Durante todo el segundo semestre de 1992, una misma exposición ocupó el área mayor de la galería Manolo Rivero (en la ciudad de Mérida, capital del estado de Yucatán). Esta fue Apocalipsis, del artista cubano Pedro Rivera. Como pudo ser constatado por quienes presenciaron dicha individualidad, un intrigante eclecticismo campea en los trabajos de Rivera, coexistiendo recursos como lo trascendente, lo sensual, lo placentero, lo nefasto, lo grandioso, lo dramático y lo brutal, los cuales están integrados por una combinación simultánea de conceptos convergentes y divergentes respecto a la vida y a la muerte.
El gran tema que domina los trabajos de Pedro Rivera es el de la sobrevivencia de las ideas o de los comportamientos, pese a la muerte de sus portadores o de sus practicantes originarios o, lo que es lo mismo, el fracaso del intento por imponer ideas y conductas mediante el uso de una violencia tal que lleve al exterminio. Si bien es cierto que Rivera alude en sus trabajos al caso específico de los taínos, quienes habitaban Cuba cuando comenzó el expansionismo europeo en nuestro continente, y de otros grupos caribeños, es asimismo verídico que este artista alude al pasado para referirse al presente y al futuro.
[[IMAGE]]
Para él, de modo semejante a como persisten rasgos del tipo de pensamiento mítico-mágico que caracterizó a los aborígenes antillanos pese a que fueron sometidos a un brutal proceso de dominación y de exterminio, así también existen componentes del pensamiento de hoy que sobrevivirán a los actuales planes de dominio sobre Cuba y sobre el resto del mundo, e incluso a posibles futuros intentos de aniquilamiento. Las referencias que Rivera hace a la muerte violenta que han padecido, entre otros, los taínos, tienen un sentido optimista de sacrificio que es propiciatorio, precisamente, del resurgimiento de la vida. Y los comportamientos taínos a los que este artista se refiere son claramente sexuales, por lo que, una vez más, la dicotomía vida-muerte resulta abordada.
La presencia de Pedro Rivera ha sido benéfica para el medio cultural mexicano pues ha contribuido a ampliar los parámetros artísticos de este ambiente. A partir de 1990, Rivera ha vivido y trabajado en México y en Cuba durante períodos subsecuentes y debido a su interés por estudiar las culturas caribeñas, también ha visitado Belice. Por fortuna, este autor fue acogido y apoyado en la Galería Manolo Rivero, organismo privado cuya importancia es capital ya que sus dos salas y el hotel contiguo suplen la carencia de un museo de arte contemporáneo no sólo para la ciudad de Mérida sino para la zona sureste de México. Basta como prueba de lo anterior un solo dato: la Galería Manolo Rivero es la única galería privada mexicana en la que ha expuesto de manera individual al artista italiano Sandro Chia. El apoyo que Manuel Rivera, promotor cultural bien informado y dueño de la galería, le ha dado a Pedro Rivera ha sido tal que ha invitado al autor para que planeara Apocalipsis específicamente para exhibirla en su espacio. Esta instalación estuvo integrada por seis dípticos de formato vertical de 3,70 x 3 metros cada uno.
CARLOS BLAS GALINDO
