Nan González

Yeni y Nan. Hombre y sal, de la serie Simbolismo de la cristalización, Araya, 1986. Performance. Land art.

Otrosjun 2013 - ago 2013· Por Katerine Chacon

Nan González

Videos of a Secret Universe

Desde sus inicios, el trabajo de Nan González ha proyectado un halo poético, filosófico y metafísico, en donde el cuerpo, la conciencia del yo, las relaciones con el espacio circundante y la naturaleza aparecen como ejes temáticos. En los últimos años, y siguiendo muy de cerca los problemas ecológicos, existenciales y espirituales actualizados por la conciencia del nuevo milenio, la artista emprende una vía de creación que relaciona la energía de la naturaleza, la vida en el planeta y el destino del hombre desde una perspectiva holística de implicaciones trascendentes.

La figura de Nan González (María Luisa González, Caracas, 1956) es una referencia obligada al hablar sobre videoarte y, en general, sobre arte no objetual en Venezuela. Su obra, ya de dilatado aliento, conjuga una sabia interpretación de los medios expresivos contemporáneos con preocupaciones impregnadas de un sosegado subjetivismo. Desde sus inicios, el trabajo de Nan González ha proyectado un halo poético, filosófico y metafísico, en donde el cuerpo, la conciencia del yo, las relaciones con el espacio circundante y la naturaleza aparecen como ejes temáticos. En los últimos años, y siguiendo muy de cerca los problemas ecológicos, existenciales y espirituales actualizados por la conciencia del nuevo milenio, la artista emprende una vía de creación que relaciona la energía de la naturaleza, la vida en el planeta y el destino del hombre desde una perspectiva holística de implicaciones trascendentes.

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Yeni y Nan. Hombre y sal, de la serie Simbolismo de la cristalización, Araya, 1986. Performance. Land art.

Inicios. El cuerpo, el espacio

La trayectoria de Nan González la ubica, de hecho, como una de las pioneras del arte conceptual en el país (ha cultivado la fotografía, el videoarte, la videoinstalación, el land art, el performance) y, diríamos también, como una de las figuras más relevantes en la eclosión de un movimiento artístico verdaderamente contemporáneo en la Venezuela de los años ochenta.

Nan González estudió Artes Plásticas en la Escuela Cristóbal Rojas de Caracas entre 1974 y 1978. Luego viajó a Europa para continuar su formación en la Chelsea School of Art de Londres (1977-1978); también realizó estudios de Fotografía y Cine en Cannes (1978-1980) y Caracas (1980). En la capital inglesa, la artista se había interesado por el arte conceptual y el performance, iniciándose en estos lenguajes de la mano de Jennifer Hackshaw, creadora con la que se asoció por un lapso de nueve años, comprendidos entre 1977 y 1986, en la dupla conocida como “Yeni y Nan”, con la cual emprendieron importantes proyectos de arte contemporáneo que marcaron determinantemente el panorama artístico venezolano de entonces. Su contribución fue fundamental para la apertura de la sensibilidad del público venezolano hacia un tipo de manifestaciones que dejaban atrás los medios convencionales de expresión plástica.

Una de las primeras acciones realizadas por Yeni y Nan tras su regreso a Caracas fue la presentación de los performances Presencias, Nacimiento I y Nacimiento II, que habían tenido sus gérmenes en Francia y que constituían sin duda propuestas muy innovadoras en el medio artístico de la época.

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Autorretrato, 1983. Fotografía / performance. Festival de teatro, Espacio Alterno, Caracas.

En estos performances, el trabajo con el cuerpo y su relación con el espacio circundante era fundamental. En ese entonces, la propuesta conceptual de Nan González estaba centrada en la dialéctica yo/tú o mundo exterior/mundo interior, como una vía de exploración de la identidad y los límites entre el espacio externo –experimentado como una categoría sensorial– y el espacio interior subjetivo, o como bien lo supo expresar el crítico venezolano Roberto Guevara, en la “exploración del ego como eje de todas las interrelaciones”.

En Presencias, por ejemplo, las artistas utilizaron un cubo hecho de plástico transparente, en el que se introdujeron, realizando movimientos gestuales que subrayaban el límite espacial impuesto por las paredes plásticas. Al final, el cubo fue destruido, completando así la metáfora de la unificación de los espacios exteriores e interiores y la liberación que esto implica.

Otros trabajos de esta época fueron los performances Simbolismos sobre la identidad, en el que se introdujeron el sonido hipnótico de un metrónomo, dos cubos, fotografías y doce espejos, mientras las artistas buscaban un punto en el espacio que simbolizaba su identidad; e Integraciones en el agua I y II –como parte de la representación venezolana en la XVI Bienal de São Paulo–, y en el que plantearon una ambientación de bolsas transparentes con agua adentro, en las que se introdujeron y realizaron una serie de movimientos que hacían referencia a la transformación, recreando la experiencia embrionaria del ser humano.

