Colectivajul 1993 - ago 1993· Por Javier Gil

Presencia de Cuba

Alonso Arte

A partir de la década de los setenta, el arte cubano experimentó un impulso sin precedentes. Son muchos los artistas que surgieron para desarrollar un arte fresco, renovador y sorprendente. Es particularmente interesante ese fenómeno en Cuba, pues nos obliga a desafiar la habitual creencia de que allí sólo podría gestarse un arte simplista y realista. Por el contrario, la reflexión artística se situó al interior de los procesos culturales, evitando las simplificaciones y superficialidades con que normalmente se abordan esos problemas. La reflexión plástica en Cuba empieza entonces a encarar las complejidades implícitas en la interacción entre cultura y producción simbólica. Esta última es asumida no sólo como expresión de algo ya dado, sino como posibilidad creadora y transformadora de la misma cultura.

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El tema de la identidad encuentra en los jóvenes cubanos un tratamiento intenso y actual, dejando ver las simbiosis y sincretismos entre lo primitivo africano y lo occidental, lo sacro y lo profano, lo culto y lo popular, lo tradicional y lo moderno. Se trata de un concepto de la identidad dinámico, pleno de dimensiones y ajeno a cualquier esquematismo reductor. Una profunda pertenencia a su cultura y un penetrante conocimiento de los lenguajes plásticos contemporáneos se transparentan en las jóvenes generaciones cubanas.

La exposición Presencia de Cuba en Alonso Arte nos trae artistas nacidos en las décadas de los cuarenta y los cincuenta. Muchos de ellos corresponden a la generación que antecede a los artistas arriba referidos, otros, como Bedia, son fundamentales en esos procesos. La mayoría no alcanza a reflejar ni la conciencia crítica ni la audacia conceptual ni el vigor experimental de los jóvenes nacidos en los sesenta. Pese a ello, la exposición nos permite intuir el desplazamiento y los nexos que se producen entre esas dos generaciones de artistas. También, aunque no haya criterios que permitan articular o unificar la muestra, nos aproxima a muchos de los problemas anteriormente referidos. Allí encontramos la depuración y limpieza de José Bedia, artista de reconocida trayectoria en el nuevo arte cubano. Asimismo, las alusiones, cargadas de condensaciones y correspondencias mágicas y fantásticas, de Mendive, Oliva o Finalé. La potencia ritual tan atractiva como hermética de Eduardo Roca o las enérgicas construcciones multidimensionales de Ángel Alfaro.

En la muestra se incluyen obras que, pese a no proyectar una sólida indagación conceptual, sí dejan ver una exquisitez técnica y formal. Tal es el caso de la semiabstracción de Nelson Domínguez o, en un lenguaje tridimensional, las tallas de Jacqueline Maggi, quien parece ablandar la madera para ir desprendiendo de ella formas sorprendentes.

 JAVIER GIL

Presencia de Cuba, por Javier Gil | artnexus