El historiador del arte Jaime Brihuega, especialista en la historia de las vanguardias artísticas españolas y curador de la retrospectiva de Barradas llevada a cabo entre los meses de marzo y abril en la sala de exposiciones de la Comunidad de Madrid, lamentó públicamente que hubieran pasado "casi setenta años después de su marcha definitiva de España, antes de que se le hiciera el homenaje que merecen su vida, su obra y sobre todo su papel histórico". "Todos los investigadores y especialistas—añadió Brihuega— coinciden en destacar el papel absolutamente vertebral de Barradas en la aparición y formación de las primeras vanguardias españolas. Su influencia, su estímulo, sus propuestas se dejaron sentir en el lugar justo y en el momento oportuno en figuras tan capitales como Miró, Dalí, Alberti, García Lorca, Alberto Sánchez o García Morato. Fue el creador del vibracionismo, el artista plástico más influyente del ultraísmo, cuya revista Ultra ilustró repetidas veces y, por si fuera poco, fue él quien hizo caer del caballo en el camino de Damasco a su compatriota Torres-García, que cuando le conoció todavía estaba atado al noucentisme catalán".
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Las afirmaciones de Brihuega tienen en su base un sólido trabajo de reconstrucción histórica realizado tanto por él como por investigadores como Rafael Santos Torroella, Concha Lomba Serrano, Andrés Peláez Mastia, Francesc Miralles, Eugenia Carmona y el propio Ángel Kalemberg, de Montevideo, todos con textos en el notable catálogo publicado con motivo de esta exposición. Y componen, además, un buen argumento de fondo para comprender mejor y valorar el centenar de cuadros, dibujos e ilustraciones que componían la retrospectiva de Barradas que, antes de visitar Madrid, estuvo en Zaragoza y en Hospitalet de Llobregat, en Cataluña.
Resumir estilística y conceptualmente lo que este conjunto de obras, tan atrayentes como diferentes entre sí, es, sin embargo, es difícil. Barradas, nacido en 1890 en Montevideo, residió un total de 13 años en Europa, fundamentalmente en España, donde cumplió el papel de primer o, por lo menos, más activo introductor de las innovaciones de las vanguardias europeas apoyado más en su entusiasmo e intuición que en un conocimiento sistemático de las mismas. Aunque los destinos iniciales de su viaje a Europa en 1913 son Milán y París, en estas dos ciudades no permanece en total más de un año, tiempo que no le fue suficiente, tal y como subraya Brihuega, para hacerse una imagen clara y distinta del complejo escenario que se ofrece a su ávida mirada de artista en formación. De allí que en su obra de los años inmediatamente siguientes se yuxtapongan las lecciones de Degas y Monet con las de Picasso y Braque, el postimpresionismo con el cubismo, el futurismo con el fauvismo. Barradas fue un omnífago que en un cuadro apuntaba en una dirección y en el siguiente en otra, sin importarle mucho la ordenación ni la secuencia de las distintas poéticas en las que se inspiraba simultáneamente, ajeno al hecho de que las mismas fueran contradictorias o mutuamente excluyentes. Fue uno de los primeros eclécticos de la vanguardia histórica, cuyo impulso más duradero o consistente fue la búsqueda de la innovación, de la renovación de la pintura, que supuso para él una tarea casi heroica en una España hostil como pocas otras naciones en ese período a los logros y las exigencias de las vanguardias. Al final, este papel de adelantado heroico en un medio adverso costó más que sus propias energías vitales. En 1928, pobre y mortalmente enfermo de tuberculosis y después de tanta y tan generosa obra realizada en Barcelona, en Madrid, en Hospitalet de Llobregat, regresa a Montevideo, donde muere al año siguiente.
CARLOS JIMÉNEZ
