Exposición Individualjul 1993 - ago 1993· Por John Angeline

Andrés Serrano

Galería Paula Cooper

Estetizar lo desagradable no es nada nuevo. Al menos desde la época en que Caravaggio sacralizaba a las prostitutas ahogadas como figuras de la Virgen María, los artistas no sólo han intentado capturar las duras realidades de la vida, sino hacerlo de manera que transformen lo feo y repugnante en objetos dignos de contemplación e incluso de deleite. Y si bien a menudo la obra de arte que trata temas indelicados cae dentro del campo del arte políticamente comprometido o airadamente expresionista, esto no siempre sucede, como podemos apreciarlo en la serie Disaster de Andy Warhol o en la obra del cineasta Peter Greenaway.

Andrés Serrano es otro artista que no teme mirar el lado oscuro de la existencia cotidiana, ni obligarnos a hacerlo también. Al utilizar la fotografía como medio, Serrano ha construido su carrera enfrentándose sistemáticamente a todos los grandes temas: el racismo, la inequidad social, la religión y, ahora, la muerte. Su reciente exposición en la Galería Paula Cooper, The Morgue (Causes of Death) (23 de enero - 20 de febrero de 1993), está compuesta de nueve láminas en Cibachrome, en gran formato, de cadáveres ampliados. Serrano obtuvo la autorización para entrar a una morgue sin identificar, donde pasó seis meses tomando fotografías de los muertos recién llegados, identificados en los rótulos de las paredes únicamente por la causa de su muerte. Los individuos son tan diversos como sus destinos; niños caucásicos, ancianas negras, personas asesinadas y suicidas.

[[IMAGE]]

Serrano, acertadamente, no puede ignorar el SIDA en este muestreo, pero por fortuna no concede a esta enfermedad más atención que la dedicada a otras fatalidades; la muerte, independientemente de lo que signifique, sigue siendo la muerte.

El problema, desde luego, es que la muerte, incluso en su universalidad, no es nada nueva, pero posee todavía el poder de perturbarnos o atemorizarnos; obliga a muchos de nosotros a pasar buena parte de nuestras vidas intentando hallar maneras de enfrentarla o respuestas a sus misterios. Serrano no hace esfuerzo alguno por ayudarnos a comprenderlo. A pesar de negar que manipula el objeto de la fotografía, el muerto por asfixia ya tenía un crucifijo colgando del pene, la persona que se suicidó con raticida ya tenía las manos en el aire; no hay duda de que sus obras evidencian una trama artística y un refinamiento técnico. El uso controlado de la luz, el telón de fondo negro, el dramático acercamiento y ampliación de estos cuerpos “impertérritos”, así como los intensos colores característicos de las láminas de Cibachrome, muestran el cuidado invertido en hacer de estas composiciones algo tan agradable como sea posible. El efecto es asombrosamente bello pero extrañamente frío; el tema sigue siendo la muerte, pero sólo como una abstracción, y las figuras se ven reducidas a objetos cuidadosamente exhibidos. En última instancia, el elemento humano desaparece.

Lo anterior no niega en manera alguna la fuerza de estas imágenes. Cada fotografía individual es perturbadoramente elegante y, a pesar de sus abrumadores elementos, preserva en conjunto una discreta sutileza. Como grupo, su efecto es innegable, pero como lo atestiguan las reacciones de quienes visitan la galería, es más aterrador que visceral. El esfuerzo por obligarnos a contemplar nuestra propia mortalidad no está descaminado, pero cuando el método utilizado incluye la presentación artística de una víctima que ha sido acuchillada o el crear una especie de paisaje con la víctima de un incendio, las obras evocan, más bien que la mortalidad, naturalezas muertas. Y Serrano, en lugar de ofrecernos una serie de imágenes que nos permitieran explorar el hecho más ineludible de la condición humana, nos ha suministrado más bien otro ejemplo de cómo cualquier tema, por horripilante o grotesco que sea, puede tornarse aceptable en manos de quien lo manipula con maestría.

*Traducido por Magdalena Holguín.

JOHN ANGELINE 

Andrés Serrano, por John Angeline | artnexus