Este es el
caso de los artistas mexicanos Natasha Gray (1969) y Plácido Domingo (1958),
quienes además eran amigos mucho antes de colaborar. La exposición Light
Begins in Darkness (La luz comienza en la oscuridad) es el resultado de
esta labor conjunta.
La carrera artística de Domingo comenzó en Inglaterra, donde vivió por varios años e hizo una parte importante de sus primeras obras. Gray comenzó en México y más adelante se trasladó a Nueva York. Sin embargo, fue su experiencia de vivir durante ocho años en el desierto norteamericano lo que influyó en su interés por la naturaleza.

Domingo, que es fotógrafo, trae sus imágenes bucólicas. Gray, armada con la rica tradición artesanal de su país, complementa las imágenes de Domingo con elementos esculturales de alambre que ella misma elabora. El resultado de esta unión son estas piezas “combinadas”, en las que las fotografías de Domingo y las esculturas de metal de Gray logran un diálogo armonioso entre lo “plano” de la fotografía y la inesperada tercera dimensión de las adiciones en metal.
Algunas veces presentan las piezas separadas pero como parte de la misma obra, como dípticos o polípticos. En otras ocasiones yuxtaponen los componentes de alambre sobre la fotografía, creando capas y un efecto de profundidad. En el primer grupo podemos mencionar Vida III, una pieza conformada por cuatro cajas de acrílico dispuestas en pares. Las dos situadas en la parte de abajo son fotografías de una rama de un cerezo y el botón de una flor, respectivamente. Las correspondientes a la parte superior son aparentemente interpretaciones de las originales de abajo. La primera caja de arriba reproduce la rama del cerezo lo más cercanamente posible a la original, mientras que la otra, en vez de representar el botón, despliega una rama florecida y con hojas, contrastando con el desolado brote de la primera imagen.
En el segundo grupo hay una serie que representa el cambio de estaciones (primavera, verano, otoño e invierno). En esta serie los artistas mantienen el mismo paisaje como fondo, y en cada estación le adicionan diferentes elementos en el primer plano, como una ventana en diferentes momentos del año. Así es como el paisaje en Amanecer en primavera se complementa con un árbol florecido, y en Amanecer en invierno presenta un pájaro en una rama desnuda. Este paisaje es la interpretación sutil que Domingo hizo de la campiña inglesa, enriquecido por los elementos sorprendentes y juguetones de Gray.
Cerezo es una de las obras más delicadas de la exposición. La imagen muestra un cerezo florecido en la parte derecha, y en la izquierda una guirnalda metálica que imita la planta natural. Aunque está hecha de alambre, el tema y el fino acabado denotan una influencia de textiles bordados, una tradición muy rica en México. La pieza está cubierta por una caja de acrílico, lo que le confiere una cualidad casi fetichista.
Quizás la pieza más provocativa de las “combinadas” es Mirando al cielo, en la que un paisaje mexicano, con una cerca y un cactus, adquiere una dimensión y un color nuevos. Al fondo en blanco y negro se le adhiere un cactus florecido hecho de alambre de púas, reproduciendo hasta cierto punto la cerca de la fotografía. La fuerte imagen se suaviza con las florecillas rojas que salen de las hojas. Las sombras que la planta proyecta contribuyen a crear un efecto corporal, dando la impresión de un arbusto real creciendo en su hábitat natural.
La exposición también incluye una instalación con piezas que los artistas habían realizado independientemente en diferentes años. Domingo está representado por un grupo de autorretratos muy experimentales que reflejan sus experiencias con drogas. En ellos parece que juega con la luz y con los efectos del movimiento, probablemente un resultado de la embriaguez que padecía en el momento en que se tomaron las fotos. En frente de estas se colocaron unas telarañas metálicas y gigantescas que parecen haber sido hechas por enormes arácnidos, que son las obras de Gray. Ella se inspiró en un experimento conducido por la NASA en 1984, en el que administraron a arañas de jardín sustancias como marihuana, bencedrina, hidrato de cloral y cafeína. Los insectos desorientados hicieron sus telarañas con estructuras irregulares, en vez de sus cuidadosas y esmeradas habituales creaciones. Gray reprodujo algunas de las telas en una escala engrandecida. Domingo vio estas piezas como “una descripción precisa del efecto desorientador de las drogas”, por lo que la idea de poner sus retratos detrás de las telarañas está relacionada con este tipo de experiencia en circunstancias diferentes. De cierta forma, esta instalación resume la manera en la que estos dos artistas colaboran, mostrando cómo sus intereses convergen, y como la percepción de ambos estaba en sintonía desde antes, cuando trabajaba cada uno por su cuenta.
La naturaleza parece ser el hilo conductor de esta exposición, y lo que unió a estos dos artistas. El enfoque que ellos proyectan es el de alguien que está entre un botánico y un observador, encantado con la perfección de la misma, y, al mismo tiempo, usándola como plataforma para la creación de sus obras.
IRINA LEYVA
