El artista cubano Ofill Echevarría presentó en México (Abril 2013) su exposición titulada MOMENTUM. Para hablar de Ofill, se hace necesario conceptualizar su poética, a partir de un corte temporal de su obra, colocando como centro una iconografía que ha estado marcada por una intención conceptual, ya que su discurso siempre reflexiona sobre los fenómenos masivos y en sentido general sobre la sociedad.
Actualmente Ofill vive en Nueva York, por ello, resulta prudente acotar en su obra los signos de la sociedad transmoderna, que impacta por su arquitectura urbana, la cual obliga a sus habitantes a transitar en grupos anónimos, se trata de espacios expulsivos, no amigables definidos por el antropólogo francés Marc Augé como no-lugares, que marcan un perfil de no identidad.

Puede que su mirada como emigrado –al igual que la de otros artistas que trabajan temas cercanos como es el caso del cubano Alexandre Arrechea– provoque el interés en temas no frecuentes para los lugareños, que participan en este abrumador crecimiento de los espacios de paso, en los que la gente no intercambia sonrisas, ni palabras. Un no-lugar es una autopista, una habitación de hotel, un aeropuerto, un supermercado. No importa el sitio, es un espacio de soledad, de indiferencia, lugar de tránsito para la consecución de metas y el modo de cohabitar mediante una presencia anónima.
Ofill se concentra en su meta, brindar y fabular testimonios. En muy pocos casos en su obra, se puede vislumbrar el lugar. Este se difumina en su pintura, favoreciendo el protagonismo del sujeto, el cual se enfunda en una tiranía simbólica de vestuarios y accesorios que lo presentan como monótono y programado.
Representa grupos anónimos, o personalidades a las que roba un instante de sus vidas, edificios multifamiliares cohabitados por personas que con un sentido fantasmagórico, nos hacen resumir sus vidas bajo el término de identidades parecidas.
En la obra pictórica de Ofill, predominan gamas de negros, grises, blancos, que impactan con su presencia las alusiones temáticas presentes en cada obra. Se trata de imágenes pictóricas que desdibujan la anécdota, y títulos -casi siempre denotativos- que configuran una narrativa del ahora. En los títulos se advierten estrategias semánticas que junto a la imagen brindan alusiones metafóricas y marcan el momento presente: no remiten a un antes ni a un después.
Ofill construye con fuerza una dialéctica del acontecimiento visual. Se trata de comprender el texto plástico (obra) como sujeto y al título como predicación, mediante un proceso que una vez completado se invierte para generar sentido.
Debemos entonces valorar en la obra de Ofill el discurso de los textos, como parte del acontecimiento creativo: Identity none (2012), Doors (2012), Progression (2012), Center wiew (2012), entre otros. Son títulos que se hallan en convergencia, para interpretar lo representado a través de un tema, la locación anónima del espacio ciudad.
Desde el punto de vista plástico la obra se nutre de la tradición de la fotografía y el cine documental, también de la pintura, la cual se aprecia en diferentes acentos, escorzos renacentistas, dramatismo teatralizador expresionista, visiones fantasmagóricas surrealistas, liberaciones plásticas que lo acercan a la abstracción, y restricciones cromáticas con marcada tensión cercana al suprematismo de Malevich.
Destaca en la presente exposición el libro-catálogo publicado por la Galería Alfredo Ginocchio, sede de la muestra presentada por Ofil Echevarrìa. Demuestran relevancia los estudios de Crítica de Arte realizados por los especialistas Carol Damian, Emilio García Montiel y Alejandro Robles, que acompañando a un significativo respaldo de fotografías de la obra de Ofill, permiten una comprensión más enriquecida de su trabajo.
Debe señalarse que esta estrategia de reunir la exposición y el libro-catálogo es una manera de valorizar al artista, ya que toda narrativa sobre la obra de arte articula su pertenencia al universo de las artes plásticas, cubana e internacional.
Los diferentes acentos dados por los especialistas contribuyen a brindar un balance estético-artístico e histórico-cultural, del cual pueden derivarse nuevas reflexiones, que convocan a estudiosos y al público en general para circunvalar la obra de arte con nuevos discursos que dan garantía de la madurez alcanzada por Ofill en calidad de artista plástico, y las derivaciones culturales de su obra, como valor socialmente constituido.
MADELINE IZQUIERDO DE CAMPOS
