La
instalación Sala de espera, concebida
especialmente por el artista Carlito Carvalhosa para el Anexo Original del
Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo (MAC USP),
presentada al público entre marzo y septiembre, ilustró una estrategia
inaugural de ocupación de un espacio destinado a proyectos experimentales.
El Anexo Original del MAC USP integra el proyecto de rescate y revitalización de un complejo arquitectónico diseñado por Oscar Niemeyer, al comienzo de la década de 1950, que había sido destinado por años al descuido y al uso caótico de la burocracia estatal.
De esta burocracia administrativa, el edificio abrigó desde el día a día del funcionamiento de la Secretaría de Agricultura del Estado hasta, recientemente, todas las idiosincrasias de otra sede, la del Departamento de Tránsito de la ciudad de São Paulo.

Ahora, con su nueva atribución como sede definitiva del Museo de Arte Contemporáneo, el edificio redescubre su primera vocación, incluso hermanada con otros hitos arquitectónicos cercanos, como el edificio del pabellón de la Bienal de São Paulo.
Así, Sala de espera es parte integrante de la nueva sede del Museo de Arte Contemporáneo, que busca proponer como lugar de intervención para nuevos proyectos y exposiciones de la colección, esenciales para la vida cultural de la ciudad.
La exposición de Carvalhosa se destacó dentro del programa expositivo, ya sea por su dimensión simbólica, ya sea por su diálogo con un entorno de arquitectura moderna, o finalmente, por la traducción de niveles de convivencia dramatizados por la intervención.
Ante la intervención propuesta, con todas las calculadas estrategias de la instalación, el tema del desplazamiento quedaba incorporado a la experiencia sensorial del visitante. De hecho, ¿cómo recorrer el Anexo Original con el variado número de impedimentos creados por el artista para componer Sala de espera?
Como base estructural de la instalación y componente de un diálogo con el espacio arquitectónico, el uso exclusivo de casi un centenar de postes de madera, utilizados en el pasado para la iluminación pública y ahora investidos con otra intención, tocaba ahora décadas de la existencia de otra vida de la ciudad, de otra convivencia plural.
La instalación –vista como registro de esta compleja convivencia entre un testigo de la arquitectura moderna y una parte contingente del pasado de una ciudad, con la omnipresencia de los postes de iluminación pública descartados, intercalados con los pilares en el amplio espacio expositivo– revelaba otras lecturas del lugar, con nueva semántica.
Sala de espera, que recorría 1.500 m2 del área proyectada por el maestro de la arquitectura moderna, reinterpretaba instancias ocultas de espacio y tiempo, por medio de un encuentro con los significados de otra experiencia relacional.
Cabe destacar que las dimensiones físicas del espacio expositivo, desde los seis metros de altura en la parte más elevada hasta los casi cinco metros de la parte más baja, en escala potencialmente ampliada por la distribución de los pilares, impactaban la mirada del visitante, que se desplazaba absorto entre las diagonales impeditivas en las zonas de circulación.
De hecho, esta reinversión de fuerza y potencia de la nueva condición de uso, les restituía a los postes de energía un nuevo protagonismo, en medio de las dimensiones históricas mustias en cualquier patio de desecho o zona olvidada de residuos invisibles.
Ante la asepsia del edificio de factura moderna, con su amplia y ordenada disposición, entre pilares y vacíos calculados, la instalación de Carvalhosa proponía la intensidad del desconcierto, buscando la extrañeza de un diálogo entre materia y memoria.
De esta extrañeza, y por la carga simbólica de las partes citadas –los pilares, la enormidad del espacio, los postes de madera en desuso–, se sospechaba de los motivos del impedimento creado por los postes atravesados que ocupaban toda la sala.
Recorrer la sala expositiva, o mejor, desviarse de todos los obstáculos creados por la disposición de los postes de iluminación pública colgados, cruzando los pilares, rescataba para la precepción del visitante una dimensión oculta en el recuerdo de otro lugar.
Como estrategia pensada por el artista, la creación de una zona de relativo impedimento, propuesto al visitante por las dificultades para circular y cruzar la gran sala expositiva, potenciaba la instalación como forma de discurso vivo sobre lo inesperado del espacio.
Carlito Carvalhosa, investigador de múltiples facetas y de diversos intereses en el ambiente del arte contemporáneo, se dedica a la creación de impedimentos calculados, como estrategia consciente de interacción en zonas prohibidas de un registro conceptual.
Busca, en su jornada investigativa, asociaciones mixtas entre construcciones conceptuales que promuevan el cambio de significado en campos e instancias poco usuales de la cotidianidad, como lugar de rememoración de paradojas vitales de la existencia humana.
De hecho, y mientras se desmonta, la instalación Sala de espera nos remite a la convivencia entre materia y memoria, definida por la fuerza motriz de los estorbos creados para liberar la relación del espectador con la obra.
CLAUDIA FAZZOLARI
