Fotográfica Bogotá 2013

Franco Fontana. Los Ángeles, E.U.A., de la serie Paisaje urbano, 1991. Fotografía análoga, película EktaChrome. 70 x 100 cm. (27 ½ x 39 ¼ pulgadas).

Bienalsept 2013 - nov 2013· Por Daniel Martínez Molkes

Fotográfica Bogotá 2013

PHOTOMUSEO

Desde Fotográfica Bogotá 2013 presento un planteamiento dinámico hasta a los ejes temáticos que articulan las exposiciones de la Bienal.

Como es ya costumbre, cada dos años Bogotá se transforma en una de las capitales mundiales de la fotografía gracias a la Bienal Fotográfica Bogotá, evento promovido por el Fotomuseo –Museo Nacional de la Fotografía– y dirigido por Gilma Suárez. Con el ánimo de difundir la cultura y los valores de la fotografía, la bienal se estructura a partir de una serie de componentes que posibilitan el acceso y el análisis de la imagen fotográfica por medio de múltiples perspectivas. El componente principal se consolida en las exposiciones temporales, convocando a grandes maestros nacionales e internacionales. Acorde con los principios y propósitos del Fotomuseo, las imágenes salen de los espacios expositivos tradicionales para ser apreciadas por los transeúntes a través de eucoles, vallas y exposiciones itinerantes en plazas y calles de la ciudad. Paralelamente, se lleva a cabo un ciclo teórico que reúne a destacados pensadores que se dan cita para reflexionar sobre la producción y el quehacer fotográfico. A lo anterior se suman talleres impartidos por los artistas invitados y un ciclo de cine donde se proyectan películas galardonadas que evidencian un claro interés en la fotografía como elemento narrativo.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 1
Michael Wolf. De la serie Arquitectura de la densidad, 2005-2008. Fotografía digital. 122 x 152,5 cm. (48 x 60 pulgadas).

La primera bienal se realizó en 2005, y desde ese entonces son cinco las ediciones llevadas a cabo por el Fotomuseo, consolidando el evento como uno de los encuentros fotográficos más prestigiosos y reconocidos de Latinoamérica. Cada una de las bienales ha girado en torno a un eje temático y ha destacado a un país como invitado de honor. La última edición de Fotográfica Bogotá tuvo lugar entre el 4 de mayo al 15 de junio de 2013, distinguiendo como invitados de honor a los países de la región nórdica de Europa –Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia–, a los que se sumaron obras provenientes de los cinco continentes. El tema escogido sobre el cual convergieron las propuestas fue el Panorama del Paisaje, contando con la participación de 16 artistas nacionales y 49 artistas internacionales. Las exposiciones se realizaron en espacios insignes de la cultura capitalina; algunos de ellos fueron el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, NC Arte, Alonso Garcés Galería, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, el Museo de Bogotá, el Claustro de San Agustín, La Galería y el MAMBO.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 2
Sergio Trujillo. Registros del paisaje colombiano, de la serie Paisaje colombiano, 1990-2012. Fotografía digital. 50 x 70 cm. (19 3/5 x 27 ½ pulgadas).

Bajo la misma temática se llevó a cabo el ciclo teórico del 6 al 10 de mayo, en el auditorio Jorge Enrique Molina de la Universidad Central, contando con la participación de teóricos como Alasdair Foster, de Australia, fundador de Fotofeis y director del Australian Centre for Photography; Alejandro Burgos, de Colombia, subdirector de Divulgación del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural; Gerardo Mosquera, de Cuba, curador independiente, crítico de arte y director artístico de PhotoEspaña; Jorge Antonio Villacorta, de Perú, curador e historiador de la fotografía; Marta Gili, de España, directora del Museo Jeu de Paume de París; Michiko Kasahara, curadora del Museo Metropolitano de Fotografía de Tokio, y Nissan Pérez, de Israel, curador principal del Departamento de Fotografía Noel and Harriette Levine del Museo de Israel, entre otros.

