En una de
las salas del Museo de Arte Moderno, en Ciudad de México, se exhibe desde el 23
de mayo y hasta el 8 de septiembre de este año, una muestra retrospectiva del
fotógrafo mexicano Enrique Bostelmann (1939-2003). La exposición, curada por
Eugenia Macías y Elva Peniche, presenta una revisión del trabajo de Bostelmann
que rescata su constante preocupación por la experimentación dentro del medio
fotográfico. La decisión de iniciar la muestra con la pieza Camino de luz (1976) hace explícita
dicha intención curatorial, pues se trata de una impresión serigráfica hecha a
partir de una imagen fotográfica realizada en colaboración entre Bostelmann y
el impresor Andrew Vlady. Basada en un trabajo exhaustivo de investigación, la
exposición trasciende la habitual perspectiva cronológica que suele organizar
muestras de este tipo, y presenta una articulación que rescata los ejes
discursivos que atraviesan la obra del fotógrafo. De forma que Enrique
Bostelmann. Imagen, Espacio inagotable presenta tres núcleos que
estructuran el recorrido de la exposición.

El primer núcleo, titulado Paisaje del hombre, reúne las fotografías en las que el paisaje es retratado desde la perspectiva de la influencia y presencia del sujeto en el mismo. En este momento de la muestra se pueden ver piezas fotográficas realizadas a lo largo de los múltiples viajes que realizó Bostelmann por México, Latinoamérica y Europa. Por ejemplo, se incluyen fotografías poco conocidas de su etapa de estudiante en la escuela Bayerische Staatslehranstalt für Photographie en Múnich (Alemania Federal), en donde estudió becado a finales de la década de 1950. También pueden observarse ejemplos de imágenes que formaron parte del fotolibro América. Un viaje a través de la injusticia (1970), prologado por Carlos Fuentes, en donde puede notarse la preocupación de Bostelmann por retratar la realidad de las comunidades marginadas; sin embargo, también en estas obras se hace evidente la mirada que subraya la relación del sujeto con su contexto, de tal manera que es frecuente ver imágenes donde se enfatiza la relación entre el sujeto y estructuras arquitectónicas y objetos, así como la presencia de huellas o rastros que el hombre ha dejado en su entorno. Tal es el caso de la conocida serie Espacios habitados, de la década de los años noventa, en la que Bostelmann registra múltiples objetos abandonados, escenas en las que, aunque el sujeto no está presente físicamente, existe una memoria de su intervención en el paisaje. En este núcleo también se hace explícito el eje curatorial de la muestra, pues se exhiben obras que reflejan las preocupaciones del autor por experimentar con la técnica fotográfica, con estrategias como virajes parciales, múltiples exposiciones para generar fotomontajes, transgresión de formatos tradicionales, obras interactivas y fotografías recortadas y montadas sobre bastidores de distinta profundidad, dotándolas de volumen.
El segundo núcleo se denomina La ola es agua y también escultura; la frase está tomada de un texto de Mathias Goeritz donde habla sobre la obra de Bostelmann llamada La ola (1976), en la que el fotógrafo realizó la impresión de una fotografía en un material maleable, con lo que dotó al soporte de una característica tridimensional y convirtió una toma fotográfica en una escultura. Cabe señalar aquí el acierto curatorial de realizar la reconstrucción contemporánea de dicha pieza, pues permite al público entender las transgresiones y los ejercicios de vanguardia que realizaba Enrique Bostelmann.
En este momento de la exposición se enfatiza también la intensa relación de Bostelmann con artistas de otras disciplinas como el propio Mathias Goeritz, Manuel Felguérez, Arnold Belkin, Marcos Kurtycz y Sebastián, entre otros. De algunos de ellos se incluyen retratos realizados por Bostelmann a partir de la selección y montaje de los objetos más simbólicos de cada retratado; mientras Felguérez aparece representado a través de su pipa, Belkin es caracterizado a partir de las tapas de sus botes de pintura. Como ejemplo de las colaboraciones realizadas por el fotógrafo con otros artistas, se muestra parte del proyecto Estructura y biografía de un objeto, que realizó con el escultor Sebastián hacia 1978. En este trabajo ambos colaboraron para proponer estudios formales y una biografía imaginaria de una cafetera. El resultado de la unión de ambas propuestas se tradujo en fotografías, esculturas y proyecciones de la síntesis formal del objeto desde la geometría.
Finalmente, el tercer núcleo presenta lo que las curadoras llaman el “despliegue de la imagen”, y que es la muestra de cómo Enrique Bostelmann tenía una lectura compleja, completa y unificada de la visualidad, que lo mismo aplicaba para sus encargos como fotógrafo industrial y publicitario como para la creación de su trabajo artístico. En esta sección se muestra que la experimentación e innovación que ejerció Bostelmann permearon también al mundo de la publicidad y los registros de proyectos de modernización y construcción de infraestructura en México.
La muestra es una lectura inteligente sobre la obra de un fotógrafo cuyo trabajo siempre estuvo preocupado por trascender los límites de lo puramente fotográfico.
JOSEFA ORTEGA
