Este artista es un hallazgo, con su arte cinético sutil y original desconocido en el ámbito latinoamericano.
Hace tres o cuatro años, el libro Les années 501 del crítico español Gérard Xuriguera, radicado en Francia, llamó la atención de la galerista chilena lsabel Aninat y su hija Javiera García Huidobro, en una librería de libros usados, en París. Allí, hojeándolo, encontraron el nombre de un artista coterráneo muy poco conocido en su país: Iván Contreras-Brunet. Se entusiasmaron con el descubrimiento y decidieron investigar. Se trataba de un artista nacional que nunca había expuesto en Chile.
Tras múltiples intentos, y a través de amigos, lograron contactarlo telefónicamente. Sería el inicio de muchas conversaciones y visitas que culminaron en una excelente exposición iniciada el año pasado en la galería Isabel Aninat de Santiago de Chile. El proceso fue lento y paulatino. Las galeristas debieron ganarse la confianza del artista, y antes de esta muestra, calificada como retrospectiva, llevaron varias obras a las Ferias de Arte en Buenos Aires y Bogotá (2010, 2011, 2012). La acogida fue muy buena en todas partes.


Vale recordar que la intención de las galeristas era más amplia. La describen así: “Conversando en París con Iván Contreras-Brunet le propusimos hacer una gran retrospectiva en el Museo de Bellas Artes de Chile. ‘Nunca es tarde para empezar a exponer en mi país’, nos dice. La tarea nos tomó dos años en la búsqueda de la construcción de las diversas partes que forman el todo. Sin embargo, por la escasa obra histórica que posee en su taller y la poca documentación con respecto a la ubicación de esta en las colecciones particulares tuvimos que optar por una muestra representativa…”2.
Hoy día la situación es diferente. Gracias a su perseverancia, las galeristas han ubicado un buen número de obras, lo que permitiría planificar una verdadera retrospectiva. Por el momento, el catálogo de la exposición realizada recientemente en Santiago es el documento más actualizado que existe sobre este artista. Ofrece la introducción de la galerista un corto texto de Xuriguera, extractos de la entrevista con Marcel Galerneau –cuyo libro sobre el artista, publicado en 1999, es referente valioso para el estudio de la obra del chileno3–, un resumen de su biografía, listados de exposiciones y obras monumentales, museografía y una cuidada bibliografía, además de una veintena de fotografías de las obras expuestas. Los textos están publicados en edición bilingüe, castellano e inglés. Casi todas las obras de la muestra fueron posteriormente al Museo del campus de Talca de la Universidad de Concepción, centro universitario importante que tiene una buena colección de arte moderno chileno.
Iván Contreras-Brunet nació en Santiago en 1927. Su primera vocación fue la química, luego la música. Hacia 1938 comenzó a copiar reproducciones de obras de arte. Más adelante se interesó por el paisaje a la manera impresionista, interés que perduró algo más de una década. Son los contenidos estructurales del impresionismo los que le interesan: “reflejos… reflexión de elementos flotantes…paso de la luz a través de elementos sólidos…vibraciones cromáticas”4. La desmaterialización de la forma dentro de un orden geométrico ya está presente. Entre el 49 y el 50 frecuenta la Escuela de Bellas Artes de Santiago, y en 1950 realiza sus primeras obras abstractas. Pero se siente insatisfecho en el medio poco estimulante de la ciudad. Alentado por su madre, quien siempre lo apoyó, resuelve viajar a Europa. En el barco que lo lleva de Buenos Aires a Génova encuentra al arquitecto Mariano Clusellas, miembro del grupo concreto de Buenos Aires alentado por Tomás Maldonado. El arquitecto le recomienda visitar a Max Bill y Lohse, en Suiza, y a Vantongerloo y Herbin, en París. “Llegado a Europa decido partir a París”5.

