Colectivajul 1993 - ago 1993· Por Belgica Rodríguez

VI Bienal Francisco Narváez

Museo Francisco Narváez

Porlamar es la capital del estado Nueva Esparta. Está situada en la isla de Margarita. Allí existe uno de los más importantes museos de Venezuela, dedicado a alojar la obra escultórica del artista venezolano Francisco Narváez, a quien se le considera el iniciador de la escultura contemporánea en el país. Este museo está fundamentalmente dedicado a la obra tridimensional y lleva como una actividad propia la realización de la Bienal Nacional de Escultura. Entre marzo y abril de 1993, se realizó la sexta edición de esta Bienal. El evento ha llegado a su mayoría de edad gracias a los esfuerzos de varias instituciones, especialmente la Gobernación del Estado y la empresa privada Conferri, así como también de individuos, como todos los directores que han realizado algunas de las ediciones anteriores. Hoy es una actividad fundamental en el medio artístico del país. sr. Como en otras oportunidades, en esta sexta edición la Bienal constó de tres secciones. La exposición en salas con artistas invitados: Miguel Acosta, Alberto Asprino, Milton Becerra, María Elisa Castro, Pedro Fermín, Mailén García, Luis Latitegui, J.J. Moros, Alfredo Ramírez, Solange Rojas, Antonieta Sosa, Shony Spadafora, María Teresa Torres y Pedro Terán; la experiencia “insitu" en el castillo San Carlos de Borromeo de Pampatar, con la participación de Enrico Armas, Jorge Castillo, Pedro Fermín, José Gabriel Fernández, Nan González, Jennifer Hackshaw, María Teresa Novoa, Nela Ochoa, Rolando Peña, Carlos Quintana, Juan Carlos Rodríguez, Doménico Silvestro, Jorge Szpesi y una obra colectiva (performance) de Marcelo Bottaro, Alan Troudarty Damaris Ricaurte. Los invitados especiales a la Bienal fueron Harry Abend, Jesús Soto y el artista colombiano Germán Botero.

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La curaduría, a cargo del arquitecto Guillermo Barrios y del crítico de arte Roberto Guevara, seleccionó un grupo de artistas que desde hace algún tiempo vienen explorando la obra tridimensional como un problema eminentemente espacial y no volumétrico. Para los curadores, esta propuesta se planteó como "la escultura en el espacio, la que se abre, la que proporciona un ámbito, una relación con el contexto donde se ubica, se aproxima a la arquitectura y disfruta su espacio y tiempo, tal como puede leerse en el folleto que acompañó al evento". Un catálogo documental fue impreso después de la experiencia in situ, a fin de recoger toda la documentación pertinente. En general, las obras presentadas en las salas dialogaban conceptual y físicamente con el concepto de la escultura como un dibujo en el espacio. De acuerdo a las más recientes exploraciones en la obra tridimensional, no ya como escultura en sí misma, sino como una investigación en el espacio físico que ella ocupa y desaloja en relación directa, e indirecta, con el espacio íntimo-interior de la pieza misma, el que viene a construirse en el espacio espiritual del ser humano a quien la obra se dirige y aproxima. Es necesario convivir con ellas aún por minutos. Ellas deben poseerse y habitarse, física y metafóricamente.

La obra tridimensional en América Latina en estos momentos está alcanzando su mayor nivel de desarrollo, tal como sucede, por ejemplo, en Brasil. En Venezuela, la Bienal Nacional de Escultura de 1993 mostró un ejemplo coherente de esta preocupación por parte de una generación de artistas que participan de la pluralidad de tendencias en un país donde si algo está saludable es su producción artística, a pesar de sus problemas sociales y políticos. ¿Podría ser esto una contradicción? No, todo lo contrario. Hoy, más que nunca, se hace evidente que el arte y la cultura constituyen la posibilidad más tangible y real de elevación civilizatoria.

La obra tridimensional actual tiene un soporte, que puede ser cualquier material y hasta el muro mismo. Esta propuesta es retomar los planteamientos de los artistas latinoamericanos de finales de los años cuarenta y de los años cincuenta. Se plantea hoy una suerte de renovación de viejas premisas espaciales que quedaron sin resolver. Se retoma el concepto de la integración al hábitat, a la arquitectura, pero de una manera diferente a lo planteado en los años cincuenta. Hoy es más una experiencia sensible y estética que una experiencia visual y perceptual. Con estas propuestas tridimensionales, un nuevo elemento formal ha aparecido en el quehacer del artista interesado en ellas: el espacio. Esta investigación tiene su antecedente más cercano en las propuestas conceptuales y plásticas de Jesús Soto. Así como tradicionalmente lo han sido la forma, la luz y el color. Y para los cinéticos lo fueron el movimiento y el tiempo. Se trata ahora de explorar e investigar el espacio físico intangible para hacerlo tangible como elemento activo en la propuesta artística.

La referencia necesaria se refiere a las obras galardonadas con premios. Pero no implica esto que las otras no sean dignas de ser mencionadas. La exposición es muy valiosa como una muestra fehaciente de la fuerza de un sector artístico del país. El premio Francisco Narváez recayó en la obra de Pedro Terán. Un magnífico trabajo compuesto por láminas de vidrio transparente unidas por piezas de metal dorado, que parecía estar suspendido en el espacio como una joya planetaria. En la sólida actividad artística de Pedro Terán, es lógico que una pieza como ésta salga de su mente y sus manos. El premio Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV) (empresa que apoyó la realización de la Bienal) le fue otorgado a Luis Latitegui por su obra seriada en varias estructuras metálicas negras, como altas mesas de pequeño formato, en cuyos topes se escondían, ofreciendo, casi impúdicamente, un pedazo de mármol que recibía y proyectaba la luz proveniente de una lámpara situada sobre ellas. La laja de mármol transparentaba un universo invisible a ser descubierto e imaginado por el espectador. La joven artista oriunda de la isla, Solange Rojas, obtuvo el Premio Fundación Galería de Arte Nacional. Su excelente obra era una composición de varias piezas de piedra (¿de Cumarebo?) blancas, irregulares, dispuestas sobre el muro configurando un extraordinario conjunto dibujístico tridimensional en el espacio real y virtual. Algunas de las piezas intervenían ambos espacios, gracias a la mano de la artista, proyectando su sombra en muchos casos pespuntada y hecha visible con pequeñas rayas negras sobre el muro. El Premio Especial de la Gobernación del Estado Nueva Esparta recayó en el artista Shony Spadafora, por una instalación en la que exploraba el tránsito del espacio vacío al espacio vacío, pasando a través de una especie de puerta-arcada de carácter místico, realizada con trozos encontrados de madera y completada por una serie de objetos diseminados en el suelo sobre una “mesa” vieja. De la experiencia in situ, se destacaron varias obras: la que obtuvo el Premio Único Fondene para arte efímero, obra de Rolando Peña, y los trabajos de Jennifer Hackshaw, Jorge Castillo y Nan González. El performance colectivo de los tres artistas mencionados arriba expresaba la poética del barro como elemento ligado al nacimiento de la conciencia. Estupenda obra multimedia que contó la danza de una pareja sobre un espacio lleno de lodo, reclamando la atención del espectador de una manera conmovedora. La VI Bienal Nacional de Escultura debe considerarse un éxito. Fue un esfuerzo conjunto de artistas, organizadores y patrocinadores. Demostró que algo pasa en el país en las artes visuales en relación con el resto de América Latina. Por supuesto, ella es un ejemplo de ese quehacer. Hay otros grupos, otros artistas y otros quehaceres plásticos que también expresan la fuerza del arte actual venezolano.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

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