Los objetos en movimiento de Jack Vanarsky han sido expuestos en los espacios de la Galería D’Museo. Este argentino, radicado en París desde hace treinta años, parece a primera vista continuar cierta tradición iniciada por el grupo cinético argentino en la década de los sesenta. No obstante su obra, en cierto sentido difiere de las búsquedas de aquellos, especialmente desde el punto de vista conceptual. No busca el movimiento en sí, si bien las piezas presentan un movimiento real. Tampoco se trata de una movilidad por la movilidad misma. Se trata, aparentemente, de un pretexto para captar la mirada curiosa del espectador, despertar su deseo, tal como lo ha expresado el artista en una entrevista en la prensa local. Esta mirada curiosa y atenta sería la forma de lograr la participación del espectador, algo que sí tendría relación con las búsquedas cinéticas de los sesenta.
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Pero tal participación sería sólo a nivel perceptivo. El movimiento que presentan los objetos de Vanarsky es sumamente lento, casi imperceptible. Es el tiempo de la memoria, de la lectura —en el caso de los libros— o el de las moléculas en movimiento en el objeto inmóvil. "Los objetos representan la tentación de hacer el movimiento, las ganas del espectador de querer agarrarlos", dice el artista.
En ese tiempo “acompasado”, el artista también hace un repaso a la historia del arte y de las ideas, no exento de cierto humorismo. La teoría de Pitágoras (a² = b² + c², título de una obra) se ve transpuesta a un triángulo cuyos lados varían en sus dimensiones gracias a los avatares del movimiento. Una composición de Mondrian ve distorsionada su impecabilidad lineal por un movimiento sutil de una de sus líneas.
La escogencia de los objetos, por otra parte, tampoco es arbitraria: un libro, una botella, las hojas de abeto incitan a una contemplación de carácter íntimo. Por eso, como dice el artista, "se trata de un movimiento que seduce".
SUSANA BENKO
