Exposición Individualjul 1993 - ago 1993· Por Juan Carlos Palenzuela

Jorge Chacón

Galería Mayz Lyon

Ha llegado la hora del reconocimiento póstumo y el balance retrospectivo para la obra de Jorge Chacón (1933-1992).

A través de veintiocho obras en la Galería Mayz Lyon, donde siempre expuso el artista, se muestran seis capítulos de su fraseo plástico y temático: el paisaje de campo cultivado, las barriadas populares, los bodegones, el cambural, las composiciones de mediados de los años ochenta y sus tótems y altares.

En sus paisajes al aire libre, Chacón incluyó muy contadas veces a campesinos en plena faena. En esta selección hay como curiosidad varias de esas obras. Eran los años setenta y el artista pintaba campos soleados, árboles de delirantes colores y gruesas formas vegetales que sugerían aspectos de la naturaleza. Desde la periferia del arte, Chacón establecía su personal visión de un tema excelso: el paisaje. Su paleta se componía de morados, ocres y verdes. Esos colores y sus formas tan expresivas y generales hacían que sus paisajes fuesen totalmente diferentes a los de la pintura culta y popular e incluso a los del género aficionado.

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Paralelo a ese capítulo se encuentran sus paisajes urbanos, en los que se aglomeran las casas humildes, de techos de zinc, uno que otro árbol, caminos de tierra y muchachos en la calle. En esta ocasión se incluyen tres vistas de barrios caraqueños.

El bodegón fue una temática importante para Chacón. Son mesas con comida, rincones de la sala o del taller y espacios donde se combinan la casa, el taller del pintor y el alimento. En efecto, en La mesa de trabajo apreciamos el detalle de un salón (¿comedor?) con mesa, pared de fondo y muchos objetos. Contra la pared hay cuadros y bastidores así como una cabeza de ciervo. Abajo, a la izquierda, hay un enorme sombrero criollo. En la mesa hay ollas, tazas y frascos. En una repisa hay muchos cuadros. Otro bodegón, La jarra azul, es el detalle de una mesa, donde hay pimentón, tomate, batata y limón; ollas, tazas, vasos, botella, la jarra azul, una cafetera, cubiertos y un colador de café. La escena revela vida hogareña. La mesa es un tema inusual en la pintura venezolana. En el caso de Chacón, estas composiciones se refieren al júbilo de una existencia compartida con los amigos y con el oficio.

A inicios de los años ochenta, Chacón empezó a incluir matas de chambures en sus paisajes. Ese detalle será revelador puesto que en lo sucesivo el artista encontró en el cambural un nuevo concepto del paisaje. El solar #6 es parte de su propio jardín en Sabaneta y ya propone el cambural como sujeto de su obra. Es amplia la gama de verdes y las formas de la hoja son de extraordinaria riqueza plástica. A partir de entonces, Chacón hará una síntesis de la naturaleza y permitirá el estallido del color.

Ese proceso lo conducirá a sus composiciones en las que la vegetación sólo será una referencia. En Solar rojo se impone el valor de la pintura en el mejor concepto del arte de los ochenta, mientras que Jardín fantástico se asocia a la lujuria de la flora del trópico. Entonces Chacón participaba con derecho propio en aquel acontecimiento de los ochenta que se llamó Amazonía. Al término de esta etapa, pongamos, por ejemplo, Solar al anochecer II, el artista se planteaba el expresionismo abstracto, el color como formas libres y como fuerza de la imagen.

Y finalmente, llegamos a su serie de altares e imágenes múltiples. Ya Chacón era una referencia en el arte venezolano. Tomó la cruz y el retablo como formatos en cuyo interior hay siluetas fantasmales. En ocasiones distinguimos figuras de animales, cuernos, ojos y cascos. Sus trazos son alucinados y espaciales. Se trataba de la pintura. El tema era apenas un punto de partida y de él mismo quedaban su convicción y espiritualidad en el arte.

JUAN CARLOS PALENZUELA

Jorge Chacón, por Juan Carlos Palenzuela | artnexus