Exposición Individualjul 1993 - ago 1993· Por Víctor Guédez

Antonio Lazo

Galería Garcés Velásquez

Los espacios de la Galería Garcés Velásquez albergaron, en febrero de este año, una muestra individual de Antonio Lazo, prestigioso artista venezolano residenciado actualmente en París.

Luego de su exposición en Caracas, durante 1991, en donde respondió con extraordinaria seguridad al desafío de poner a vibrar la totalidad de los espacios del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber (MACCSI), ahora el artista retorna a Latinoamérica y específicamente a Bogotá para presentarnos unas sugestivas resoluciones que se solventan a partir de la combinación de simplificaciones formales y de ahondamientos espirituales.

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Las aludidas simplificaciones no sólo se manifiestan a través de la austeridad de los códigos expresivos, sino, fundamentalmente, por la economía de los registros cromáticos y por las sutiles esquematizaciones compositivas. Por su parte, el ahondamiento espiritual se recoge en unas atmósferas que nacen en el texto de cada cuadro pero que se expanden sobre todo el contexto del espacio que las cobija, desde donde es imposible eludir la conmovedora presencia de un contenido místico-religioso. Esta conjugación de lo simplificado y lo espiritual se comprende mejor a través del apoyo que nos proporcionan testimonios como los siguientes: Italo Calvino aseveraba que "la profundidad hay que esconderla en la superficie"; por su parte, Antonio Porchia exclamaba: "lo hondo, visto con hondura, es superficie"; finalmente, Bergson decía que los espíritus profundos siempre ven las cosas con profundidad.

Pues bien, esos aforismos proporcionan interesantes pistas para entender unas obras, en las cuales el artista demuestra que su identificación con la temática espiritual no se agota en un conocimiento ni se desprende de una superficial experiencia. Por el contrario, estas realizaciones expresan una vivencia enraizada, es decir, afloran de algo que fluye misteriosamente y que el artista vive con una intimidad que no puede transferirse y que tampoco puede traducirse verbalmente. Las esencias de estas vivencias se apropian de cada cuadro y reclaman del espectador una aproximación más intuitiva y efectiva que racional o visual. Lo místico siempre es diferente a lo observable y a lo palpable; más bien, es huidizo y etéreo. Precisamente por eso se filtra por intersticios y penetra a través de vías clandestinas e impensables.

A partir de tales explicaciones se entiende que los fundamentos de profundidad que nos plantea Antonio Lazo se tradujeran en unas curiosas resonancias metafísicas y en unos envolventes efectos magnéticos: siempre se promueve la convocatoria para una relación silenciosa y solemne con cada obra. Realmente, los espectadores no pueden escapar de esas demandas secretas y enigmáticas, como tampoco pueden disimular la curiosidad por encontrar las pautas para recodificar aquello que visualmente aflora como algo sencillo y asequible. Hay palabras que se desglosan en sus sílabas o en sus letras; existen bloques saturados y transparentados; asimismo, se aprecian trazos sueltos y garabatos borrosos; de la misma manera, hay huellas removidas; también se observan códigos diferenciales que, a la manera de símbolos, siempre terminan por revelar lo que ocultan y por disimular lo que muestran. En definitiva, el artista logra dejar un pedazo de espíritu en cada obra y por eso ellas hablan a través de un lenguaje insondable.

Las razones descritas permiten entender la imperativa intimidad con la cual estas piezas nos convocan y provocan. Más que la experiencia derivada de los repertorios visuales, las ejecuciones de Antonio Lazo incentivan una exhortación secreta y singularizada. No es fácil racionalizar las espectrales y anfibológicas imágenes que se avivan con esa absorbente interacción. Ciertamente, nuestro artista demuestra, con esta exposición, que la autenticidad y la profundidad se vinculan de manera recíproca: él ha alcanzado una autenticidad como consecuencia de un insobornable proceso de profundización, pero, asimismo, ha conquistado una profundidad debido a una afanosa búsqueda de autenticidad.

VÍCTOR GUÉDEZ

Antonio Lazo, por Víctor Guédez | artnexus