede vislumbrar en el campo económico y arquitectónico? Desglosemos las premisas anteriormente citadas. Acerca de si se consigue la participación del espacio en el proyecto expuesto, el caminar del público, hay que admitir que no del todo. Muchos de los artistas que exponen en Matucana 100 no consideran al espectador como ese sujeto activo y móvil. Además, las obras han sido dispuestas en compartimentos individuales que no permiten rodearlas con suficiente distancia. Se ha enjaulado a los artistas. En el segundo punto, sobre la erradicación del argumento y de la firma del artista, vemos que tampoco existe una conexión evolutiva. Hay casos en los que existe una “historia”, y otros, más obvios, en los que el propio artista aparece como parte de la obra, como es el ejemplo de Bernardo Oyarzún. El autor aparece en un video construyendo una estructura de madera con clavos y un martillo, y posteriormente sacando los clavos del entramado. Frente a la pantalla encontramos la gran estructura y una montaña de clavos. Además de la aparición de la mano ejecutora, el artista, hay un relato. En el último supuesto, el establecido por Stella con su frase lapidaria, comprobamos cómo en la mayoría de las obras que vemos hay algo más. En la instalación de Pablo Rivera, un esqueleto de un pequeño edificio ornamentado con vivos colores, existe una relación con el problema de la vivienda. En la de Iván Navarro –un carro de la compra de neón y un video en el que aparece una persona paseando con el carro por un paisaje residual poblado de basura, mientras suena una canción (“No soy de aquí, no soy de allí, no tengo edad, no tengo futuro”)– vemos una relectura del imaginario de Dan Flavin desde un punto de vista social. Con el citado Oyarzún, las referencias al trabajo, al capitalismo y a la esclavitud moderna son obvias.

Colectiva: Minimalismo Made in Chile — imagen 4
Claudia Missana. En el cielo I, 2013. Instalación de cuadrícula sobre nieve.

Sin necesidad de adentrarnos en los posibles significantes que se extraen de muchas de las obras expuestas, vemos una desconexión con el minimalismo de forma estricta, si nos atenemos a la tendencia artística. Hay obras que se acercan más al Land Art (Claudia Missana y sus retículas en negro sobre un paisaje nevado) o al Conceptualismo de tono biográfico (Nury González, con su obra de cien fardos de huaipe y dibujos murales hechos de cenizas), que a dicha disciplina. Comentaba al inicio que esta paradoja curatorial era consciente. La intención es establecer varios caminos desde los que acercarse a la muestra; se admite el Posminimalismo y se admite incluso una crítica a la fuente de procedencia. Lo que analizamos es un Minimalismo contaminado, una suerte de sincretismo a la chilena. Minimalismo made in Chile abre la posibilidad de discutir acerca de un arte latinoamericano, o de por qué las traducciones de lo “extranjero” pueden dar como resultado estimulantes obras de arte. En ese sentido, la exposición es una propuesta sugerente.

* Todas las imágenes que ilustran este texto son cortesía de Matucana 100.

JUAN JOSÉ SANTOS

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