Exposición Individualjun 2013 - ago 2013· Por Richard Leslie

Tania Bruguera

Queens Museum of Art

Irónico, ¿verdad? En una época en que la ubicuidad de las imágenes le permite a todo el mundo reclamar el manto del arte, una respuesta importante de los artistas y emprendimientos artísticos es imbuirse del mundo cotidiano de todos y para todos. Es obvio que este no es el primero de esos intentos, pero, por lo general, se está produciendo algún tipo de revolución. Pensemos en los productivistas rusos o en el fervor que siguió a la Revolución Mexicana, la Bauhaus o el populismo estadounidense de la década de 1930. Pero ¿en qué se diferencia el ímpetu de hoy del modernismo de vanguardia temprano? La respuesta parece ser (esperamos) más contundente a largo plazo pero con mucho por recorrer todavía. El laboratorio que inició la artista cubana Tania Bruguera es parte de esa exploración.

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Tania Bruguera. Arte Útil Grupo de Trabajo “conformación de la esfera pública” facilitado por Damon Rich. Cortesía del Queens Museum of Art.

La frase “arte útil” es un tema de vieja data para Bruguera. El Arte Útil Lab no es una exposición sino un proceso, y no para uno sino para múltiples artistas, espacios y proyectos cuya escenificación temporal de la primera de tres fases se encuentra en la actualidad en el Museo Queens. Las otras dos fases se realizarán en forma más amplia en el futuro. La segunda seleccionará, durante la primavera, tres residencias de artistas en el “Movimiento Inmigrante Internacional” de Bruguera, un centro comunitario ubicado no lejos del museo. Y terminará, si es que termina, en otoño, en alguna especie de instalación en el Van Abbemuseum de Eindhoven, en Países Bajos.

La primera fase consta de dos partes principales pero, típico de los proyectos de Bruguera, cada una de ellas tiene múltiples secciones y continúa con experimentos pasados, a la vez que está diseñada para continuar en múltiples futuros. El componente físico más concreto es la llamada Biblioteca, que en la actualidad es una colección de objetos emblemáticos, y documenta proyectos socialmente diseñados muy conocidos y otros menos conocidos elaborados por aquellos a los que Ricardo Domínguez, residente en San Diego, California, llama “artivistas”.

El proyecto de más infausta memoria de su colectivo, el Electronic Disturbance Theater (EDT), cuelga de la pared, con su inocua quietud enfrentada a los juicios federales, a manera de protesta. El Transborder Immigrant Tool es un teléfono celular programado con el software del colectivo y un sistema de GPS diseñado para suministrar información sobre posicionamiento global, y dónde se puede encontrar agua; está diseñado para quienes cruzan a pie la frontera entre México y Estados Unidos. Un documento elaborado en forma de tabla contiene literatura e imágenes del Row House Project en Houston (Texas), diseñado por Danny Samuels y Rick Lowe, http://projectrowhouses.org/, que proporciona viviendas comunitarias de bajo costo que incorporan espacios públicos y preservan las relaciones históricas de la comunidad.

Con fecha más reciente, ellos (quizás sin proponérselo) ofrecen un contraste a la forma en que el arte activista funcionó antes. Homeless Vehicle Project (1988-89), de Krzysztof Wodiczko, era un vehículo construido como un refugio callejero móvil que brindaba espacio y elementos para dormir y bañarse, y también para almacenar botellas. Aunque se suponía que era utilitarista y había sido codiseñado con el aporte de habitantes de la calle, funcionaba más como un símbolo indexado al darle relevancia visual a un problema social a menudo escondido (y vergonzoso). La antigua y más característica función de los objetos “de arte” con conciencia social ha evolucionado hasta convertirse en los proyectos, más desafiantes pero menos dramáticos, desde el punto de vista del arte, a los que Bruguera y el Museo de Queens otorgan todo su apoyo.

En la actualidad hay en la Biblioteca por lo menos otros nueve proyectos semejantes, incluida una copia del libro más reciente de Tom Finkelpearl, What We Made: Conversations on Art and Social Cooperation. Como director de museo, su influencia también se siente en el hecho de que el Museo Queens haya separado la programación pública de los programas educativos de extensión, más característicos de los museos. La directora de Eventos Públicos, Prerana Reddy, se enfoca en los compromisos con la comunidad, trabajando con proyectos de artistas cerca del museo, y como parte de su personal tiene a un organizador comunitario de tiempo completo que trabaja con organizaciones comunitarias y pone en contacto a artistas y productores culturales. Este papel del museo como asistente social y plataforma es único y visionario.

La otra sección de la primera fase, los laboratorios, es más discreta, aunque de mucho más alcance. Una serie de paneles y cuatro grupos de trabajo diferentes fueron las conversaciones más pragmáticas y refrescantes que haya escuchado en mucho tiempo, debido a su compromiso con problemas y proyectos de la vida real y su reconocimiento simultáneo del importante papel que desempeñan los artistas al colaborar en la iniciación y el apoyo a proyectos públicos mientras, al mismo tiempo, enfrentan sus límites, peligros y consideraciones de tipo práctico. Esta no es la tan cacareada (y bastante interesada) “teoría de la clase creativa” de principios del siglo XXI sino una mezcla de antiguas coaliciones vanguardistas y un capital humano más amplio, más consciente de los problemas inherentes al hecho de evitar las directivas verticalistas o el caos ascendente, y el darse cuenta de las dificultades de mantener la sostenibilidad. Es, como deberían ser los laboratorios, una comprobación de hipótesis basada en modelos actuales y protocolos evolutivos. Los participantes presentaron y debatieron proyectos actuales y se reunirán dentro de algunos meses para reexaminar y presentar hipótesis transformadas para que el público haga sus comentarios.

RICHARD LESLIE

Tania Bruguera, por Richard Leslie | artnexus