Exposición Individualsept 2013 - nov 2013· Por Ayelén Vázquez

Claudia del Río

Nora Fisch arte Contemporáneo

Infierno es el título de la exposición de la artista rosarina Claudia del Río (1957), presentada en la galería Nora Fisch. Bajo la curaduría de Inés Katzenstein, se reunió una selección de obras realizadas desde 1996 hasta la actualidad que permiten conocer algunas de las principales problemáticas de su trabajo. Si pensamos en la trayectoria de la artista y en las obras exhibidas, lo primero que debemos mencionar es la importancia del dibujo como una práctica y herramienta dinámica que se manifiesta en toda su producción. Durante la crisis de 2002 creó El Club del Dibujo, un proyecto colectivo de autogestión artístico, que continúa desarrollando actividades participativas con fuerte orientación pedagógica centradas en la exploración de esta técnica.

Al ingresar en la galería, en el centro de la sala, sobre una alargada mesa blanca, se acumulan tres pilas con retazos de telas blancas rectangulares (sedas, lienzos y liencillos) sobre los que la artista bordó distintos enunciados. A lo largo de varios años Claudia del Río recopiló titulares de la sección de policiales de un diario rosarino que luego transcribió en los paños. Los sucesos que la artista eligió grabar aluden a la violencia –asesinatos, violaciones, secuestros, robos, peleas, abusos–, que se condensan en frases escandalosas de alto contenido sangriento o trágico. Sin embargo, al no estar presente el contexto de la historia, el enunciado se enrarece, parece inverosímil o delirante para ser real. Es interesante cómo la violencia y lo nefasto de estas oraciones pierden densidad al estar sacadas de contexto y parecen frases impensables para el buen gusto de un diario, y más cercanas al lenguaje de la ficción.

Exposición Individual: Claudia del Río — imagen 1
Claudia del Río. Familia Bolten, 2012. Aceite de linaza y lápiz sobre papel. 70 x 50. (27 ½ x 19 ½ pulgadas).

De manera fugaz, los diarios se acumulan día tras día. Así como las dramáticas noticias y los temas de tapa parecen olvidarse y son cubiertos por la noticia del día siguiente, de manera semejante, en la obra de Claudia del Río los cruentos titulares se amontonan sobre la mesa, y el último tapa al anterior. Es preciso que el espectador se disponga a leer uno a uno los bordados.

Pero a diferencia de los diarios que se tiran o son reutilizados para envolver huevos, aquí, a partir del registro poético, el suceso permanece. La obra permite hilvanar aspectos de nuestro mundo y detenernos para abrir una reflexión más profunda. Parte del registro documental y particular de un hecho, para trascender al ámbito universal y brindarnos una imagen de mundo brutal que se contrapone al modo en que la artista preserva estos hechos. De alguna manera, la práctica del bordado vela el contenido con una presentación amable y delicada, vinculada a lo femenino, que requiere tiempo, paciencia y habilidad.

La mujer se presenta en su obra como una problemática recurrente y ligada a la violencia. Lo podemos observar en los dibujos de cabezas ubicados junto a los titulares bordados que remiten al burka, vestimenta femenina de la cultura islámica que cubre el cuerpo y la cabeza dejando sólo descubierto los ojos de la cara.

Con una textura tupida, el velo funciona como un blindaje que aprisiona el rostro de la mujer. En algunos casos llega a envolver incluso los ojos, por donde salen formas fantasmagóricas.

En el entramado de estas cabezas, un pequeño óvalo negro desgarra el tejido para visibilizar un grito, un gesto velado. Esta forma ovalada se vincula con los ingenuos dibujos de las niñas armadas, donde el grito ya no es invisible sino que se materializa a través de unas fauces que salen de la boca de las pequeñas, sin más rasgos en el rostro, sin ojos ni nariz.

Estos dibujos no son las únicas obras donde aparece la vulnerabilidad del mundo infantil interrumpido; también se manifiesta en algunos de los titulares bordados o en las polleras de los personajes femeninos, construidos con recortes de diarios que narran historias de abusos. Los fragmentos de diarios se mezclan con un mundo de consumo en el que rostros y cuerpos están invadidos por el logotipo de Coca-Cola. Una imagen que invade distintas series de su producción, como lo enuncia la artista en el cartel publicitario intervenido por ella, “Coca-Cola es un ejército”, que irrumpe y ataca a sus personajes hasta transformarlos en Mickeys anónimos. Con mirada crítica hace evidente el peso invasivo de los íconos de consumo contemporáneos.

Las obras de Claudia del Río se muestran con aparente ingenuidad e inocencia, que son interrumpidas por diversos aspectos que revelan un infierno latente y un mundo plagado de amenazas. Exhiben el infierno de la inocencia interrumpida, donde la presentación amable es invadida por un cruel registro documental. 

AYELÉN VÁZQUEZ

Claudia del Río, por Ayelén Vázquez | artnexus