Con el sugestivo título Jeroglíficos de las cavernas de Buenos Aires, Luis F. Noé (1933) presentó en la galería Klemm ocho dibujos y catorce pinturas. Con ellos intenta indagar sobre los elementos que hacen nuestra realidad desde una visión futura. Noé nos introduce en un presente cotidiano o en un pasado histórico que intenta descifrar y testimoniar con un fluido lenguaje plástico, además de abordar los temas con ironía y dramaticidad, hurgando en los componentes que conforman nuestra particularidad nacional.
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Noé, consecuente con su postura sobre el arte contemporáneo, al que considera nuevamente discursivo, pone en práctica sus ideas al presentar esta nueva serie temática, si bien este planteamiento no es novedoso en este artista porteño, ya que es frecuente en su obra observar la significación del título, así como frases incorporadas a la tela. Podemos decir que esta nueva serie temática avanza en profundidad en sus obsesiones, las que amalgama con una ajustada síntesis a su rico lenguaje plástico. En la plenitud y madurez de sus cualidades artísticas, Noé descubre y construye jeroglíficos —símbolos— con los cuales nos introduce en temas arquetípicos que conforman la nacionalidad de los argentinos. Esta visión la realiza desde la óptica bonaerense o portuaria, por lo tanto, urbana y cosmopolita, la que, si bien es parcial, está comprometida con el presente. Desde Fusilamiento de Dorrego (jeroglífico de las cavernas de la historia argentina) al Jeroglífico metafísico rioplatense hay una interpretación histórica, que es subrayada con temas particulares como Jeroglífico tanguero, el Jeroglífico de la Bolsa de Comercio o el Jeroglífico pampeano.
La variedad compositiva es avasallante, en algunos trabajos con gran saturación lindante con un barroco, en otros maneja extensas superficies de colores planos, que generan en la visión del conjunto exhibido una imagen tan expresiva como dinámica. A ello contribuye una rica elaboración cromática en la que la impronta gestual predomina, así como la utilización de la línea, con la que dibuja diversos personajes, nos brinda detenimientos y descansos ante el torbellino del color. Esta muestra de Luis Felipe Noé es una de las más significativas en su larga trayectoria artística. Es de recordar su participación en el grupo de la Nueva Figuración junto a Macció, De la Vega y Deira en la ruidosa década de los sesenta.
ALBERTO COLLAZO
