Exposición Individualsept 2013 - nov 2013· Por Veronica Cordeiro

Dani Umpi

Galería Xippas

"Muchos ejemplos de Camp son cosas que, desde un punto de vista “serio”, son o malas o kitsch. Aunque no todas. Camp no es solo mal arte necesariamente sino cierto tipo de arte al que es posible aproximarse como  Camp […] amerita la más seria admiración y estudio."

Susan Sontag, "Notas acerca de ‘Camp’", 1964.

Me interesa la paradoja en el arte de Dani Umpi (Tacuarembó, Uruguay, 1974). Me interesa en cuanto concepto que se representa y traiciona a sí mismo, desde el propio lenguaje. Dani Umpi parece ir generando capas sobre capas de contradicción, extrañamiento, relaciones entre la apariencia y la parodia que se mantienen en un lugar antagónico entre la alusión (aspiración) y la imposibilidad trascendental (el bufón). Luego, desde la renuncia o la sumisión, se trasciende paradójicamente a sí mismo, que es lo que más le interesa (la transmutación), y desde lo precario y lo superficial genera complejidad y forma estética (lenguaje).

Dani Umpi trabaja como artista, músico-performer y escritor. Personaje artístico conocido más ampliamente en la región rioplatense, prefiere mantener cada modalidad expresiva en su respectivo campo de producción creativa. Así es que, como músico, tiene un productor, realiza conciertos en teatros y ha lanzado cuatro discos y diversos videoclips; como escritor, ha publicado cuatro novelas, incluida Miss Tacuarembó (Interzona Editorial, 2004), llevada al cine en 2010 bajo la dirección de Martín Sastre; y como artista plástico piensa el objeto y la imagen en relación estrecha con el entorno de los medios de comunicación masiva. Para quien lo conoce, resulta inevitable pensar una actividad en relación con la otra; pero el artista confiesa que para él, ser tres artistas en uno no es un problema, y prefiere actuarlos cada uno en y desde su propio circuito cultural y económico.

Exposición Individual: Dani Umpi — imagen 1
Dani Umpi. La muerte del patriarcado, 2013. Collages diversos. Medidas variables.

Diálogos directos emergen, evidentemente, pues se trata de creaciones producidas en diferentes lenguajes por la misma persona. De hecho, esta muestra, su primera exposición como nuevo integrante de la Galería Xippas, refleja la voluntad sincrética de sus tres áreas de actuación, y cómo el espacio de la galería de arte propicia de manera natural el encuentro entre la palabra, la materia plástica, la música y la performance.

Es difícil definir el arte de Dani Umpi, aunque aparezcan comúnmente términos como kitsch, trans, pop. De hecho, a primera vista su repertorio visual es de apariencia kitsch, se apropia de todo el universo de publicidad y entretenimiento popular masivo, e incorpora especialmente en sus performances elementos trans como pelucas de pelo largo, tacos altos, vestidos-esculturas y una gestualidad corporal andrógina. Pero un acercamiento más detenido desvela sutilezas que traicionan el (per)juicio de la primera apariencia. Surge en ese espacio el cuestionamiento acerca de esos legados en la historia visual y cultural de la modernidad occidental. En esta muestra Umpi ha poblado las paredes y los pisos de los dos espacios de la Galería Xippas con cuadros, ensamblajes y esculturas dispuestos en conjuntos narrativos donde prevalece la apropiación de productos producidos masivamente por las industrias del entretenimiento y la comunicación. Si se percibe como un conjunto de obras de estética kitsch, entonces pensemos acerca del kitsch. Originalmente a fines del siglo XIX en Europa, kitsch era el producto barato que copiaba el objeto original bajo el precepto de generar una réplica que aspirase al estatuto del atributo de la alta cultura. Es cierto que con el tiempo el concepto asociado al término cambió al punto de significar casi lo contrario: una cultura underground, subversiva, en contra del producto burgués: lo barato y supuestamente mal hecho como actitud contracultural. Si seguimos profundizando, nos damos cuenta, finalmente, de que esas etiquetas dejan de importar, pero que la obra de Umpi, al suscitar esas relaciones, nos hace navegar por trayectorias de la cultura visual que conforman un mapa de gustos y estilos consistentemente marginados por la alta cultura. Entonces, lo que Umpi rescata del kitsch o del pop o del camp (más aún si recordamos el brillante texto de Susan Sontag, "Notes on ‘Camp’", de 1964) es precisamente un punto de referencia estilístico que se dirige hacia una sensibilidad que tiene que ver con su lugar social.

Una sensibilidad que toma la estética del artificio como contrapartida a la seriedad del modernismo frente a la relación (hipócrita) del hombre con la naturaleza. Apropiándose del mundo artificial, el artista abarca la mentira para acceder a la verdad desde la (auto)burla y la ironía.

