Exposición Individualsept 2013 - nov 2013· Por Victoria Verlichak

Adriana Lestido

MNBA

Crudas y perturbadoras, francamente conmovedoras, las fotografías en blanco y negro de Adriana Lestido (Argentina, 1955) son inolvidables. De pequeño formato, las fotos incitan al espectador a acercarse para poder apreciarlas y percibir pasos y gestos que lo confrontan, mayormente, con lo que no está. La muestra Lo que se ve. Fotografías 1979/2007 en el Museo Nacional de Bellas Artes, curada por Gabriel Díaz y Juan Travnik, es también un magnífico libro antológico (Capital Intelectual/Mecenazgo de Cultura de la Ciudad, Buenos Aires 2013).

El conjunto reúne ensayos fotográficos que, mayormente, abordan un mundo de mujeres en una expresiva aunque excepcional cotidianeidad. Se intuye que a sus retratadas les faltan demasiadas cosas, pero en las imágenes sobran consideración y empatía. La artista alcanza a ponerse en el lugar del otro, se involucra y, a su vez, consigue involucrar al espectador. “Durante mucho tiempo se dijo que yo retrataba el universo femenino, pero no es eso. Retrataba la constante ausencia de lo masculino, que no es lo mismo. […] Pero ya no. Creo que esa parte sanó en mí”, afirma la artista.

Exposición Individual: Adriana Lestido — imagen 1
Adriana Lestido. Mujeres presas, 1991 -1993. Fotografía en blanco y negro.

Lestido dedicó su trabajo a “la luz, bondad y belleza” del que fuera su primer marido. Guillermo Willy Moralli fue secuestrado y desaparecido por la dictadura militar en 1978, cuando ya estaban separados. Fue alejada de su padre cuando la artista tenía siete años, cuando éste fue acusado de estafa y enviado a la cárcel durante cuatro años. Aferrada quedó la niña a su madre. Aun con este sufrimiento personal a cuestas, o quizá por esa misma razón, sus fotos de separaciones y ausencias tienen algo de esperanzador.

Una foto de Lestido, Madre e hija de Plaza de Mayo (1982), tomada cuando apenas comenzaba su trabajo como reportera gráfica, es ya emblemática de su fecunda trayectoria. Refleja a una mujer con pañuelo blanco que alza a una niñita, también con la cabeza cubierta de blanco, que con idéntico gesto reclaman por alguien desaparecido; la artista siempre supuso que buscaban al marido, al padre, pero ahora sabe que trataban de encontrar a un hermano, un tío. Y aun cuando el actual Gobierno argentino –con el concurso de un sector de Madres de Plaza de Mayo– utiliza en provecho propio la lucha de las Madres bastardeando la verdad histórica (los presidentes Néstor y Cristina Kirchner jamás participaron en la lucha por los derechos humanos durante la dictadura), la imagen de Lestido conserva su autenticidad y escalofriante potencia. Ésa fue su “primera foto importante”, “en la que está todo”, y la que le ganó el respeto de los colegas que la miraban con recelo, quizá por ser mujer, por ser tan joven.

Su primer ensayo fotográfico fue Hospital infanto juvenil (1986-1988), y a continuación vino Madres adolescentes (1988-90); proyectos que de algún modo anticiparon Mujeres presas (1991-1993) y Madres e hijas (1995-1999). Tras haber pasado por redacciones de diarios, como fotoperiodista, en las que terminó de formarse y aprendió a trabajar con celeridad, la artista se dedicó de lleno a la fotografía vislumbrando que para profundizar necesitaba el tiempo que el periodismo no otorga.

Crispación pero también ternura, en contraste con el áspero entorno que rodea a las protagonistas, en las imágenes de Mujeres presas, muchas con sus hijos. Las duras y directas imágenes fueron realizadas a lo largo de un año en una cárcel de mujeres de Provincia de Buenos Aires; tal como la imagen de la muchacha que –cuchilla de cocinar en mano (tapa del libro)– mira hacia la cámara y manifiesta tanto penuria como dignidad. Madres e hijas descubre cuatro historias de madres e hijas, con las que incluso compartió viajes, retratadas durante tres años; diálogos y grabaciones completan su búsqueda por comprender estos “amores difíciles”.

La serie EL Amor (1992-2005) está dedicada a su segundo marido y sugiere emociones, antes que escenografías o poses. En las fotos estallan portentosos paisajes, se reflejan austeros interiores, se entrevé alguna figura masculina. Ya de nuevo separada, las últimas y serenas fotos de Villa Gesell (2005) revelan los bellos parajes naturales de ese balneario de la costa bonaerense. Mar y arena, viento y fuego apenas interrumpidos por un perro, por un escueto perfil de la artista, autorretratada, reconciliada.

Reconocida y premiada, Lestido es maestra de fotógrafos; tiene otros cinco libros publicados.

VERONICA VERLICHAK

Adriana Lestido, por Victoria Verlichak | artnexus