En
los últimos quince años su preocupación artística se localiza en la pregunta de
la experiencia individual y su relación con los discursos públicos e históricos
que narran hechos colectivos. Ya desde pequeña —viviendo su infancia y
adolescencia como extranjera en Brasil y Paraguay— existe en Jarpa una
conciencia histórica que la hace involucrarse con Chile. Hay en ella una
inexperiencia en la vivencia concreta en el país que se contrapone al relato
familiar permanente de Chile como lugar de origen.
Está experiencia dislocada de enfrentarse a un territorio físicamente desconocido, y a la vez a discursos estudiados y aprendidos, hacen que en su retorno a Chile, su preocupación artística como estudiante de arte en la universidad ya concentre su mirada sobre la experiencia personal y el discurso oficial. Una especie de cuestionamiento entre el discurso colectivo y la vivencia de éste como acontecimiento histórico.
En su pintura, en los años noventa, Jarpa centró su atención en los terrenos baldíos de la ciudad de Santiago. Con una serie dedicada a los sitios eriazos, la artista instaló el cuestionamiento sobre estos espacios marginales insertos en el medio de la ciudad. Lugares que ante la vorágine de la creciente ciudad, se transformaban en espacios intersticiales que aparecían como paréntesis habitacionales, abordados como espacios marginales de la información y escarbados desde la historia local. Develar esta situación fue su estrategia reflexiva y pictórica, que enfatizó en poner temas como precariedad y abandono desde la visualidad del arte. Estos sitios —como señala en una entrevista— “se transforman en símbolos de mi pregunta por querer saber qué ha ocurrido en este lugar, y que posteriormente observo como síntomas mudos de lo reprimido en la narración de la historia reciente de Chile”1.

Junto a esto, símbolos patrios como la bandera nacional, bustos de héroes nacionales, e incluso la mediagua —vivienda social básica—, se transformaron en iconos de su discurso artístico y en soporte pictórico para su obra. Ya empezaba a aparecer la temática de la historia pública y privada en relación con los discursos históricos oficiales.
Es por este período que la artista encuentra en un antiguo libro dos imágenes de mujeres histéricas, que le llaman profundamente la atención, y empieza una etapa de investigación freudiana sobre la condición de la histeria; estas imágenes que ella llama “las histéricas” comienzan a ser estrategia recurrente en sus trabajos y empiezan a formar importantes vínculos con la historia. Aparecen en escenarios republicanos asociados al paisaje citadino entremezclados con los sitios eriazos característicos de su pintura en ese período. En este descubrimiento de la histeria, no hay sólo un interés psicoanalítico, sino que también se genera un interés por la historia de la histeria, en la cual Jarpa llega a descubrir su origen en el Hospital de La Salpêtrière, bajo los estudios de Jean-Martin Charcot. Desde aquí, la obra de Jarpa enlaza estos asuntos relativos a la histeria, utilizando de diversas maneras las imágenes de mujeres histéricas, e inicia una vinculación con hechos relevantes de la historia de Chile.
Esta permanente investigación en torno a la historia y la histeria llega a sugerir un nuevo trabajo a partir de la publicación, en 1998, de los archivos desclasificados de la CIA (Central Intelligence Agency) sobre asuntos relacionados con Chile durante el período de 1968 a 1991, donde los conceptos de historia/histeria se refieren a la censura material y caos de la información2 desatados por esta revelación de la información silenciada.

Abriendo la caja de Pandora3
Este reciente interés de enfocarse en el uso del archivo como material para su obra, específicamente en los archivos desclasificados de la CIA, no sólo se devela a la artista como una aproximación histórica, sino también visual. Los documentos que se hallan tachados con diferentes franjas negras a través de una página, impidiendo su legibilidad, cargan con la historia oculta de Chile desde los tiempos de la dictadura militar y se revelan como visualidad de esa historia silenciada y censurada.
Una de sus primeras estrategias de visibilidad para estos archivos ha sido la obra La Biblioteca de la No-Historia (2010-2012). Una primera versión exhibía esta biblioteca en tres sucursales de la Librería Ulises —librería comercial de Santiago de Chile. Allí, de manera publicitaria, se ofrecía que el público se llevara un libro gratuitamente con la “historia jamás contada de Chile”4, a cambio de responder la pregunta ¿Qué va a hacer usted con este libro? Para Jarpa, este era un asunto primordial y que completaba la obra; la historia oculta estaba siendo develada y puesta en circulación, y entonces, ¿cómo afectaría esto a la reescritura de nuestra historia?; ¿existiría ese espacio para repensar los hechos y cuestionarse el curso de los acontecimientos ya oficializados?