Dani Umpi es un artista que busca la interioridad desde el arquetipo y el cliché, y la transmutación desde la parodia. Tomando como álter ego el lugar del bufón, se permite circunnavegar la contradicción incluyéndose a sí mismo como artista, alquimista y “maestro” dentro del repertorio parodiado. En el acto de la parodia, el artista genera lenguaje, movimiento, arte, estética, y, paradójicamente, la parodia deja de importar. En la ópera-performance Marta la Musical, incluida como proyección audiovisual en la galería –donde Umpi mezcla teatro, ópera, rituales, performance–, el artista construye a lo largo del espectáculo la paradoja de su supuesta transmutación en cuanto forma que está en constante movimiento. El maestro iluminado es a la vez el protagonista-persona dramática del director y el bufón, y ambos son igualmente controlados (dirigidos) e improvisados (no actuados) por el propio artista-director.

El título de la muestra, en primera instancia, desconcierta. ¿Qué tiene de “Informática” una exposición de factura plástica casi artesanal, donde, salvo un video, todo es papel, collage, montajes y ensamblajes hechos con objetos apropiados de la industria de los medios de comunicación masivos?

La obra que lleva el mismo título de la muestra está compuesta de siete dípticos verticales que combinan dibujos de motivos místicos y mitológicos hechos sobre tela deportiva con conos de papel de revista, donde priman el color rojo, la abstracción y la repetición. Las puntas de los conos irrumpen desde la pared hacia afuera enfatizando la construcción del espacio: cuerpo y tridimensionalidad confrontan la mirada del espectador desde el volumen y la aglomeración, mientras que los dibujos en la fila superior despiertan el movimiento inverso: piden lectura intelectual de símbolos. El ojo entra y sale, el cuerpo piensa y siente, el movimiento es como las olas cuando llegan a la orilla del mar y se vuelven.

El término informática es una contracción de las palabras información y automática. Aunque refiere directamente a la ciencia de la computación, Umpi la incorpora a su muestra desde su etimología: desde el hábito de apropiarse del mundo de la “información automática”, automatizada, y desde un impulso de reciclaje mediante el cual reorganiza la masa de comunicación producida de manera efímera y desechable para re-generar el espacio íntimo y sensible que esa misma masa “informática” des-hace.

Operación semejante sucede con la serie en la pared opuesta, formada por grandes cuadros-collages de textos (apropiados) en los que cada palabra está compuesta por letras recortadas individualmente de revistas y periódicos y otros impresos de amplia distribución. Resultan como flequillos cuyas puntas quedan sueltas, haciéndoles sombra a las palabras en la fila inferior. Umpi ha transcripto (trans-recortado) discursos del presidente del Uruguay, José Mujica, en ocasión de la Cumbre Río+20, la respuesta de Lady Gaga a las agresiones de Madonna en un concierto en Nueva Zelanda, un fragmento de la Armonía del mundo del astrónomo Johannes Kepler, entre otros. El resultado “cuadrillista” (al contrario de puntillista) transforma el mensaje en composición decorativa, y lo decorativo, en mensaje revestido de nuevo significado.

En la instalación central, La muerte del patriarcado, también hay letras recortadas formando textos complejos; aquí el artista sale del cuadro para explorar el mensaje en el espacio. Ya lo había hecho incontables veces en el escenario como músico y performer con vestidos que se extienden de forma capilar desde su cuerpo por las extremidades del escenario. En esta instalación forra tres jarrones “chinos” (muy kitsch), imitaciones de las antiguas ánforas griegas, con letras-flequillos recortadas de toda suerte de impresos de circulación masiva. Sobre los jarrones cae suspendida con hilos del techo una envoltura tipo capullo compuesta de cajas vacías de fármacos psiquiátricos, cuyo interior está revestido de los mismos conos de papel presentes en los dípticos de Informática. Uno de los tres jarrones está roto, entrelazado sobre el piso con una forma reptiliana que alude al proceso de metamorfosis.

En esta instalación Dani Umpi reúne y sincretiza claramente todas sus pulsiones lingüísticas, así como espirituales: convengamos en que no es común relacionar a Jung con la mística cabalística, la alquimia, el tarot, la numerología, la política, el comercio y la publicidad, la visualidad crónica de la era poscapitalista globalizada. Umpi parece querer comerse y volver a vomitar la artificialidad del mundo contemporáneo desde los hechos-desechos de plástico y papel, en un impulso antropofágico que en el Río de la Plata, no es nada común: el exceso mediático y comercial encuentra en su obra un desvío del destino más común, el vacío y la basura, y desde el vacío y la basura, Dani Umpi genera movimiento, forma, diversión sensible, su propio lenguaje.

VERÓNICA CORDEIRO

Dani Umpi, por Veronica Cordeiro | artnexus