A partir de un conjunto de exposiciones que desglosaron el paisaje en múltiples miradas, la bienal abordó el término respetando sus diversas acepciones. Así, el reto curatorial consistió en no reducir el paisaje a un solo significado, sino todo lo contrario: sostener una postura que lograra transmitir al espectador la variedad y profundidad que el término propone. Fotográfica Bogotá 2013 presentó un planteamiento dinámico que encontró en el paisaje tanto un espacio natural como la manifestación de un proceso para la formación social, hasta incluso arribar a propuestas que colindaron con lo onírico y lo intangible. Las obras fueron agrupadas de acuerdo con la postura de cada autor en torno al paisaje, dando paso a los ejes temáticos que articularon las exposiciones de la bienal. A continuación se hará mención a los ejes, destacando la participación de algunas de las obras.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 3
Cecilia Paredes. Nocturno, 2009. Fotografía digital. 100 x 100 cm. (39 ¼ x 39 1/3 pulgadas).

 Paisajes naturales

El primer eje abordó uno de los temas más recurrentes en la historia de la fotografía: la búsqueda del paisaje natural. Desde su aparición, la cámara ha sido empleada como un dispositivo para acceder y representar la naturaleza; propuestas como la del artista colombiano Sergio Trujillo se nutrieron del legado paisajístico de la fotografía, afirmando su valor como una fuente inagotable y en constante vigencia. Las fotografías de Trujillo denotaron la evanescencia del paisaje, gracias a una observación aguda e intimista, donde las formas orgánicas se transformaron en los elementos morfológicos que componían las imágenes. El entendimiento del color, las formas y las texturas revelaron la herencia pictórica de las fotografías recordando la estética romántica por medio de paisajes agrestes que apuntaron a exaltar los sentimientos del espectador.

Los proyectos reunidos en este grupo no sólo manifestaron un creciente entusiasmo por la apreciación de la naturaleza, sino que dejaron al descubierto otra intención, donde la naturaleza fue apropiada e interiorizada. Lo anterior se logró percibir en la obra Apuntes de viaje del fotógrafo colombiano Fernando Cano, al emplear la fotografía como medio para documentar el paisaje recorrido. Más allá del registro in situ, las imágenes de Cano fueron revisitadas por medio de anotaciones que condujeron a los recuerdos archivados en la memoria del artista. De esta manera, el viaje que emprendió la obra no sólo se dirigió al mundo exterior, sino que trazó un camino al interior del individuo en búsqueda del autoconocimiento y la reflexión.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 4
Chris Jordan. Carros aplastados # 2, de la serie Belleza intolerable, 2004. Fotografía digital. 111 x 158 cm. (43 3/5 x 62 1/5 pulgadas).

 Paisajes artificiales

El estado primigenio de la naturaleza se altera por la acción del hombre, quien a partir de su intromisión logra tornar un paisaje natural en uno artificial. El segundo eje temático indagó los procesos de transformación de la naturaleza por medio de dos estrategias de intervención; indirecta y directa. La primera estrategia examinó el rol del lenguaje y la mirada como mecanismos para describir y recomponer al paisaje. La incidencia del lenguaje en la percepción de la naturaleza fue revisada en la obra 144 paisajes, por el artista venezolano Antonio Briceño, quien tras un viaje a la región de Laponia advirtió cómo la lengua samí enriquece la aparente monotonía del paisaje lapón al emplear 144 palabras para describirlo. Briceño realizó una serie de fotografías donde reprodujo un mismo paisaje varias veces modificando sus matices levemente. La acción persiguió desafiar y agudizar los sentidos del espectador invitándolo a percatarse de las diferencias. Por su parte, la mirada como instrumento compositivo fue tratada por el artista italiano Franco Fontana, quien por medio del encuadre fotográfico sintetizó y acotó el paisaje urbano en estructuras de color. La búsqueda formal de Fontana alejó a la cámara de su tradicional función de registro al ponderar las formas y el color sobre la mimesis de la realidad. El resultado se acercó a la abstracción y recordó el papel decisivo que tuvo el paisaje durante el arte moderno en la consecución de la autonomía de la imagen.