Si nos aproximamos a la estrategia de revelación que la artista está haciendo frente a los archivos desclasificados, podemos mencionar otros artistas, cuyas operaciones han concentrado su interés en ideas similares. La británica Rachel Whiteread ha desarrollado el proyecto memorial del Holocausto en la ciudad de Viena (2000) donde, a través de un volumen escultórico situado en una plaza pública, ha instalado una habitación impenetrable, cuyos muros emulan ser las estanterías de una biblioteca. Esta biblioteca, completamente cubierta por cientos de libros idénticos, no expone los lomos de cada libro, sino que vemos la parte opuesta, la de las páginas, donde su contenido nos aparece ocultado. Además, este volumen-habitación posee unas puertas que resultan también inaccesibles; por lo tanto, el vacío y la repetición de las estanterías con libros buscan conmemorar la pérdida de 65.000 vidas en el Holocausto, y la forma silente en la que Austria ha sido partícipe de esta tragedia. Los libros simbolizan las historias que fueron cesadas y que quedaron ocultadas bajo el horror de la persecución.
Otro artista que investigó las conspiraciones y nexos políticos para dar forma a su obra fue el norteamericano Mark Lombardi, quien a través de sus cartografías puso de manifiesto las conexiones y vinculaciones de las esferas de poder relacionadas con el Gobierno de Estados Unidos y otros países, en especial los países de Medio Oriente. A través de mapas conceptuales de relaciones va exponiendo la información investigada por medio de internet y de comunicaciones personales con agentes involucrados. Una obra así desestabiliza las políticas públicas, en cuanto se revelan informaciones que los gobiernos estiman como clasificadas. Lombardi, quien falleció en el año 2000, denunció los abusos y usos del poder tanto político como económico, generando alto impacto e interés por su trabajo artístico.
Estas intenciones de visibilidad que los artistas usan en sus obras son formas de reclamar los espacios de expresión que permite el arte y que las políticas desean ocultar.

La situación latinoamericana
De su participación en la 8ª Bienal de Mercosur (2011) surge la obra La No-Historia, la cual ya no sólo rescata archivos des-clasificados de la memoria de Chile, sino también de países del Cono Sur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Con ello, Jarpa logra transgredir los límites territoriales oficiales que suele imponer el discurso histórico. Acá la historia está entre-mezclada; tal cual ocurren los hechos, se transforma en continental, se busca a alguien en Chile, se fuga a Argentina y se le detiene en Brasil. Este intento de reconstitución de la historia se encuentra en libros dispuestos en un librero tumbado en el suelo y retroiluminado. A partir de ese momento, la carrera artística de Jarpa despega y su circulación internacional se intensifica; este mismo peregrinaje de país en país montando muestras o desarrollando proyectos hace que la artista abra su enfoque hacia asuntos de historias ocultas, ya no sólo en su país de origen, sino también historias silentes alrededor del mundo.
Minimal Secret (2012) es una obra que presentó como un Solo Project en la Feria de Arte de Madrid ARCO 2012; se instalaba como un conjunto de láminas flotantes, donde parecía que la tinta negra de cada página del archivo se solidificara y fuera removida de la página dejando el blanco del papel como espacios transparentes que permiten el paso de la luz y su reflejo aumentado al muro (debido a la distancia). En el espacio de exhibición flotan estos volúmenes semitransparentes contenedores de la verdadera historia, ocultada y a la vez revelada, expuestos para ser observados, con la intencionalidad de generar una nueva escritura, una posibilidad de que aparezcan para reescribir el relato histórico velado por la oficialidad del discurso.

La Biblioteca de la No-Historia continuó en circulación, y nuevas versiones y readaptaciones fueron desarrolladas en diferentes contextos y países: Kunstmuseum (Berna, Suiza, 2011); XII Bienal de Estambul (Turquía, 2011) y Printemps de Septembre (Toulouse, Francia, 2012). En todas ellas se regalaron ejemplares de los libros editados, con la misma condición de recibir el feedback de los espectadores que se llevaban un ejemplar, pero el contenido ya no sólo apuntaba a Chile, sino que combinaba las nuevas investigaciones de Jarpa en torno a los archivos del Cono Sur.
El material recopilado hasta ahora, con las respuestas de públicos internacionales, ha despertado en Jarpa nuevas inquietudes. Hay algo que se conecta entre la censura de los textos tachados y la imposibilidad incluso de comprender ciertos idiomas de los que ha recibido respuestas. Hay un distanciamiento y también una estrategia de poder asociada a esta torre de babel que hace que ciertas ideas sean comprendidas o no, a través de los múltiples idiomas, provocando veladuras de comunicación que parecen portar una barrera inherente a la circulación de la información. Aun así, a través de esta experiencia, Jarpa ha podido comprobar que la historia de lo local, contenida en estos archivos chilenos y latinoamericanos, se logra permeabilizar con las estructuras históricas y de poder de otros continentes; códigos como la censura y el discurso oficial se conectan universalmente generando el interés y la conciencia del espectador en relación con este ocultamiento develado.

