Exposición Individualjul 1993 - ago 1993· Por Carlos Blas Galindo

Rubén Rosas

Galería Drexel

Rubén Rosas es un autor que, además de sus cualidades específicamente artísticas, practica otras dos virtudes profesionales: una severa autocrítica y una actitud reflexiva acerca de su quehacer cultural.

Es debido a ambas causas que Rosas ha expuesto poco durante los años recientes. Luego de que, en 1989, presentó la tercera exposición individual de su carrera en el Museo de Arte Carrillo Gil del Distrito Federal, se dedicó a profundizar en sus indagaciones estilísticas, aunque prefirió no mostrar sus conclusiones salvo, aisladamente, en algunas pocas colectivas. Cuando, en 1992, estuvo satisfecho con un conjunto de sus trabajos, aceptó exhibir, en la Galería Drexel de la ciudad de Monterrey, durante el mes de diciembre de ese año, las 10 pinturas con las que integró su individual Intemperie.

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En términos generales, el lenguaje actual de Rosas es postvanguardista y, como tal, es ecléctico; empero, conviene mencionar con detenimiento algunos de sus componentes, ya que estos son numerosos. En Intemperie hay recuperaciones, siempre transformadas, del repertorio neovanguardista: sus cualidades, sus chorreados, sus manchas, sus ritmos, sus texturas provienen de la abstracción informal; sus formas de contornos rectilíneos derivan del geometrismo, mientras que ciertos trazos y algunas soluciones formales proceden de la reacción figurativa de la inmediata posguerra —difundida en México de manera tardía— llamada Cobra. En las obras que integran esta exposición existen, asimismo, ingredientes cuyo origen está en el arte popular mexicano y alusiones iconográficas al pasado prehispánico, así como destaca la filiación expresionista de este autor. Sus figuras son vegetales, animales y, rara vez, antropomorfas.

En cuanto al aspecto temático de sus trabajos, cabe señalar que Rosas es un idealista o, tal vez, un optimista, pues en. Sus pinturas aluden a una realidad supraterrena, de cuya existencia no necesariamente está convencido, pero que le resulta de utilidad para aludir a lo invariable. Pinta escenas que corresponden a la manera como él se imagina que es el cielo, símbolo

prácticamente universal con el que diversas culturas en diversos lugares y en distintas épocas se han referido a lo trascendente, lo poderoso, lo permanente y lo sagrado. Sin embargo —y de manera semejante a lo que acontece en las obras de otros artistas contemporáneos—, algunos de los componentes no temáticos de sus pinturas y, de modo específico, algunos de sus elementos artísticos devienen, asimismo, asuntos de sus cuadros, e incluso llegan a adquirir una notable autonomía cultural.

CARLOS BLAS GALINDO

Rubén Rosas, por Carlos Blas Galindo | artnexus