La ciudad es un hervidero de novedades para los jóvenes artistas latinoamericanos que han llegado por esos años iniciales de la década del cincuenta. Entre otros, Contreras-Brunet se relaciona con Jesús Rafael Soto, estableciendo una amistad que durará toda la vida. Comparten muchas inquietudes y cuestionamientos en torno a los temas artísticos. Por sugerencia del venezolano, Contreras-Brunet lee varios textos fundamentales sobre los orígenes del arte abstracto, Kandinsky y Seuphor, especialmente; también, la versión en inglés de Visión en movimiento de Moholy-Nagy. En algunos momentos, que coinciden con los primeros pasos del arte cinético, las propuestas de los dos artistas latinoamericanos son cercanas, por el uso de láminas de plexiglás transparentes como soportes ligeramente distanciados entre sí para superponer dos o tres series formales que generan una imagen inestable y “móvil” con el efecto del moiré. El venezolano usa de preferencia elementos lineales; el chileno, cuadrados y rectángulos. Poco más adelante, cada uno desarrollaría su propio y particular lenguaje.
Un nuevo horizonte se abre para el chileno, que pasa una temporada en el invierno 53-54 en Viena; la ciudad, como Berlín, estaba segmentada en cuatro sectores. Contreras-Brunet se instaló en el sector norteamericano. Y más que el medio cultural austríaco, conoce algunos aspectos del mundo estadounidense. Después vuelve a París, y se afirma en su intención de generar movimientos ópticos.
Tres años más tarde parte a Nueva York, adonde fue “por curiosidad, ya que quería ver lo que se hacía allá”6. Trabajó en el campo de los dibujos animados, pero constató que este medio expresivo no le satisfacía. Entre tanto, realizó varios de los proyectos adelantados en París e intentó exponerlos, sin éxito. La escena artística estaba copada por el expresionismo abstracto7. En el 61 regresa a París. Pero antes, en 1959, había pasado seis meses en Suramérica. Y en Santiago, a pedido del grupo Rectángulo8, dictó una conferencia sobre las nuevas tendencias artísticas en la Escuela de Bellas Artes. A la sazón, recién se iniciaba la práctica de la expresión abstracta geométrica en el país. Ni la abstracción geométrica, ni el cinetismo, que eran su mundo, tuvieron mayor aceptación en el Chile de la época.

Instalado en París de manera definitiva, inicia una carrera que, con el tiempo, suma más de cincuenta exposiciones individuales en Francia, Italia, Alemania, Suiza, Holanda, Inglaterra, Líbano, Israel, Filipinas y Japón; participación en innúmeras colectivas, incluidos los principales salones parisinos de arte contemporáneo, y la realización de varias obras monumentales para lugares públicos. En diciembre de 1970 dice sobre su obra: “En mis relieves móviles trato de suscitar, a través del movimiento, relaciones estructurales del color en el espacio. Se trata de un espacio tridimensional en el cual se mueven masas suspendidas, inestables y transparentes. Estos conjuntos donde se superponen estructuras verticales-horizontales, no son indiferentes, ni a la luz ambiente, ni al desplazamiento del espectador, o al movimiento del aire […]”9.
En 1972 fue invitado por el Instituto Ítalo-Latinoamericano de Roma como representante de Chile a la Bienal de Venecia. Los otros invitados fueron los peruanos Eielson y Roca-Rey, y Wifredo Lam, con quien inició una buena amistad. Sus espacios expositivos eran contiguos. El texto del catálogo está firmado por Michel Seuphor, artista y teórico muy destacado en la escena europea, y también amigo entrañable, a quien había conocido unos años antes, a inicios de 1968. Esta oportunidad, como el mismo artista lo dice, marcó el despegue de su carrera internacional, con invitaciones de varios galeristas para exponer en Holanda e Italia.
Además de su labor creativa, se desempeñó en tareas de carácter administrativo relacionadas con exposiciones o salones importantes: en 1965 fue secretario general de la exposición Artistas Latinoamericanos de París (Museo de Arte Moderno de la ciudad); entre 1971 y 1972 fue miembro del comité del Salón Réalités Nouvelles; desde 1978, y por años, miembro del comité del Salón Comparaisons.