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Vida en el congelador, 2005. Congelador intervenido con video. Dimensiones variables. Colección Fundación Museos Nacionales.

Con Hombre y sal, ganadora del primer premio del III Salón de Jóvenes Artistas, estas creadoras logran uno de los puntos culminantes de su creación, no sólo por el vuelo poético y estético de la experiencia, sino por la audacia de un trabajo que involucraba al paisaje de una manera directa, orgánica y sensorial. El extraño y hermoso entorno de las salinas de Araya (Venezuela), con sus montículos de sal blanca y brillante, en contraste con el cielo resplandeciente de la costa oriente del país, y los colores del mar salífero, fue el marco idóneo para que los cuerpos desnudos de Yeni y Nan desplegaran su plasticidad, y nos hablaran, desde su contacto con este “paisaje elemental”, de una transformación natural constante y secreta que involucra al hombre en todo su ser, convirtiéndose en una especie de alquimia de la naturaleza, de la tierra, que se manifiesta claramente en lo externo, pero cuyos más vastos resultados se han caldeado dentro de cada ser humano.

Este aspecto de honda reflexión personal, psíquica, espiritual, distingue notablemente el trabajo de Nan González, para quien el arte es un instrumento de meditación y cambio. No en vano, la artista ha señalado en varias oportunidades que su trabajo artístico le ha permitido acceder a una transformación interior.

En 1986, tras la disolución de la asociación creativa “Yeni y Nan”, González se centró aún más en el videoarte. Su primera muestra de carácter individual –Om: interioridad del hombre, Galería Artisnativa, Caracas– estuvo formada por la instalación titulada Om, dos máscaras y doce dibujos que plasmaban, en papel, gestos y movimientos. La exposición era una especie de continuación de las indagaciones adelantadas en años anteriores sobre la identidad individual y la conciencia del yo, y tuvo como antecedentes las acciones Autorretrato y Transfiguración, elemento tierra, ambas de 1983, en donde el trabajo con el rostro y la máscara fue un elemento fundamental.

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Yeni y Nan. Transfiguración elemento tierra, 1983. Performance e instalación. Sala Mendoza, Caracas. Cortesía Faría + Fábregas Galería.

Los años noventa. El vuelo

Los años noventa marcan un definitivo enrumbamiento de Nan González hacia el videoarte y la videoinstalación. La artista encuentra en las cualidades propias del video un modo de expresar imágenes de gran carga poética, a través de las que puede dar cuenta de lo efímero, de la energía, de la luz, de lo inconsciente.

En 1991 realizó la exposición El vuelo del cristal, en el Museo de Bellas Artes de Caracas. La artista construye una pirámide con quince monitores, en los que se reflejan las mismas imágenes simultáneamente. Éstas han sido captadas como vuelos rasantes de un cristal sobre el paisaje. El cristal es para Nan González una metáfora del viaje del inconsciente, del alma que vaga y se integra con la naturaleza, con el espacio, en un paseo de la energía pura liberada de la materia.

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Titanes de hielo, 2001-2005. Videoinstalación. Proyección de siete videos (DVD). Dimensiones variables. Sonido: Miguel Noya. Foto: Pronatura Documental, Argentina. © Cortesía Museo de Arte Contemporáneo, Caracas, Venezuela.

Roberto Guevara consideró El vuelo del cristal como uno de los más comprometidos y amplios trabajos de Nan Gonzaléz, a través del cual la artista develaba “condiciones inéditas para fijar nuestra noción y percepción del mundo”.

En videos como Proceso de un pensamiento (1991) observamos la utilización del medio como un instrumento que permite la creación de una visualidad nueva, distorsionada por la sobreexposición, por los acercamientos extremos. La artista explora las posibilidades del video para lograr lo difuso, para evadir la representación literal y para esbozar metáforas visuales en las que lo orgánico del cuerpo humano se confunde con la materia vegetal, e incluso con imágenes del microcosmos y del macrocosmos.

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Esfera de mi memoria, 1996. Fotofija de video. 13:20 min. Hi8/DVD.

En 1994 realizó una investigación sobre el tiempo como una de las dimensiones en las que se desenvuelve la existencia del hombre, con múltiples connotaciones simbólicas. Para entonces, realizó la exposición Códigos del tiempo, en la Sala Rómulo Gallegos (CELARG, Caracas), en la que mostró varias propuestas donde se enfatizaban las relaciones del cuerpo y lo espacio-temporal.

