Cualquiera de las obras de Jorge Camacho constituye una firma en sí. La identidad del artista y la identidad de la obra configuran una totalidad rara vez lograda en el arte latinoamericano y contemporáneo. Las obras construidas a partir de articulaciones configuran una representación de la naturaleza, pero a la manera de la naturaleza. Digamos que, representada según las leyes mismas del crecimiento y de la vida, la obra es como una analogía.
Un movimiento oculto de seres que se metamorfosean y transmutan sirve a sus estructuras. Jorge Camacho piensa en el arte, pero se sirve de las energías que constituyen el cosmos. Sus obras podrían no tener ni principio ni fin. Ellas mismas sirven de vasos comunicantes entre el mundo de las apariencias y el de un más allá. Todo esto expresado en términos míticos.
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Los seres que él mismo crea parecen ser producto del inconsciente de la naturaleza. Llevados al plano de la tela, se encuentran resumidos gracias a esa misma transmutación todos los mitos que el género humano ha podido construir a través de toda su historia. Fuerza de la interpretación y fuerza de la representación son los dos elementos que hacen de Camacho un artista universal.
Cibeles (Diana) es el título de la muestra que el artista presentó en la Galería Gloria Cohén entre marzo y abril y, en conjunto con la Galería Vallois, en el mismo lapso, Histoire de chaman.
El conocimiento de la naturaleza, que constituye parte de su objetivo en la vida, lo llevó a desempeñarse como ornitólogo y a viajar por diversos países de América Latina, Venezuela y Guayana, entre otros.
Nacido en La Habana en 1934, desde joven se impregna de las novedades literarias propiciadas por los surrealistas. Luego de viajar por México, en 1959 llega a Francia y encuentra al escultor Agustín Cárdenas. Dos años más tarde será el mismo Bretón quien lo invite a participar en el movimiento surrealista. Esta coincidencia fortuita, pero que sigue el hilo lógico de una historia inventada por Cárdenas, Lam y Camacho, enriqueció las páginas de la historia del arte.
Siguiendo los conceptos de la teoría de la forma, Guillaume afirma "que en el caso de la percepción las formas pueden presentar una articulación interior, las partes o miembros naturales poseen por lo tanto funciones determinadas y constituyen en su interior unidades o formas de segundo orden"1.
Una parte en un todo o estructura es diferente de esta misma parte aislada o sin otra totalidad.
Es de este conocimiento estructural, simbólico y alquímico que se nutre el proceso de creación en este artista. Por ello, a pesar de que en una primera lectura creemos abarcar una escritura fácil, en todo el recorrido finalmente el inconsciente comprende que se encuentra en las puertas de lo insondable; la magia predestinatoria de un artista frente a una realidad emblemática. Es así como Camacho estructura sus obras que constituyen también autorretratos de lo imaginario.
NOTA
SUSANA SULIC
