Exposición Individualjul 1993 - ago 1993· Por Belgica Rodríguez

Antonio Ugarte

Galería Vía

Ligarte, venezolano nacido en 1961, pertenece a una nueva generación de pintores que aparece en la escena artística local desde principios de los ochenta. Su última exposición es una serie de paisajes en los que el agua aparece como una temática que plantea este fluido como elemento primigenio en la vida del ser humano y como parte de su entorno físico. Vista así, esta temática es vieja. ¿Pero qué tiene de importante el agua en la obra de este joven? Es un recurso para explorar un tratamiento plástico sobre la superficie de la tela, a la vez que es un elemento significativo con connotaciones misteriosamente dejadas detrás de la superficie para ser descubiertas por el que mira. El agua y los elementos que la enmarcan (fragmentos de plantas, de una piscina, etc.) son entonces, simultáneamente, objeto y sujeto. Partamos de la importancia de la superficie pictórica. Ella es fuertemente activa, dinámica. Las pinceladas vibrantes, casi caligráficas, expresan un movimiento implícito en el fondo de la tela y en el fondo del espíritu. Mientras más explícita es esta superficie en el nivel de las imágenes, la obra revela menos de su interioridad. En consecuencia, aunque lo parezca, el espectador no se enfrenta a un lugar común, sino a la esencia de ese “lugar-paisaje”, que puede ser un recodo de un río, el fragmento de una piscina o cualquier otro que haya llamado la atención del artista. En esta situación creada, el “lugar-paisaje” adquiere un carácter de profunda intimidad, de una intimidad casi religiosa. Frente a él, el espectador se comporta como un voyeur. Es el que atisba la realidad cotidiana por el pequeño orificio de una ventana y al mismo tiempo hurga en su interior para ver aquello que le parece accesible pero no lo es, porque es un reflejo de sí mismo. El misterio aparece implícito en el color azul vibrante. Las pinturas tienden a ser monocromáticas, otro de los aspectos aparentemente sencillos.

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La pintura reciente de Ugarte es una reinterpretación del viejo impresionismo, pero no a la manera de los artistas paisajistas venezolanos de principios de siglo, como tampoco a la manera de la generación que comenzó a ocuparse del tema en los años setenta, resemantizándolo para sacar de él la expresión de su más íntima esencia. El primero fue un paisaje con connotaciones naturalistas, bucólicas; el otro fue (y todavía es) un paisaje expresionista, violento a veces (el Indio Guerra), contenido otras (Vásquez Brito). En el caso de Ugarte podríamos decir que se trata de un paisaje minimalista. En él, las pinceladas contenidas y expresivas, colocadas y distribuidas sobre la tela con gesto amoroso y sentido romántico, abren un camino hacia la propuesta de un paisaje simbólico. Para el que mira, lo que ve le es conocido, pero al mismo tiempo le es abstracto y no referencial. La densidad de la superficie sobre la que juegan el color y la luz sin la colaboración del dibujo tiene un valor conceptual. El artista dibuja y estructura sus formas con el color y la luz. Para Ugarte, el elemento formal, la luz, es fundamental (antecedente en Reverón y los impresionistas). Con la luz y el color, o viceversa, se luce creando tensiones plásticas y profundo magnetismo estético.

BÉLGICA RODRÍGUEZ

Antonio Ugarte, por Belgica Rodríguez | artnexus