Orange County Museum of Art (OCMA) presenta una nueva configuración del formato de bienal que el museo había estado organizando desde 1984. Este año, el nuevo curador en jefe desde principios de 2012, se ha dedicado a dar una visión fresca con un nuevo formato de trienal; uno que se compone no sólo de artistas californianos sino de otros artistas a lo largo de los bordes del Pacífico, incluidos artistas de Australia, Canadá, seis países asiáticos y seis latinoamericanos. El resultado es una exposición que muestra obras de treinta y dos artistas también de distintas generaciones, y a pesar de no tener una estructura temática, las obras comparten obvias conexiones que abarcan desde lo estético hasta lo conceptual, debido a los contextos geográficos e históricos de colonización, comercio y factores económicos actuales que estos países tienen en común.


La pieza Escultura transparente (2012) de Darío Escobar (Guatemala, 1971) es una instalación escultórica conceptual hecha de tacos de billar y montada en el techo de un pasillo al comienzo de las galerías principales, junto a la instalación mural a gran escala de Mark Dean Veca (EE. UU., 1963), titulada Pete’s Place (El lugar de Pedro, 2013), la cual es una interpretación pop de un trono en el cielo. A primera vista, las instalaciones casi chocan visualmente una con la otra, pero, de hecho, se relacionan en un diálogo conceptual que tiene que ver con estéticas barrocas que han trascendido tiempo y estilo, debido a que las interpretaciones contemporáneas de los artistas demuestran una evolución de la tradición como propuesta de modernidad en el caso de Escobar, y de un pop ultragráfico, en el caso de Veca.

Gabriel de la Mora (México, 1968) participa con cuatro obras distintas: Puerta 1A-B (2012), Altamirano 20 I y Altamirano 20 III y El peso del pensamiento (de 2013). Las piezas de De la Mora en la exposición recobran materiales comunes y los elevan a un estado etéreo. La primera obra aquí mencionada es un panel de metal deteriorado que fue alguna vez parte de una puerta, como el título lo señala, pero es también una reliquia cargada del paso del tiempo y la sugerencia simbólica de un objeto que contiene la memoria de los eventos y la gente que también son parte de su historia. Las siguientes dos piezas que comparten el título Altamirano (quizá como referencia a las pinturas rupestres o al nombre de una calle) son plafones que han sido removidos y que sufren de deterioro, pero la superficie dañada crea delicadas abstracciones accidentales. El peso del pensamiento es una instalación que está casi escondida detrás de una videoproyección de otro artista en la exposición, como si la intención de De la Mora fuera que pasara desapercibida. La instalación consiste en rectángulos de suelas de zapato descartadas, recortadas en tamaños iguales pero hechas de diferentes materiales que son evidencia de vidas pasadas. Esta obra en particular está en conversación directa con Topografía (2012) de Adán Vallecillo (Honduras, 1977), la cual es una instalación sobre muro de recuadros hechos con llantas recicladas y descartadas. La pieza de Vallecillo es un comentario sobre la práctica económica de reutilización de materiales en Honduras y otros países latinoamericanos, pero también es una representación del desarrollo actual de la abstracción en obras de artistas que utilizan materiales cotidianos como Vallecillo, De la Mora y Escobar, incluidos en la exposición, quienes no sólo critican la producción en masa sino que tienen la habilidad de transformar objetos comunes de manera poética y se relacionan unos con otros no sólo con estas piezas sino con obras anteriores.

Estudiando y documentando también el paso del tiempo con sus obras, Sebastián Preece (Chile, 1972) y Adriana Salazar (Colombia, 1980) crearon instalaciones in-situ que, a pesar de no parecer relacionarse, están en diálogo con el área local. Preece analizó el área urbana al volver a caminar el mismo camino desde su hotel hasta el museo, percatándose de que el área aledaña no era muy fácil de usar por el peatón. Su pieza es una intervención del espacio mediante topes colocados estratégicamente en el estacionamiento del OCMA y cerca de la entrada al museo, creando un camino que obliga al peatón a poner atención a sus alrededores. La obra conceptual de Preece está ligada también a la investigación de espacios, arquitectura y objetos cotidianos, ya que los transforma en monumentos que dan evidencia de la gente que vivió o estuvo presente en ellos. La obra de Salazar aborda temas sobre vivencias humanas a través del tiempo, como la mortalidad. Para su instalación Moving Plant #30 (2013) recolectó flores de un cementerio local y les puso motores para crear una instalación cinética de flores que se mueven en el piso lentamente y se marchitan durante el curso de la exposición.