La intervención directa aludió al cambio físico de la naturaleza por la actividad del hombre; obras como Ocupación de la artista colombiana Ana Adarve mostraron una clara inquietud sobre las consecuencias del desarrollo urbano sobre el espacio natural. Las fotografías de la serie se concentran en la ciudad mexicana de Monterrey, que debido a su crecimiento económico, se ha desplazado al territorio de las montañas que la rodean. Adarve documentó la labor planificada y agresiva del hombre sobre el paisaje natural de Monterrey puntualizando los procesos de industrialización. Sumado a lo anterior, la serie visualizó la futura condición de la montaña al vaticinar los resultados de la invasión y la transformación física de su espacio.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 5
Sohei Nishino. Estambul de la serie Mapas en diorama, 2011. Collage elaborado con fotografías anáogas. Impresión digital. 151,5 x 150 cm. (60 x 59 pulgadas).

 Paisajes urbanos

Los paisajes urbanos emergen fruto del crecimiento industrial y económico de la sociedad. La urbe impone una reorganización del espacio geográfico y proyecta las condiciones de vida de sus habitantes. Los diversos escenarios que se generan en la ciudad fueron abordados por este eje temático al contrastar sus momentos de silencio y quietud con el ruido y desenfreno que impone su desarrollo. Bajo el título de House Hunting, el artista norteamericano Todd Hido exploró los paisajes de suburbios anónimos durante las horas de la noche. Las fotografías de la serie, se alimentaron principalmente de la luz que emanaba del interior de las edificaciones, constatando que las moradas estaban siendo habitadas. Sin embargo, la luz era el único indicio de la presencia humana, en un paisaje que evocaba soledad y distancia. El interior iluminado invitó al espectador y lo contuvo, negando su acceso e incitando su curiosidad frente al misterio que rodeaba las edificaciones.

El paisaje urbano también fue escrudiñado por el lente del artista alemán Michael Wolf, quien presentó la claustrofobia en la que se sume la ciudad, producto de la densidad demográfica. La visión rigurosa de Wolf registró el entramado de las edificaciones de Hong Kong por medio de retículas que conformaron patrones geométricos y cromáticos. A primera vista prevaleció una lectura formal que insinuó una composición cuidadosamente estructurada, sin embargo, al acercarse a la imagen el espectador logró penetrar en la frialdad y el hermetismo de las edificaciones, descubriendo pequeños rastros de vida. La búsqueda de la intimidad presente en la obra de Wolf se intensificó en la obra del fotógrafo canadiense Alain Paiement, por medio de una serie de imágenes que recrearon el caos de la vida urbana. El movimiento y la velocidad de la ciudad llevaron a Paiement a indagar nuevos lenguajes de representación que lograran transmitir su dinamismo. Para ello, optó por una visión aérea y fragmentaria que le permitió trazar un esquema que diseccionó y reorganizó los componentes de la ciudad para recrear su frenesí.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 6
Todd Hido. #2133, de la serie En busca de casa, 1996. Fotografía análoga. 50,8 x 96 cm. (20 x 38 pulgadas).

 Paisajes nostálgicos

La sociedad contemporánea se enfrenta a nuevos paisajes que nacen como consecuencia de la sobreproducción propia de las culturas de masas. Los trabajos que se agruparon en este eje examinaron dos instancias en la relación hombre/naturaleza, indagando en primer lugar los paisajes que nacen de los residuos del desarrollo industrial, y en segunda instancia, profundizando sobre las consecuencias de la intromisión y la pérdida de lo natural. Tal es el caso de la obra Intolerable Beauty: Portraits of American Mass Consumption, del artista norteamericano Chris Jordan, que por medio de una serie de fotografías registró los paisajes de los puertos de embarque y las zonas industriales. El encuentro del espectador con las fotografías generó emociones opuestas que oscilaron de la negación a la fascinación. La respuesta que se creó frente a las imágenes evidenció tanto la atracción de la sociedad por la perturbadora belleza que se esconde en los desechos como su intolerancia hacia los paisajes del consumo, debido al perjuicio ambiental que representan.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 7
Cui Xiuwen. De la serie Vacío existencial, No. 1, 2009. Fotografía digital. 73 x 250 cm. (28 3/4 x 98 2/5 pulgadas).

