Quizá haya sido necesario que estos dos latinoamericanos dejaran sus países de origen, el Uruguay y la Argentina, y se instalaran en París, entre "dos culturas" como dice Namer, para que este acontecimiento artístico, la proyección en imágenes luminosas gigantes de la Iconografía andina, haya tenido lugar en el Perú: en Cusco y Machu Picchu primero y en París después, en el contexto del quinto centenario del descubrimiento de América.
Claude Namer es un periodista franco-uruguayo, colaborador de Arte en Colombia, dedicado también, desde hace 10 años, a los medios de comunicación audiovisuales, organizador de festivales y creador de Fama,una organización cultural con sede en París.
Jorge Orta es un artista plástico italo-argentino, con estudios de arquitectura e interesado en las artes plásticas y visuales contemporáneas a través de sus nuevas tecnologías.
Ellos son los autores de este proyecto cultural-plástico, nacido en noviembre de 1991, que se realizó en Perú con el acuerdo y el apoyo de las autoridades francesas y peruanas y los artistas del país andino.
Allí se trasladaron durante los meses de junio y julio, junto con un equipo de 20 personas (que en Perú llegó a 100), casi dos toneladas de material y dos cañones de imágenes para proyectar los ideogramas creados por Orta.
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En Cusco, antigua capital inca y luego gran centro de la América española, durante la fiesta Inca del Sol (el Inti Raymi), proyectaron sus Imágenes luminosas gigantes en la Plaza de las Armas, sobre la catedral, el Cristo Redentor y las colinas de los alrededores, con un fondo de música andina concreta contemporánea y delante de un público de doscientas mil personas.
Luego intervinieron en la fortaleza de Sacsayhuamán, a 4.000 metros de altura, cerca de Cusco. Y finalmente en Machu Picchu: la mágica, inaccesible y sagrada ciudadela inca, quizá uno de los símbolos más fuertes de la cultura americana precolombina.
Allí la experiencia fue diferente, más íntima y laboriosa, por las dificultades de acceso, "una relación personal con otro tipo de espacio, encontrará una significación cuando pueda ser difundida de otra manera", dice Jorge Orta.
Estos signos proyectados son el futuro y la continuación lógica de un trabajo de investigación y de recreación comenzado por Jorge Orta hace casi 20 años, sobre la iconografía: signos y símbolos universales, que por su estructura polisémica permiten múltiples interpretaciones, creando un alfabeto de miles de signos que Intentan relatar la historia humana universal, desde el arte rupestre, pasando por los símbolos encontrados en los tejidos y en las cerámicas precolombinas, en la arquitectura, en los signos fundadores de la civilización europea, hasta la señalización urbana contemporánea y su proyección hacia el siglo XXI.
A través de este vasto y ambicioso proyecto vuelven estos signos a la América andina de una manera efímera "para no volar la pureza del espacio, ni la tradición cultural", continúa Orta, y pueden ser vistos por miles de personas gracias a la tecnología sofisticada de los cañones de imágenes de luz, técnica en la que Orta trabaja desde 1985.
Estos potentes proyectores electrónicos fueron creados por el grupo francés Contre-Jour, siendo su animador León Miguel.
Los signos y símbolos arquetípicos son tratados y reproducidos con una técnica compleja a través de la manipulación de la serigrafía y de la computadora (método infográfico) para llevarlos al mundo contemporáneo, así, son impresos en unas especies de macrodiapositivas en vitrocerámica que pueden resistir altas temperaturas, para ser proyectados sobre diferentes soportes: edificios o paisajes naturales, a una distancia de 1.000 metros y en diámetros superiores a 100 metros.
El tratamiento de los signos y símbolos plásticos y la elección del soporte en el que son proyectados —las figuras están en interacción con el fondo— constituyen una verdadera innovación en el mundo del arte.
Si la recreación de la cultura latinoamericana —"dar una respuesta contemporánea al arte prehispánico, mostrar que América Latina está viva", dice Namer— es uno de los objetivos de los autores, el otro es el de confrontar el arte con el público de la calle: dentro de la corriente de Land Art, del arte ecológico y del arte efímero de Christo. Una democratización del arte en definitiva, al intentar hacerlo comprensible al mayor público posible a través de los signos universales y sacarlo del círculo de las galerías.
El arte efímero de Orta y Namer se volverá permanente, materializable, a través de fotografías, del video, de la TV interactiva, de publicaciones y exposiciones itinerantes que tendrán lugar en 1993 en Europa y en América Latina.
Esta aventura humana, estética y ética, este ciclo artístico andino, terminó el 12 de octubre en París, en otro lugar simbólico y universal: el Palacio de Trocadero, frente al Sena y la Torre Eiffel, con proyecciones de signos andinos gigantes sobre el Museo del Claude Namer. Kombre durante la realización de la exposición: À la Rencontre des Amériques, reafirmando simbólicamente la relación entre los dos mundos: la América precolombina y el Occidente.
Jorge Orta y Claude Namer nos dan cita para una nueva proyección de imágenes gigantes sobre la Catedral de Chartres, ciudad hermanada con Cusco, en junio de 1993. Allí los signos y símbolos estarán inspirados en el mundo religioso occidental, en detalles internos y casi invisibles de la arquitectura, en relación con el soporte elegido.
Trabajarán con artesanos creadores de vitrales, utilizando el mismo método que ellos emplean para la creación de las macrodiapositivas; durante la proyección se podrá escuchar un concierto de órgano creado en función de las imágenes.
Los próximos proyectos en estudio se desarrollarán en Argentina, alrededor del tema del agua y el viento, en las Cataratas del Iguazú, glaciares y Antártida (El Continente Universal). En el sur de Italia, en el volcán Vesubio y posiblemente en Turquía, Capadocia.
HUGO MONTANARO