Wang Guangle (China, 1976) también aborda temas de tiempo y mortalidad con su pieza abstracta 120403 (2010), la cual pintó ese número de veces con capas de pigmento encimadas dos veces al día, en alusión a la costumbre que tienen los ancianos de ponr una capa de pintura al año a sus ataúdes, celebrando cada año de vida y preparándose para la muerte. La obra del artista Robert Legorreta (EE. UU., 1952) es una selección de objetos, figuritas y discos de su colección personal (ahora parte del archivo de UCLA), que en vez de ser melancólica, es prueba de una era suspendida en el tiempo y de sus esfuerzos por encontrar y conservar su identidad cultural.

De acuerdo con el curador de la muestra, Dan Cameron, lo que las obras de la exposición tienen en común es “el profundo y duradero sentido en relación con el lugar en que la obra es producida”. Existen también otras intersecciones que van más allá de los lugares de origen y referencias socioculturales, como las obvias relaciones estéticas, no sólo en lenguajes conceptual y abstracto sino en la inclusión de obras que se relacionan con el diseño gráfico y otras vertientes pictóricas. Los artistas John Bankston (EE. UU., 1963), Fernando Bryce (Perú, 1956), Hugo Crosthwaite (México, 1971), Pedro Friedeberg (México, 1936), Eko Nugroho (Indonesia, 1977) y Mark Dean Veca trabajan dentro de los parámetros de la tradición del dibujo, artes gráficas e ilustración; una estrategia que también está conectada a los medios masivos y el resurgimiento del dibujo como medio. Dos ejemplos contrastantes son Südsee (2007) de Bryce y los dibujos murales de Crosthwaite sobre las carpas en México. Aunque las prácticas de Bryce y Crosthwaite se derivan de estudios socioculturales pasados y presentes, Crosthwaite se enfoca en una narrativa más local y vernácula de Tijuana, la cual es en ocasiones ruda y grotesca. El estilo de Bryce viene directamente de sus fuentes (revistas, periódicos, documentos y textos históricos), que copia a mano y presenta como una manera de cuestionar los contextos históricos y su rol en la formación de identidades nacionales y étnicas.

Las obras en la exposición por los artistas mexicanos Pedro Friedeberg y Yoshua Okón también parecen unirse estética y conceptualmente con las obras de los artistas representantes de los países de Asia, por ejemplo, Lin Tianmiao (China, 1961). Las obras surrealistas y casi psicodélicas de Friedeberg son una combinación de referencias literarias, de cultura popular y ocultismo. Siendo parte de una generación anterior de artistas de México, Friedeberg no sólo ha influenciado a artistas contemporáneos sino que también ha innovado en el diseño desde los años sesenta. Su lenguaje artístico alude a culturas antiguas y sagradas como la china. La obra de Lin Tianmiao está relacionada con la tradición textil pero también con un entendimiento profundo y una representación de la muerte. La obra en video de Okón analiza sociedades marginadas, en lo que él llama “experimentos sociológicos” de raza, cultura y economía. Su pieza Látex (2012) explora la representación y explotación visual de la violencia en los medios y la “cultura del miedo” que ha caracterizado las últimas décadas en México.

Cameron explica en uno de los textos del catálogo que esta trienal intenta responder a algunas cuestiones que no fueron aclaradas en el contexto de Pacific Standard Time, la iniciativa de la Getty Foundation en 2011, la cual omitió factores más globales como la historia de California y las rutas transpacíficas que han dictado en mayor parte la diversidad cultural del área y las historias entrelazadas de las culturas latina y asiática. Es quizá este contexto el que ha dado como resultado una selección de obras más sólidas de países de Asia y América Latina, en contraste con los artistas norteamericanos en la exposición. No obstante, Cameron ha establecido un precedente de modelo de exposición en el área de Los Ángeles que es consciente de las historias globales y regionales y que presenta una representación más acertada de la diversidad de culturas que están a punto de convertirse en mayoría en California.
SELENE PRECIADO