Es justamente con la obra presentada en la muestra titulada La Historia es mía!, curada por Paul Ardenne en Toulouse (Francia), donde Jarpa realiza una operación conceptual diferente a la acostumbrada. Esta vez la artista incluye la experiencia anterior de interacción con el espectador a través de las fichas recolectadas durante los últimos dos años, con las respuestas acerca del uso que el receptor le daría al libro, y esta vez compone los libros utilizando esas reflexiones, más los archivos desclasificados. Con ello, se genera la intención de exponer cuál es el rol que desempeñan estas personas poseedoras de esta información, cómo afectará a sus vidas y cuál es finalmente su visión del mundo en qué vivimos. En palabras de la artista, “Tiene que ver con dimensionar la escala de uno como ciudadano frente a la información histórica que circula o que está oculta; y las respuestas que he recibido tienen que ver con poner en valor esa relación subjetiva que podemos establecer con la historia”.
Hoy, Voluspa Jarpa trabaja en su próxima obra, titulada Litempo, que contiene archivos de diferentes agencias que esclarecen la operación realizada por Estados Unidos en México. Esta obra es “una metáfora a la maquinación de las élites latinoamericanas y los intereses norteamericanos que operan en secreto y se mantienen impunes”5. Su camino de hacer visible lo que está invisible por medio del arte continúa y se expande como una forma que reclama el derecho a la información, en contra de las censuras adoptadas por los espacios de poder.

La vida cotidiana está llena de actos de invisibilidad, y muchas veces nos enfocamos sólo en aquello que deseamos ver. En las relaciones de pareja, no vemos los errores que se cometen; en el maltrato familiar, se justifican actos violentos o injustos, porque el lazo familiar de padres a hijos o cónyuges es más fuerte, en violaciones, por temor a las consecuencias.
En la historia, especialmente en países que no tienen niveles culturales altos, la población tiende a creer y absorber lo que se le da de primera mano, y no siempre cuestiona esto, menos así la historia de un país, de un continente o, incluso, del mundo. Sin embargo, la obra de Jarpa intenta conducir al espectador a reflexionar sobre estos asuntos, sin la intención de transformarse en una activista política, sino desde la definición propia de ser artista y desde la visualidad que esto le ofrece.
El material que ella usa para sus obras está disponible para cualquiera en la página web oficial de la CIA; estas páginas de documentos desclasificados están a disposición del público desde 1966, por la quinta enmienda que establece la FoIA (Freedom of Information Act), la cual es una ley para la libertad de información que garantiza el derecho al acceso de la in-formación federal del Gobierno de Estados Unidos.
Nos preguntamos, entonces, ¿qué tantos son la flojera o el desinterés de los ciudadanos por estudiar esta información? Y al mismo tiempo aflora claramente la estrategia principal de la artista; ella los convierte en libros, que son una forma más cercana y familiar de acceder a la información, y que además hacen evidente la conexión de los documentos temáticamente por las actividades (casos/operaciones) llevadas a cabo por más de veinte años, en el caso de Chile. Si bien dije que ella no es una activista política, sí concuerda con el statement de Philip Agee, cuando señala en su entrevista en Alternative Views, en 1995, que una de las cosas que más le aterra es “la subversión y derrocamiento de gobiernos civiles electos democráticamente y el reemplazo de éstos por dictaduras militares altamente represivas que institucionalizan la tortura y desaparecen personas”6.
Es indudablemente admirable la capacidad de investigación y de reflexión que posee esta artista, y el ser tan determinada en las convicciones de su vida, sabiendo la profundidad y verdad de su afirmación respecto a que la historia de América Latina debería ser escrita otra vez con muchas correcciones.
Pero lo que más impacta, además de su obra, es la integridad de Voluspa Jarpa como ciudadana, profesora y artista, quien ejerce gran influencia en sus estudiantes universitarios, que se están formando como artistas, a quienes inculca una fuerte visión crítica sobre la realidad nacional y latinoamericana.
NOTAS
1. Entrevista realizada por el autor en julio de 2011 y publicada en http://bienalmercosul.siteprofissional.com/blog/entrevista-voluspa-jarpa/.
2. En entrevista con la artista, mayo de 2012, difundida en publicación independiente, Historia /Histeria, Chile, 2012.
3. Este subtítulo hace alusión a un comentario citado en la tesis de grado de la artista. En las negociaciones para convencer al expresidente Clinton de desclasificar los archivos aparecieron opiniones significativas: “Enjuiciar a Pinochet, dijo un antiguo funcionario de inteligencia al New York Times, equivalía a abrir la ‘caja de Pandora’ de la historia”. Al mismo tiempo, la artista titula una de sus obras La caja de Pandora, en 2012.
4. Leyenda inscrita en los exhibidores de libros dispuestos en la librería Ulises.
5. Statement escrito por la artista, enviado vía e-mail al autor en marzo de 2013.
6. Philip Agee, entrevistado en el programa Alternative Views, grabado en 1995. Sitio visitado el 1º de marzo de 2013, http://www.youtube.com/watch?v=nvZQa0hkfgw.
ALEXIA TALA
Directora Artística de Plataforma Atacama - Arte y Lugar.

