Exposición Individualjul 1993 - ago 1993· Por Carol Damian

Grimanesa Amoros

Javier Lumbreras Fine Art

El viaje que inspira esta serie de pinturas recientes de la artista peruana Grimanesa Amoros es un viaje en el tiempo y el espacio; no sólo el tiempo y el espacio de la artista como pintora, sino el tiempo y el espacio de la existencia. Fascinada por la evidencia histórica y geológica según la cual hace millones de años los países de la Tierra habrían estado unidos en un único continente, en especial la idea de que África y Suramérica alguna vez estuvieron juntas, Grimanesa Amoros reduce a la humanidad a criaturas primigenias, sometidas a sus instintos básicos y en unión con la naturaleza. Su estilo es insolente, texturado y expresivo. Los colores son puros y enérgicos.

El simbolismo es en ocasiones tradicional, incluso mitológico, pero en la mayoría de los casos personal.

Grimanesa Amoros utiliza toda la superficie de la tela para construir el entorno de sus criaturas y las actividades que realizan. Pintora antes que creadora de mitos, construye el pigmento en capas con rico gesto expresivo, siempre consciente de las relaciones cromáticas y de la estética de la composición. Estas complejas interrelaciones de formas y color surgen espontáneamente, como un encuentro, pues trabaja directamente sobre la tela en blanco con muy poco dibujo preliminar. Las últimas obras incorporan aún más una variedad de texturas; la tela sin tocar, capas fluidas de color y gruesos empastados. Ocasionalmente puede descifrarse dentro de la pintura el borde de un recorte de papel, como sucede con la muñeca de papel sumergida en pintura que aparece en El poder de la luz, obra dedicada afectuosamente a su tía Luz.

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El viaje es un tríptico de grandes dimensiones que puede considerarse como la obra predominante de la exposición, tanto por su poder expresivo como por su contenido simbólico. Establece el tema de la serie; en él aparece como protagonista una figura masculina que comienza apenas a tomar forma bajo la mirada vigilante de la mujer arquetípica, unida todavía a la roja tierra. El rojo vibrante del trasfondo, prehistórico y fogoso, asume la silueta de una masa de tierra contra la turbulencia del mar azul. Dentro de su vibrante energía surgen también otras formas. El trasfondo rojo podría leerse también como la figura de un animal o de un pez gigante; parecieran distinguirse formas fetales que emergen de su cuerpo (o de la línea de la playa); la figura del corazón desaparece en el rojo. La fuerza de la obra proviene precisamente del abanico de interpretaciones posibles y de su potencial de identificación personal.

La obsesión del amante está animada de energía sexual, pero de una manera ligera. Grimanesa comprende que parte de la vida es un encuentro con la sexualidad: "… la sexualidad está en todo lo que tocamos, en lo que vemos". Los encuentros sexuales ilustrados en su obra no son nunca ofensivos. Son vistos como interacciones entre el hombre y la mujer, en ocasiones entre los animales, "pues ellos también lo hacen".

La aparente indefensión del hombre y su dependencia de la mujer que siempre vigila son uno de los temas recurrentes de la serie. Hay también gestos eróticos destinados a reafirmar las relaciones y el proceso de propagación de la humanidad. Nunca se ve abrumada la obra por la seriedad de la intención o de la interpretación. Grimanesa parecería más bien sonreír a la debilidad de los hombres, ensalzar la fortaleza femenina. Hay cierto capricho en la forma como representa a los humanos como un cruce entre criaturas de ciencia ficción y tiras cómicas, similares en ocasiones a peces que se aventuran hacia el siguiente nivel de la evolución y en otras a extraterrestres. Con una energía casi espiritual, la artista crea un entorno mágico para su existencia.

*Traducido por Magdalena Holguín.

CAROL DAMIAN

Grimanesa Amoros, por Carol Damian | artnexus