Recientemente se presentó en la sala 16 del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber la muestra Memorias del pan del artista Marcos Salazar Delfino. Nacido en 1948 en Caracas, Marcos Salazar estudia técnicas para la fabricación de moldes con Biaggio Campanella en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas de la misma ciudad. Cursó, además, estudios de Ingeniería Civil en la Universidad Católica Andrés Bello y de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela. Buena parte de su formación como artista proviene de un intento personal de acercarse a la materia y a la forma escultórica como medios expresivos que, abarcando lo plástico, nos conectan con algunos procesos interiores del hombre.
Las esculturas de Marcos Salazar se nos antojan miméticas. Una nostalgia de la naturaleza las invade, haciéndolas translúcidas, brillantes, cortantes como el cristal. El juego de colores y luces o la ironía visual (como puede verse en la obra titulada El manantial) se sustenta siempre en un goce de la materia.
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La presencia total, bruta de la materia en las obras de Salazar nos habla paradójicamente de su ausencia. Tal como lo apunta Gabriela Kizer en el catálogo de la muestra: "¿Hacer de la escultura otra cosa que la nombra como vacío sonoro, que la expresa como espacio acústico… no es llevarla a su interioridad inasible, a lo que aniquilando anima? ¿No es acaso devolver la certeza de la respiración, el ritmo primero? Ni afirmación de la obra como fin en sí mismo ni su negación, tampoco metáfora del vacío sobre la que podemos proyectar alguna estúpida admiración de belleza. La luz ha penetrado en estas esculturas, no las deja hasta hacerse luz ajena al azar, hasta ver la cosa apoderarse y servirse de ella, servirle".
Estas obras nos acercan a una especie de nueva, inédita percepción, donde se multiplican las correspondencias y donde los problemas formales son trascendidos por un intento de restablecer la conciencia de conexión con lo perceptivo. Apunta Marcos Salazar: "En esta exposición, están empezando a desaparecer (los cristales), cada vez son menos necesarios. Mucho más importante es la idea de cristal que el objeto cristal, sin que por eso deje de disfrutar el hecho de producir un cristal. Yo siento que el acto medular de esta exposición es la posibilidad de proponer la escultura como espacio acústico, como vacío sonoro".
Diez esculturas realizadas con materiales como poliéster fundido, marmolina, fibra de vidrio, terracota, entre otros, conforman esta exposición, donde ya el cristal, la luz y la transparencia parecieran convertirse en una memoria, en una sensación que abarca más que la materia.
KATHERINE CHACÓN