 Paisaje y memoria

El paisaje tiene la virtud de recrearse constantemente por medio de los recuerdos que suscita; de esta manera, la percepción del paisaje se ve mediada por la memoria, siendo ésta individual o colectiva. La memoria individual crea un vínculo personal entre el individuo y el paisaje, tal como lo examinó el artista japonés Sohei Nishino en una serie de fotografías que reprodujeron su experiencia por diferentes ciudades del mundo. Nishino captó fragmentos de las ciudades que recorrió, los cuales reorganizó según los dictámenes de sus recuerdos formando una suerte de cartografía personal. Como consecuencia, los mapas de Nishino no son producto de una visión científica sobre el paisaje que ordena sus elementos secuencialmente y bajo una misma escala; por lo contrario, enaltecen la visión y los recuerdos del individuo como una manera singular de aproximarse al paisaje.

Por su parte, la memoria colectiva hace referencia a los recuerdos acumulados por la sociedad, donde la imagen del paisaje precede a su encuentro físico, como lo reflejó la obra Photo Opportunities de la artista suiza Corinne Vionnet. El auge del turismo ha otorgado al paisaje y a los monumentos un valor comercial como souvenirs, estableciendo cánones de representación para facilitar su identificación y distribución. Vionnet se percató de cómo el turista sigue los cánones, tomando sus fotografías desde una misma distancia y empleando un mismo encuadre, con el fin de emular las fotografías existentes del monumento. Como consecuencia, las imágenes creadas carecen de cualquier indicio de individualidad al prevalecer la visión idealizada del monumento sobre la mirada personal del turista. Las fotografías de Vionnet señalan el alcance de la memoria colectiva sobre nuestra percepción demostrando cómo el encuentro con el paisaje se torna en un reencuentro con la imagen mental que se estableció con él.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 8
Soler. Anticipación / Retrovisión, 2013. Instalación fotográfica.

Paisajes e identidad

Entendiendo el paisaje como un contexto social capaz de definir o redefinir el comportamiento de los individuos que habitan en él, es posible identificar la notoria incidencia del paisaje en la conformación de la identidad. Lo anterior se hizo visible en el trabajo Paraíso esquivo de la artista peruana Cecilia Paredes, al reflexionar sobre los procesos de adaptación del hombre a causa de las migraciones y los desplazamientos. En las fotografías, el cuerpo de la artista muda su superficie con el fin de adaptarse al paisaje en donde se encuentra, dejando al descubierto huellas de su presencia. La obra señala la imposición del contexto sobre el individuo y su lucha por resistir la alienación.

El camino interior que conduce a la identidad del ser fue transitado por la artista Cui Xiuwen en Existential Emptiness. Herederas del pensamiento taoísta y budista, las fotografías utilizaron el paisaje como un medio para acceder al interior de la artista china. A primera vista las imágenes exhibían escenarios silenciosos y apacibles, los cuales fueron perturbados por la aparición de una mujer y una muñeca de su mismo tamaño. La mujer aludía al alter ego físico de Xiuwen, mientras que la muñeca lo hacía a su alter ego inmaterial, evocando la relación entre cuerpo y alma. La búsqueda interior reveló no sólo una Xiuwen, sino varias, donde el “yo” de la artista se multiplicó para mostrar la complejidad y las diferentes estancias de la identidad. Lo anterior se materializó por medio de los vínculos que se generaron en cada fotografía entre las dos partes, donde la muñeca pasó a ser una acompañante, un lastre y un escudo para la mujer.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 9
Ciuco Gutiérrez. Interior 2007 de la serie El coleccionista de nubes, 2007. Fotografía digital. 120 x 170 cm. (47 1/5 x 67 pulgadas).