La obra de Contreras-Brunet tiene dos vertientes: la escultórica, cinética –parietal o exenta–, y la acuarela sobre papel. Parecerían, a primera vista, dos mundos muy diferentes, y lo son en cuanto a su materialidad, pero tienen un elemento común: el color. O mejor dicho, el manejo que hace el artista de este elemento. En sus manos, el color es leve, sugerente, inestable, iridiscente, casi mágico. “Creo que soy colorista. Mis búsquedas se han orientado hacia el color, sus posibilidades, su organización, sus relaciones con el espacio, sus técnicas, sin olvidar la importancia en las estructuras que constituyen el esqueleto de un cuadro o de un objeto espacial”10. Curiosa convicción de un artista considerado principalmente como escultor. Es, quizá, la llave secreta de su producción.
Los relieves y esculturas exentas, colocadas sobre el piso o suspendidas, se construyen a partir de una malla metálica fina que genera una cuadrícula abierta y uniforme. Con extraordinaria habilidad, Contreras-Brunet manipula este sencillo elemento básico doblando, cortando, sobreponiendo o suspendiendo mediante leves ataduras frente a un fondo plano, también enmallado, cuadrados, rectángulos o círculos que parecen flotar. Lo que es un elemento sólido, se transforma en color que resulta vaporoso e inestable. Los livianos colgantes se mueven con la simple respiración del espectador, constituyendo una “vegetación metálica que une lo transparente a los efectos del cromatismo”, según dice G. Xuriguera en el texto del catálogo de la reciente exposición en Santiago. Los efectos cromáticos son logrados, en buena parte, utilizando la técnica de vaporización, frontal o lateral, con aerosoles. No hay cortes abruptos entre los tonos cromáticos, sino fusiones que tienen mucho de melódico, de musical. El escultor colorista trabaja en forma personal y directa todas sus obras, sin ninguna intervención de un tercero, ni siquiera en la fabricación de los marcos para las acuarelas. Cada trabajo es una obra única, no modular o seriada. A Isabel Aninat le contestó orgullosamente que no hacía múltiples, práctica usual entre los artistas cinéticos, porque no es una Pyme (acrónimo de pequeña y mediana empresa).

Como acuarelista resulta no menos sorprendente. Incluso en soportes de formato considerable, a veces más de 50 x 50 cm, y con un manejo muy peculiar de los pigmentos y un dominio absoluto de la técnica, crea imágenes sugerentes y delicadas, tramas que a su manera también generan sensaciones visuales móviles, volúmenes aparentes, como si el soporte plano del papel se enriqueciera con ondulaciones y abultamientos, sugerencias de volumetrías inexistentes. Parecen relieves, y no planos pintados. El color determina zonas nebulosas, sin límites visibles. Las diferentes tonalidades interactúan como las del arco iris, sin cortes o quiebres. El espectador queda absorto ante estas acuarelas que invitan al silencio, al recogimiento.
Esculturas y acuarelas son como su autor, discretas, contenidas, profundas. Es de esperar y desear que la obra de Iván Contreras-Brunet pueda ser mejor conocida y apreciada, no sólo en Chile, sino en todos los medios culturales de América Latina. Por el momento, dos instituciones relevantes, El Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires y el Patricia & Phillip Frost Art Museum (Florida International University), planean sendas exposiciones individuales para 2014. ¡Amén!
NOTAS
1. Les années 50. Peintures. Sculptures.T émoignages. ARTED, París, 1984. El autor analiza brevemente la situación de las artes visuales en torno al inicio de la década de 1950, y presenta a 102 artistas vigentes en ese momento, la mayoría nacidos en los años veinte. Cada uno da su testimonio, acompañado con una pequeña foto personal y la ilustración en colores de dos obras.
2. Isabel Aninat, catálogo de la muestra Contreras-Brunet, Retrospectiva, 1958-2012.
3. Este libro es el primero de la serie Abstracciones Geométricas, editada por M. Galerneau.
4. Xuriguera, Les Années 50, s. p.
5. Contreras-Brunet, M. Galerneau, p. 17.
6. Op. cit. p.18.
7. La primera exposición significativa del arte óptico y cinético en la escena neoyorquina, The Responsive Eye, ideada por William C. Seitz, tuvo lugar en el MoMA, a inicios de 1965. Mouvement, en la galería Denise René de París, le antecede diez años.
8. Fundado en 1955 por Gustavo Poblete y Ramón Vergara Gres, fue integrado por Matilde Pérez, Elsa Bolívar, Ximena Cristi y Uwe Gromann. Con un fundamento geométrico y abstracto, buscaba eliminar el nexo referencial entre obra y realidad.
9. Texto para una exposición en la Casa de la Cultura de El Havre, diciembre de 1970. Citado en el libro de M. Galerneau.
10. Entrevista de M. Galerneau, p. 88.
*Las imágenes que ilustran este texto son cortesía de Galería Isabel Aninat, Chile.
MARÍA ELVIRA IRIARTE
Doctora en historia del arte. Miembro de AICA.

