A lo largo de su carrera, el artista argentino Jorge Macchi (1963) ha desarrollado una prolífera obra visual que reflexiona sobre el tiempo extendido en el espacio y su relación con el azar. Esta obsesión de Macchi por un tiempo diferente al real fue exhibida en galería Alexander and Bonin entre el 4 de mayo y el 15 de junio. Titulada Loop, la muestra consta de diez obras que oscilan entre proyecciones, objetos y acuarelas. Mediante una sensibilidad relacionada tanto con el arte conceptual como con el expresionismo pictórico de Kuitka, Macchi detiene los segundos para indicar que en la experiencia humana la infinita repetición del tiempo puede verse interrumpida por el azar. En Loop, el misterio está por suceder, tal como en los cuentos de Cortázar, donde lo supuestamente normal se transforma por la observación en algo extraño.

Luego de un gran número de exposiciones tanto en Latinoamérica como en Europa, en su primera exposición individual en Nueva York, Macchi ha dividido la galería en tres partes: la galería como tal, su parte posterior, y el segundo piso. Al entrar en la primera parte vemos un vidrio con una cinta adhesiva en forma de cruz. Leemos fear, grief, rage. El rojo de la tipografía nos recuerda las palabras “frágil” o “peligro”, que simbólicamente asociamos con la posibilidad de que algo inusual pueda suceder. Así, el artista nos advierte sobre la fragilidad de las cosas y, con eso, sobre el azar en “Loop”. Realizadas mediante un trazo espontáneo propio del artista, dos acuarelas de una misma botella se encuentran al lado izquierdo del vidrio. En una, la botella está llena; en la otra, está doblada y casi vacía. Macchi nos señala dos estados temporales que aluden a los innumerables cambios que podría haber tenido un mismo objeto. Y así seguimos observando. Una gran viga de hierro doble T está apoyada en dos bancos de plástico. Al llamarse Péndulo, pensamos en las infinitas posiciones momentáneas repetitivas de su arco y, además, en el método más popular para medir la música y el tiempo. Con una lógica similar, First Second capta un momento en un material: a través de un prisma de concreto, la obra representa el primer segundo de un minuto, o el grado 6 del reloj. Contrapuesto a estos objetos detenidos escuchamos un sonido en el sudoeste de la sala. Se trata de un ventilador de techo de metal blanco que se encuentra tan cerca de la esquina que sus hélices chocan con las paredes produciendo un sonido repetitivo. Vemos, entonces, marcas en la arquitectura, en el espacio, en el tiempo. Esta repetición aparece nuevamente en un dibujo donde la sigla AM se va completando espacial y métricamente en el plano, y luego una acuarela problematiza aquella regularidad mediante una rosa de los vientos titulada No News. Las noticias, otro tema que Macchi ha insistido en su carrera, no son, como la medida del tiempo, objetos predecibles.
Entramos en la segunda parte de Loop. Allí, la imagen de un reloj. Al estar proyectado en un rincón, su horario y segundero coinciden con los límites de las paredes y el suelo, mientras que su minutero lo hace con la congruencia de ambos muros. Huellas, nuevamente, de y en la arquitectura. Una acuarela que representa una cinta adhesiva donde se lee “Frágil” se encuentra junto a la proyección, y así, a partir de un diálogo entre lo estático y lo débil, el dibujo y la proyección, pensamos, una vez más, en el misterio que gravita en el tiempo.
Finalmente, subimos al segundo piso. Un video de dos canales que Macchi tomó de la película From Here to Eternity repite dos escenas del clásico hollywoodense. Cada loop muestra los segundos en que el título y la frase “The end” permanecen en el contexto original de la película. En el inicio vemos los soldados. En el final vemos el mar. Al ser de diferente duración, los loops se superponen de manera desigual, produciendo una mezcla sonora caótica, como la práctica de un concierto olvidado. En esta obra –su más reciente colaboración con el músico Edgardo Rudnitzky– Macchi crea en tiempo real un tercer canal de sonido. Se trata de un tercer momento que emerge de los opuestos; de una dimensión nueva de lo real que nos recuerda al personaje del tiempo en la tradición cuentista argentina del siglo XX. Es en ese tercer momento donde estaría la poética de Macchi, y entonces Loop, sin lugar a dudas, debía ser el título de la exposición.
A través de los ejes sonido y silencio, y azar y destino, Macchi nos invita a un acto contemplativo donde se presta atención al tiempo, y no a lo que sucede en él, ofreciendo al espectador una experiencia donde el tiempo detenido coexiste con la arquitectura y el azar.
FLORENCIA SAN MARTIN