En el video Esfera de mi memoria (1996), la artista introduce reiteradamente un círculo que se dibuja y desdibuja sobre un rostro femenino cubierto de barro. Nan González explora nuevamente las imágenes del rostro y del cuerpo femenino como una vía para hablarnos del psiquismo individual, expresado aquí como una energía ininteligible. El cuerpo y el alma como una unidad indivisible y compleja.

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El vuelo del cristal, 1991. Videoinstalación. Dimensiones variables. Colección Fundación Museos Nacionales.

Los años noventa fueron realmente prolíficos en la trayectoria de Nan González. Fue una época de constante actividad, en la que realizó muchas obras que son hoy en día referenciales del videoarte en Venezuela. Además, realizó relevantes muestras individuales, participó en exposiciones y eventos internacionales y obtuvo numerosos reconocimientos. Piezas como Un brindis al universo (1992), instalación conformada por video y copas dispuestas en espiral; Naturaleza muerta (1993), videoinstalación con fotografía intervenida y clavos metálicos que hace alusión a la cruz; y Los durmientes (1998), pasaron a formar parte de las colecciones de los museos más importantes del país.

En El vuelo interior (2001), instalación ganadora de la edición 59 del Salón Arturo Michelena (Valencia, Venezuela), la artista se apropia de una imagen del fotógrafo alemán Dieter Appelt en la que aparece un hombre con alas fabricadas, momentos previos de iniciar un vuelo experimental. La imagen del “Ícaro” contemporáneo situado en medio de una pared montañosa es muy cercana al espíritu de González, quien siente fascinación por la belleza de la naturaleza, su relación con el hombre y con el vuelo como metáfora de las manifestaciones del alma. Para Nan González esta obra expresa justamente sus inquietudes espirituales en torno a los alcances del hombre como ser trascendente e ilimitado.

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Yeni y Nan. Presencias, 1980. Performance. Galería de Arte Nacional.

El nuevo milenio. Todos somos la Tierra

En 2005 Nan González inauguró en el Museo de Bellas Artes de Caracas la exposición Titanes de hielo, en la cual se reunió su producción más reciente. Este proyecto surgió después de un viaje que la artista hizo a la Patagonia, en el que, por un lado, se conmueve ante la belleza imponente de las grandes masas heladas, y por el otro, cobra conciencia del proceso de desaparición que están sufriendo, debido al calentamiento del planeta.
La obra Alma del glaciar (2001-2005) es un video que representa un glaciar en el momento en que parte de su armazón se desmiembra y cae al mar. El tratamiento dado por Nan González subraya la belleza de la blanca mole que, como una escultura natural, se yergue imponente sobre el paisaje helado. La artista introduce una resolución especular en el video y cambios en la velocidad natural del suceso, acentuando no sólo el dramático suceso del desprendimiento, sino la belleza y el poder metafórico de la naturaleza.


Otra de las videoesculturas presentadas por la artista en esa ocasión fue Vida en el congelador (2002-2005), en la que se refleja una preocupación por la fauna polar. La obra está compuesta por un refrigerador con tres televisores dispuestos en su interior, en los que se proyectan videos que muestran a estos animales en su hábitat. Sin llegar a ser una obra de denuncia, Vida en el congelador confronta con ironía la existencia de un hábitat polar, con una fauna diversa, y un sucedáneo urbano del ambiente frío, en el que usualmente solemos guardar nuestros animales muertos para preservarlos.

En los últimos años la obra de Nan González se ha acercado más a una exploración de imágenes y sonidos que conectan con la espiritualidad en un sentido de búsqueda del sí mismo, de cuidado del alma. El hermoso video titulado Ashvini. Dioses gemelos del amanecer presenta la imagen de dos pavos reales que en un momento se funden en uno solo. Utilizando cuadros especulares, Nan González logra planos caleidoscópicos que nos recuerdan los estados alucinatorios o aquellas formas que llegan libremente a nuestra mente cuando meditamos. En ellas, lo real, en este caso los pavos reales, se transforma en una atmósfera hermosa y coloridamente abstracta que permite la libre asociación.

Tras más de 30 años de trayectoria artística Nan González reconoce que lo que ha buscado desde siempre con la imagen es transmitir que podemos sentir y reconocernos como seres portadores de una energía que nos trasciende. Toda su obra es una búsqueda por traducir el tránsito del espíritu en un lenguaje que cada día se hace más cristalino, donde lo transparente, el cuerpo y la naturaleza se unen para conectarnos con nuestro ser inmaterial, divino e infinito: la luz, la trascendencia, la liberación y el vuelo.

KATHERINE CHACÓN

Crítica e investigadora de arte venezolana.

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OM: sílaba sagrada, Autorretrato, 1988. Instalación. Dimensiones variables. Colección Fundación Museos Nacionales.
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