Exposición Individualsept 2013 - nov 2013· Por María Clara Bernal

Consuelo Gómez

Rojo Galería

En el diálogo titulado La decadencia de la mentira el escritor inglés Oscar Wilde pone a los personajes Cyril y Vivian a discutir con ironía sobre la idea, a su juicio antinatural, de naturaleza. Por su parte, Vivian, un citadino empedernido, se manifiesta incapaz de gozar la naturaleza: “Dicen las personas que el Arte nos hace amar aun más la Naturaleza […] Realmente lo que el arte nos revela es la falta de plan de la Naturaleza, su extraña tosquedad, su extraordinaria monotonía, su carácter completamente inacabado”. En el conjunto de obras que conforman la exposición Canto XVI, la artista bogotana Consuelo Gómez explora la relación conflictiva y emocional entre el artista y el paisaje, entre el plan de la naturaleza y el plan del hombre, cómo la naturaleza es vista e idealizada, y la forma en que está cargada de relatos y sensaciones.

En muestras recientes como Cinturón Rojo, en la Cámara de Comercio de Bogotá (2011), o Lirucas, en la Universidad de los Andes (2011), Gómez se había concentrado en explorar lugares de la ciudad, como el barrio Las Cruces, que conservan algo de rural, rescatando algunos objetos que para ella conservan la idiosincrasia del lugar. En Canto XVI la artista explora de lleno el espacio rural y, pasando por la observación de la naturaleza, vuelve a la creación de objetos que hablan con nostalgia de la historia, no solamente en su forma, sino a través de los materiales usados para la recomposición del paisaje. La madera, el metal, la piedra y el hilo de oro se entremezclan en esta serie para generar una relación sensorial con el paisaje ya traducido a obra de arte.

Exposición Individual: Consuelo Gómez — imagen 1
Consuelo Gómez. Cactus y tina, 2013. Bronce.

La exposición gira en torno a dos instancias; por un lado, su experiencia física del paisaje, y por el otro, las alusiones que se ha hecho al mismo desde la literatura. La artista se ubica a medio camino entre la mirada romántica del lugar y su historia y las observaciones detenidas de fragmentos de paisaje. La pieza central es una instalación hecha con una serie de piedras en forma de corazón que encontró a orillas del río La Vieja, en territorio Emberá de la Zona Cafetera de Colombia. Las piedras, ya transformadas en objetos enigmáticos al estar encapsuladas en resina, salen de una esquina de la galería como si dibujaran de nuevo el lecho del río; la resina tiene el efecto de hacer aparecer los reflejos y les da una apariencia difusa, como si estuvieran de nuevo bajo el agua.
Esta instalación que da el título a la muestra está íntimamente ligada al Canto XVI de Juan de Castellanos, quien alrededor de 1539 escribió desde Tunja un poema sobre la conquista española que menciona, entre otras cosas, el río La Vieja, lágrimas y pérdidas.
En la sala contigua se encuentra una tina de patas tallada en madera en su totalidad con el mismo tipo de piedras, en el fondo de las cuales sale el vapor del agua, que se evapora lentamente y llena el lugar de un aire pesado y húmedo, envolviendo a los visitantes. En la misma sala descansa un cactus de aproximadamente un metro de alto fundido en bronce. Una pieza escultórica impresionante, la naturaleza repetida, inmortalizada, refinada y contundente. La planta original la trajo de su travesía y la fundió en metal; en la operación, la artista logra amplificar la presencia de la belleza y el peligro presente en la planta original. La serie Caserío y la obra Balsa, ambas fundidas en aluminio, son hechas a partir de elementos orgánicos; en este caso, el molde sale de una especie de esteras hechas con trozos de guadua a manera de muros, algo común en construcciones en el campo colombiano. En Caserío se toman fragmentos y se convierten en cuadros abstractos. En Balsa, la escultura está recostada de forma casual sobre la pared.
Las obras de pared también incluyen Canto XVI. 1, Canto XVI. 2, Canto XVI. 3, unos lienzos pequeños con fondo monocromo, bordados a mano con las palabras Río, Oro y 18K a medias, que se completan al desdoblarse sobre sí mismas, una operación escultórica que repite el mecanismo del poema en el que la palabra escrita se desdobla con la lectura del espectador para revelar un sentido completo.
Gómez siempre ha sido una virtuosa del objeto, por lo general un objeto de ciudad. La exposición Canto XVI muestra una faceta de la artista que revela sus inquietudes y cuestionamientos en los encuentros con la naturaleza y su visión muy personal del género del paisaje romántico.

MARIA CLARA BERNAL

Consuelo Gómez, por María Clara Bernal | artnexus