La obra de Iván Petrovszky se ha desarrollado indistintamente en la pintura, las técnicas de agua y el dibujo sobre papel. Su trazo, perfectamente reconocible, ocupa todo un extenso capítulo de nuestra historia del arte.
Petrovszky es un pintor urbano. La ciudad y sus habitantes son sus temas por excelencia. Espacios e individuos despojados de toda transitoriedad, de cualquier detalle, de narración alguna. El pintor sólo ubica el escenario de la ciudad, por lo general, plazas, aunque también hay vistas generales y la solitaria presencia del habitante. Su pintura está construida sobre una geometrización del espacio, una sucesión de capas, materas, transparencias, un sentido frío del color y el dibujo como estructura inicial, como líneas en pentimento, como dato para referir un paraje, unas posturas, unos sujetos.
[[IMAGE]]
Petrovszky es esencialmente un artista de taller, de jornadas interminables en su taller, ahora y desde hace varios años, ubicado en el quinto piso del edificio Ultramar. Para un pintor de signos ese nombre es muy significativo: él vino del otro lado del mar, vivió en Puerto Cabello y ha sido un singular viajero. Su taller es muy especial: pinturas, dibujos, libros y utensilios propios de su oficio ocupan toda el área. Allí emprende su maravillosa tarea de pintar, de registrar los sitios de la ciudad donde el hombre se deja vencer por sus cotidianidades o donde ciertas fachadas nos pueden hacer recordar los paisajes o las calles de París, Río de Janeiro, Washington o Nueva York. Allí también se acumula una obra que él muestra a los interesados en conocer su poética del espacio y su testimonio humano.
La pintura de Petrovszky ha sabido tomar y condensar aspectos de los diferentes pensamientos estéticos de nuestra época. Su figuración siempre fue solitaria y personal, como la de muy pocos artistas en Venezuela. Su arte señala las ideas del período histórico en el que le ha correspondido actuar, pero sin pactar con lo anecdótico del mismo.
Por otra parte, Petrovszky ha desarrollado una obra de taller en torno al bodegón sumamente interesante. El bodegón es un sujeto universal que el artista ha sabido recrear y plantear con carácter de autoría. Son bodegones que uno ve “en vivo” en su taller, pues en varios rincones o lugares hay mesas con botellas, un plato, unas frutas, unos tomates, una revista, que él combinará indistintamente y regularmente, como base de sus composiciones pictóricas. Estas son de estricto color, con sentido de la materia, en formatos pequeños y en ejercicios siempre rigurosos.
Pero al hablar de Petrovszky hay que hablar del dibujante. Su obra sobre papel es grande. Sus técnicas varían, pero principalmente son lápiz y tinta, con algunas acuarelas, gouache y hasta collage. Sus dimensiones suelen ser pequeñas o medianas. Sus motivos giran en torno a hombres en la plaza, modelos sentados, posando, muy pocos desnudos, maternidades, lectores, grupos de familias, trabajadores e individuos en descanso, entre otros. Tiene igualmente muchos apuntes y dibujos de ciudades, sobre todo del exterior.
La obra de Petrovszky enriquece nuestro patrimonio cultural. Su exposición en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo permitirá a otros aproximarse a su humanismo y, tal como decía María Elena Ramos (en 1984), "sentir visualmente".
BÉLGICA RODRÍGUEZ
