Nadie sale defraudado de esta exposición. Por más que Los Carpinteros llevan años despertando inquietudes y presentándose en muchas exposiciones alrededor del mundo, mantienen la vitalidad de sus lenguajes, sostienen los principios con que se iniciaron, introducen otras facetas y expanden lo lúdico, irónico y crítico. Se percibe que atienden a la doble vertiente de continuar siendo cubanos en la estructura de su percepción, a la par que ampliaron sus juicios al influjo de la globalización (no son presa de ella pero no la ignoran). Se debe mencionar que si la presente exposición es intensa e importante, el entorno donde se presenta lo es también: la nueva locación de la galería Sean Kelly establece un diálogo de monumentalidad a monumentalidad con Los Carpinteros y ofrece espacios diferenciados para cada capítulo de Irreversible.

En la actualidad, Los Carpinteros es un colectivo constituido por Marco Antonio Castillo (Cuba, 1971) y Dagoberto Rodríguez (Cuba, 1969). Alexandre Arrechea también lo integraba pero en 2003 decidió seguir un camino individual. Actualmente, si bien mantienen un taller en Cuba, Los Carpinteros radican en Madrid. Desde la globalización, y enfrentándose a las limitaciones de materiales que acontecían en su isla, es real que lo nuevo se infiltró. Pero ni se despegan de sus orígenes, ni hacen obra sólo con base en lo que descubren en cada lugar. Continúan siendo insulares, centroamericanos, caribeños y cubanos. Recordemos que poco antes que ellos surgieron los sólidos y estruendosos lenguajes de otros artistas cubanos que abandonaron la Isla, por más que la pasearon estéticamente por la escena plástica internacional. Curiosamente, el bote, la isla, la palmera, el agua, y todos aquellos elementos autobiográficos, dieron pie a una estética de dimensiones centroamericanas y gigantescas. Los Carpinteros salieron al ruedo muy jovencitos porque los artistas cubanos establecidos para presentarse en la Bienal de La Habana de 1994 se habían exiliado. Y desde entonces, ellos no juegan con los mismos componentes, y si los integran, los intercalan espaciosamente y sin obviedad. Han comprendido que no es sana la repetición de tales códigos.
Estudiaron en el Instituto Superior de Arte de La Habana; comenzaron trabajando la madera con herramientas de carpintero. Hacían objetos y tipos de muebles estableciendo un acercamiento a las realidades de la sociedad cotidiana. No querían ser estrellas ni artistas censurados sino fabricantes de objetos, por ejemplo, como los fabricantes de cigarros. Sus obras conforman un triángulo dinámico: en cada vértice predomina una disciplina que fluye hacia otras dos: arquitectura, diseño y escultura. Conciben esculturas utópico-utilitarias y realizan gouaches, acuarelas y dibujos sobre papel. Al trabajar, cuando el plan es hablar entre ellos de una obra, parten de un dibujo para entenderse –dibujo que dicen hacer conjuntamente–. Son como cartas que se escriben, a partir de las cuales discuten. Algunos dibujos se convierten en esculturas, otros quedan en ser obra sobre papel y algunos abocetan las ideas de instalaciones. Nada es tal cual los dibujos, sino que éstos tienen su propia espacialidad y significado. Irreversible revela jinete y caballo inseparables que intercambian los roles y aúnan sus ritmos que se expresan en el tiempo. Un hilo surrealista entrelaza las obras en una acción acelerada de los sueños de estos quijotes que se entregan a sus propios Molinos de Viento –que ellos construyen– en la vertiginosa realidad en que se vive.
El arte tiene que modificar la percepción del espectador. Esta exposición brinda confirmaciones, evidencias, y constituye un espejo de frustraciones de programas políticos. En Irreversible, Dago y Marco integran monumentos invertidos de la otrora Unión Soviética: Robótica, Podgaric Toy y VDNKh Toy. Cachita y Emelino son la reflexión cubana (con LED, en vez de tubos de neón). Y de España, la instalación Tomates, que tercia en este periplo geopolítico. Las acuarelas sobre papel Sombrillas azules, Puente para reflejar, el tríptico Knin Lego –que junto con el video Conga irreversible son las dos únicas obras de 2012, mientras que las otras son de 2013–, son piezas severas y lúdicas. Conga irreversible se presentó en la última Bienal de La Habanna. Con su populosa articulación en reversa: desde la música hasta los bailes, todo sucede de adelante hacia atrás. Si el Carnaval tiene de por sí un ritmo contagioso y vertiginoso, este video es un nuevo sistema de ejercicio físico e intelectual, siendo este último una “bailada” crítica memorable para leer entre líneas. ¿La consigna cubana de una izquierda que prometía un futuro se revela frustrada e instigando al enmudecimiento? Lo hierático de los monumentos soviéticos que presentan ahora atiende asimismo a una utopía semejante que ya no se sostiene. La esterilidad que surge de la impecable perfección de cada obra sorprende y hasta enmudece al espectador en una metáfora política.
GRACIELA KARTOFEL
