Exposición Individualjul 1993 - ago 1993· Por Belgica Rodríguez

Víctor Valera

Galería Durban

Cada exposición del escultor Víctor Valera (venezolano) es una verificación de la sólida capacidad creativa y de la poderosa imaginación del artista. También es la expresión de una conciencia honesta dedicada por entero a la práctica de una disciplina artística exigente. En esta nueva serie de esculturas, Valera ha racionalizado plásticamente el impulso decorativo cultivado con audacia en obras anteriores. Aquí el color es básicamente importante, consolidando así una investigación formal que él viene expresando en su trabajo desde hace ya algún tiempo.

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En consecuencia, el material no es fundamental. Este se comporta como soporte del color y como un medio de configuración de la forma en el espacio real. No hay aquí tema sino significado centrado esencialmente en los valores plásticos de la obra: color y línea marcados en el espacio por el soporte—material hierro—. Al lado de la realidad plástica compuesta por los elementos ya descritos y marcada por estructuras geométricas diversas formando un conjunto homogéneo, una poética aparece en la fijación de las imágenes geométricas como una necesidad de reajustar el poder de la imaginación y de la realidad de la obra. Parte de esta poética se centra, sin contradicciones, en los títulos de cada pieza: Rayas de tigre cubriendo el sol, El suspiro de los dioses, Tres días tardó mi nacimiento, Tú que me das miel, Nacimiento de un profeta, El viento sentado en su banco de piedra, etc. La otra parte son los conceptos abstractos relacionados con el ser y su circunstancia que aparecen determinando un significado intrínseco y propio de la intimidad misma de cada escultura. Ambas partes permiten una identificación entre obra y espectador y, a su vez, delimitan las fronteras del misterio de la obra que se proyecta en el espacio como algo que tiene una referencia absoluta consigo misma y con el que la mira. Víctor Valera juega con un universo de formas diferentes. En un proceso de alquimia formal él mezcla las formas geométricas con las orgánicas justificando algunas reservas interpretativas de piezas en donde el juego parábolico de forma y color pareciera no estar bien resuelto. Se desvía entonces hacia el edulcoramiento ex profeso, como exploración de un proceso estético que se resuelve en función de una óptica testamentaria del desarrollo de su obra desde sus inicios. Valera se interroga dentro de un cuestionamiento general de su trabajo en mutaciones creadoras. Existe en este proceso una coherencia en el espíritu lírico y sensual que se afirma desde sus primeras esculturas. Dentro de un sistema figurativo siempre se ha planteado en ellas un código no figurativo impreciso en su configuración externa, pero definido y definitivo en su conceptualización significativa.

La escultura actual de este artista venezolano tiene un carácter inmediato. Facilita la lectura de su discurso sin ser narrativa, pero lo dificulta por la complejidad del significado. Ella despierta una emoción inmediata en el espectador. Pero esta emoción puede no ser siempre de aceptación. Valera propone una lectura en el espacio, básicamente, a través del color y la línea. Le queda al espectador enfrentarse a ella y disponer de ella.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

Víctor Valera, por Belgica Rodríguez | artnexus