La exposición de Pedro Pérez en M. Gutiérrez Fine Arts (febrero-marzo de 1993) suministra una visión fascinante del desarrollo de este artista cubano-norteamericano que vive en Nueva York. Pérez ha sido siempre un artista osado, que no teme escandalizar al público ni a los críticos con obras provocadoras que deben tanto al grafiti como al Dadá.
El alcance de la obra de Pérez y el de su imaginación se hacen evidentes en esta exposición. Hay dos obras en papel, en pastel y acrílico, de comienzos de la década de 1980 que ilustran la manera como el artista transforma con maestría los grafitis, los dibujos de los niños y los de los artistas “intrusos”. En pinturas de este tipo, Pérez añade frases cortas y palabras, así como imágenes, de contenido erótico. Si bien algunas personas quizá se escandalicen con ellas, tienen también el encanto del niño travieso y su carácter lúdico.
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Esta exposición no incluye ninguna de las instalaciones de altares y de objetos de culto relacionados con ellos, cubiertos con lámina de oro, que evocan la escultura colonial española y los ornamentos de la iglesia de manera algo satírica. Las grandes máquinas de papel higiénico y los gabinetes de botellas diminutas de licor tampoco aparecen, pero dado el tamaño de algunas de estas construcciones, esto es comprensible. Basta decir que constituyen .un aspecto importante de la evolución del artista.
La falta de ejemplos de las obras mencionadas se compensa con creces con la inclusión de dos construcciones realizadas de 1988 a 1992. Estas incluyen M3-K Mohawk (1987) y The Tree of Golden Fruit (1988). Estas enormes piezas, bellamente diseñadas, combinan desechos encontrados y objetos de uso con lámina de oro, jugando con la idea de la alta y la baja cultura, con la idea del artista como mago que transforma las cosas en oro. Duchamp y Dadá son sus ancestros, así como Jasper Johns y el arte pop. Divertidas y misteriosas a la vez, el artista combina en estas piezas relojes, árboles muertos, frutas plásticas doradas, espejos y otros objetos en conjuntos inesperados. El resultado es visualmente gratificante y constituye también un desafío con su irónico humor.
La obra más reciente de Pérez consiste en papel hecho a mano al que se fijan diferentes objetos y materiales. Hallamos, por ejemplo, pepas de cereza hechas en tela, heno y objetos encontrados junto con pintura y laca. Aunque son piezas de pared de dos dimensiones, continúan el diseño establecido por las grandes construcciones. Uno de los recursos más divertidos e inesperados de Pérez ha sido el uso de ropa interior masculina dorada, aislada o en grupos, que aparece aquí de nuevo.
¿Se burla el artista en la cara de un público explícitamente consciente del arte? ¿Demuestra tan sólo el poder transformador del arte? ¿Se trata de complejos juegos mentales conceptuales? En la obra de Pedro Pérez todas las hipótesis son inválidas y quedamos con una obra intelectualmente poderosa y visualmente estimulante.
* Traducido por Magdalena Holguín.
GIULIO V. BLANC
