Exposición Individualjul 1993 - ago 1993· Por Alberto Collazo

Víctor H. Quiroga

Salas Nacionales de Cultura

En el amplio espacio circular de las Salas Nacionales de Cultura, más conocidas como Palais de Glace, se exhiben alrededor de noventa trabajos, entre pinturas, esculturas y dibujos, de Víctor Horacio Quiroga (1955).

Este joven artista radicado desde 1986 en la ciudad de París se formó en la escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, al noroeste de la Argentina, y es por tal motivo uno de los representantes más destacados de la joven generación denominada Escuela tucumana.

En esta panorámica que abarca alrededor de quince años de trabajo, se hace evidente su coherencia temática, así como la madurez alcanzada en su lenguaje plástico.

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El protagonista en las obras de Quiroga es el hombre, al que inserta en la realidad cotidiana, ya sea en el paisaje o en el interior de los ranchos del norte argentino. Esta realidad no es transcrita como un mero elevamiento antropológico, sino que la transforma al entrelazarla con visiones oníricas.

En lo formal, el manejo del espacio es el eje por el cual se vertebran las relaciones de color y el uso de la línea. La ambigüedad espacial pone de manifiesto la quiebra de la forma de representación académica. El disloque del punto de fuga central hace de su imagen un exponente de un importante sector del arte latinoamericano. Por lo general, la paleta que utiliza es baja y se pueden notar cambios en la misma a partir de su estancia en París: además de colores más claros, es notoria una mayor sutileza en la elaboración cromática.

El desfile de situaciones y personajes configura escenas que van desde velorios, procesiones, ritos paganos, alegorías mitológicas, interiores de ranchos campesinos, jugadores de cartas, músicos, peluqueros hasta fotógrafos callejeros, pero no agotan un repertorio en apariencia monótono. En estas escenas la figura de hombres, mujeres y niños interactúa y se funde con la tierra, los animales y variados objetos cotidianos. Su propuesta espacial quiebra las convenciones renacentistas tradicionales, el rebatimiento de los planos y un ángulo de observación elevado quiebran el punto de fuga único. Esta manera de representar de Quiroga es una constante en su producción plástica y se la puede ver en Sepelio del presidente, un acrílico de 1978, en el Velorio del angelito de 1988, también en Ofrenda al encuentro del ochenta y nueve o en la obra realizada este año, El mundo del Cururu.

Del año 1986, en el que Quiroga gana el Premio Braque que le permite instalarse en París, se puede ver una excelente obra como Tormenta de Huassamayo, un óleo de considerables dimensiones en que desarrolla grandes planos en valores muy oscuros. Esta cualidad de sacar del negro la luz también se la puede ver en pequeños trabajos como El cebollero de 1985, El niño de la gente y El charco de dos años más tarde.

En sus trabajos más recientes utiliza colores más plenos y la línea demarca las zonas de color como en La tía de Héctor, un acrílico de este año.

ALBERTO COLLAZO

Víctor H. Quiroga, por Alberto Collazo | artnexus