Paisajes imaginarios

El siglo XIX, que vio nacer la fotografía, la enalteció como el mecanismo idóneo para captar el paisaje, logrando la tan anhelada copia de la realidad. Así, la cámara se alejaba de la subjetividad propia de la mano del artista y se acercaba a la objetividad científica. La creencia en la fidelidad de la cámara fue desafiada por artistas y teóricos que revelaron el estrecho lazo entre fotografía y ficción, donde la cámara fotográfica no sólo lograba reproducir la naturaleza sino que era capaz de crear espacios imaginarios. Fotografías como las del artista español Ciuco Gutiérrez se decantaron por esta segunda instancia promoviendo una exploración que permeó los umbrales de lo real para introducirse en los paisajes oníricos.El trabajo de Gutiérrez titulado Coleccionista de nubes,creó un puente entre el límite que divide la tierra del cielo y lo cerrado de lo abierto,estrechando sus diferencias y disipando sus fronteras. A partir de un lenguaje metafórico, la serie buscó crear aperturas en los espacios cerrados incitando a la liberación de la imaginación y a la materialización de los sueños.

 Paisajes del espíritu

Los paisajes efímeros fueron el cometido de las obras en este eje temático, que, más allá de buscar lo tangible y lo terrenal, acudieron a exaltar aquello que pasa desapercibido y esquiva cualquier definición. Obras como Anticipación/Retrovisión del artista Soler entendieron el paisaje fuera de su ubicación espacio-temporal, para entrar en un viaje interminable de carácter cosmológico. La obra contó con la participación de 1.000 asistentes a un performance en el que yacieron en el suelo para ser cubiertos con un polvo blanco; al levantarse, los participantes dejaron tras de sí la silueta de su presencia. La obra anticipó la muerte en los ojos del espectador, otorgándole la posibilidad de confrontar su propia ausencia. La acción invitó al espectador a reflexionar sobre su presencia en un paisaje fugaz, al establecer una relación entre su propio microcosmos y el macrocosmos al que pertenece.

Bienal: Fotográfica Bogotá 2013 — imagen 10
Arno Rafael Minkkinen. El paso de la independencia, Colorado, 2012. Fotografía análoga. 130 x 140 cm. (51 x 55 pulgadas).

 Paisajes del norte

El último eje temático reunió los paisajes de los países invitados a través de una propuesta que atravesó las diferentes facetas del paisaje en la región nórdica desde principios de 1970. Con la participación de veintidós artistas, se presentó una visión amplia del paisaje que se nutrió de posturas que variaron desde la apreciación estética hasta un acercamiento mediado por la sociología y la política. El constante vínculo de los fotógrafos nórdicos con sus paisajes de origen se percibe en la obra del finlandés Arno Rafael Minkkinen, que por más de cuatro décadas ha estudiado y explorado la relación que se establece entre él y su entorno. Las fotografías de Minkkinen exhibieron autorretratos del artista que se entremezclan con la naturaleza de una forma surreal. La desnudez del cuerpo se fundió en el paisaje, no como una imposición, sino como un complemento, estableciendo una misma trama orgánica basada en las formas naturales. De una manera sutil y poética, Minkkinen despojó al hombre de todo accesorio y lo devolvió a la naturaleza como parte integral de la creación.

Para concluir, la quinta versión de Fotográfica Bogotá buscó acceder a todo público por medio de una propuesta clara y articulada con cuidado que lograra simultáneamente ser atractiva al conocedor de la materia y próximo a un espectador curioso. El trabajo en conjunto de las exposiciones, el encuentro teórico y los talleres promovieron diversas lecturas sobre el paisaje transformándolo en su objeto de estudio. El resultado cuestionó al paisaje como un espacio delimitado y pasivo para expandirlo a un terminó en constante construcción y así hacer visible su naturaleza polisémica. La bienal redefinió los límites del paisaje, en la medida que el término era explorado por cada artista, incentivando una lectura fresca y crítica sobre uno de los géneros más prominentes de la fotografía.

DANIEL MARTÍNEZ MOLKES

Maestro en Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano con una maestría en Historia del arte de la Universidad Hebrea de Jerusalén, graduado Magna Cum Laude. Profesor en historia del arte en diversas universidades del país.

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