El título de esta reseña es deliberadamente ambiguo porque si bien está referido al Madrid de estas fechas de 1993, donde se ha expuesto en la Casa de América medio centenar de fotografías de Tina Modotti, quiere, sin embargo, evocar otro Madrid, el Madrid republicano empecinado en no dar paso a las tropas de Franco, donde ella vivió dos años cruciales de su vida, militando en una de las más míticas organizaciones del internacionalismo proletario suprimidas por Stalin de un plumazo: el Socorro Rojo. Ambigüedad que mezcla deliberadamente la Tina viva y la Tina muerta porque yo no creo que haya muerto, como no lo cree Flor Segura, una vieja mujer castellana, amiga de Tina, compañera suya en el Socorro Rojo, superviviente de la derrota de la República, de la cárcel y el exilio interior, que intervino como simple espectadora en la mesa redonda que el pasado 24 de marzo se celebró en la Casa de América con la participación de la norteamericana Betsy Cramer, autora de la que es quizá la biografía más exhaustiva de Tina Modotti entre todas las publicadas hasta la fecha. Flor Segura nos ató a todos un nudo en la garganta afirmando que Tina Modotti seguía viva y no sólo en sus fotos, sino en el corazón de quienes como ella misma creían que aún existían razones para oponerse a la opresión y a la injusticia.
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Pero Tina Modotti en Madrid es como Tina Modotti en México. En ambas ciudades vive por lo que hizo y por la forma en que lo hizo, que fue espléndido tanto en un sentido estético como vital, sin dejar de ser lo que era, la tercera de una familia de siete hermanos, nacida en Udine, Italia, en 1896, hija de un obrero y de una lavandera, que empezó a trabajar para mantener al resto de sus hermanos cuando sólo tenía 12 años de edad y que antes de hacerlo asistió en 1900, en Klagenfurt, a la primera manifestación del Primero de Mayo subida a los hombros de su papá; que emigró a San Fráncisco con su familia y a los 18 años ya era actriz de teatro antes de convertirse al año siguiente, en Hollywood, en una de las estrellas de la mítica compañía cinematográfica Pathe; que fue discípula y amante de Edward Weston, modelo de Diego Rivera, compañera de Juan Antonio Mella y Vittorio Vitali, enviada del Socorro Rojo al Berlín convertido en campo de batalla por los paramilitares de Hitler, enfermera en el Madrid sitiado del año treinta y seis, que no terminó la primaria y sin embargo aprendió cinco idiomas, que fue bella y a la vez indómita, que se arrojó al ojo del huracán de su época, sabiendo morir en 1942, en su querida ciudad de México, cuando aún era joven y antes de que su época en vez de morir se pudriese a la intemperie. Tina Modotti, la mujer que nos dejó poco más de 100 fotografías, donde se juntan las enseñanzas de Weston con las fulgurantes anticipaciones de los logros de Paul Strand y de Dorothea Lange, sin que dejen de ser de ella, hijas de su mirada y su sensibilidad exquisitas. Fotografías de indios, de mujeres, de campesinos y de manifestantes. Diego Rivera la utilizó como modelo de la joven madre tierra que aparece en uno de sus murales en Chapingo. Pienso que jamás fue tan acertada como en este caso su elección. Pocas mujeres como Tina Modotti, capaces de encarnar el espíritu de América, melting pot de continentes, pueblos y culturas de historia y tragedia todavía en su primer hervor.
CARLOS JIMÉNEZ
