La memoria del Holocausto en el cuerpo social colectivo es quizás uno de los temas más problemáticos de representar en las artes visuales, debido a sus dilemas estéticos y morales. La frase de Adorno “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie” marcó el comienzo de dicha disyuntiva, y desde entonces, la “representación de lo irrepresentable” se ha vuelto materia de estudio tanto para intelectuales como para artistas.
Nacido en México e instalado en Los Ángeles desde hace una década, Yishai Jusidman (49) pertenece a una generación no directamente relacionada con el Holocausto. Contrario a lo que se pudiera pensar sobre la abundancia de su representación, el artista ha descrito su contexto geográfico y generacional como temeroso o simplemente desinteresado respecto al tema. En su última serie de pinturas, titulada Prussian Blue–Memory after Representation, Jusidman pretende intervenir en dicho silencio, y por lo mismo, asimilamos su emplazamiento en Americas Society.

Inspirado en la escritura de Primo Levi y en el trabajo cinematográfico de Claude Lanzmann, Jusidman evoca a la memoria evitando el sufrimiento individual y la representación abstracta del dolor. Desde un lenguaje directo contrario al sentimentalismo, el pintor genera en la experiencia del espectador una reflexión sobre el trauma colectivo, sobre la memoria de todos. Dicha experiencia es posible gracias a la correlación connotativa entre la materialidad de la pintura y la imagen representada, operación esencial en la obra del autor que, desde su serie The Astronomer, en 1989, ha desarrollado un trabajo crítico y propositivo frente a los problemas específicos de la práctica pictórica contemporánea.
Curada por Gabriela Rangel, la exposición se compone de doce pinturas acrílicas realistas basadas en fotografías que han circulado desde los Juicios de Núremberg sobre los campos de concentración. Diez de ellas son tanto verticales como horizontales y de formato medio, y representan cámaras de gas; las otras dos son cuadradas y de gran formato, y representan, una, el interior de un espacio arquitectónico, y la otra, un árbol a contraluz. Además, el artista ha instalado un escritorio con catálogos visuales y documentos literarios sobre la representación de la memoria.
En la primera sala de la galería nos encontramos, a la izquierda, con los catálogos, y a la derecha, con el texto curatorial, y al frente, con una de las pinturas de gran formato. Titulada Haus der Kunst, la imagen representa una galería de arte inaugurada en Múnich en 1937, bajo el régimen nazi, para exhibir “El gran arte alemán”. Sin embargo, no hay allí cuadros que pendan de sus paredes ni visitantes que los observen, sino un espacio arquitectónico vacío y teñido de azul. Silencio. En Prussian Blue–Memory after Representation las pinturas, que ontológicamente son silenciosas, no hacen otra cosa que graficar un silencio tan directo que por lo mismo se vuelve elocuente.
Al representar la primera imagen una galería, comprendemos que la serie se trata de la relación entre arte, trauma y memoria. Dicha relación opera en este caso desde la pintura; un medio que por sus especificidades puede “evocar sentimientos y no solamente indicarlos”. Así, nos introducimos en la segunda y tercera sala; y así, observamos las pinturas de cámaras de gas. Tituladas de acuerdo al campo de concentración al que pertenecieron (Auschwitz, Dachau, Majdanek y Stutthof), más el año de su construcción pictórica (de 2010 a 2012), la mayoría de las veces se trata de espacios interiores húmedos con respiraderos y drenajes construidos con hormigón o baldosas. Otras veces, como en Auschwitz, 2010 y 2011, observamos espacios misteriosos determinados por puertas rígidas y ásperas que definen el formato vertical de la composición. Finalmente, en obras como en Stutthof, 2011, la arquitectura de ladrillo en un paisaje de nieve representa las marcas de la historia en el exterior de una cámara de gas.
El espacio cromático en estas pinturas es también monocromo; se trata en la serie de Jusidman de un todo siempre azul. Con esto, el artista alude a las marcas azul de Prusia que se encontraron en las paredes de ladrillo de las cámaras de gas, por el uso del producto químico venenoso Zyklon B. A su vez, para dar la sensación de una cortina de vapor, Jusidman introduce talco de dióxido de silicio en la pintura, pues era aquella la sustancia usada en los perdigones en donde se introducía el gas a las cámaras. El tercer material son los tonos carne utilizados convencionalmente para la prestación de los tonos de la piel. Así, el dolor y desconcierto de las pinturas de Jusidman existen por la presencia pictórica y por lo que representan. El espectador entonces, se relaciona con la serie desde un “silencio elocuente”, reflexionando sobre el trauma en el cuerpo social colectivo y sobre el poder estético de la pintura.
FLORENCIA SAN MARTÍN
