Exposición Individualjun 2013 - ago 2013· Por Sylvia Werneck

Mário Gruber

Caixa Cultural

Mário Gruber es uno y son muchos: pintor, escultor, diseñador, muralista, escenógrafo, grabador y profesor. En su obra artística fueron tantos los estilos y técnicas empleados que sería imposible enmarcarlo en una categoría única, a pesar de que, a partir de la década de 1960, los críticos de arte lo hayan identificado con el realismo fantástico. El título de la muestra curada por Denise Mattar, la primera realizada en São Paulo tras la muerte del artista, en 2011, enfatiza este aspecto. En la exposición, sin embargo, sólo una pequeña sala del espacio expositivo exhibe trabajos de esa fase, con algunos ejemplares de las series Disfrazados y Ángeles. La muestra está centrada en la producción del grabado, especialmente en los trabajos realizados en metal.

Todas las obras exhibidas pertenecen a la colección de la familia, lo que le da al visitante la sensación de entrar en la intimidad de Gruber, llevando al espectador a observar los temas que le llamaban la atención: los personajes de la vida cotidiana, como el “Moleque Cipó” (figura que aparece con diferentes nombres, pero siempre como un niño pobre y triste). También hay imágenes que registran la primera infancia de su hijo Gregorio, quien también se volvió artista plástico. Refuerzan la sensación de la presencia de Gruber algunas de sus matrices, gubias, buriles y demás herramientas de trabajo, expuestos en vitrinas, además de los pequeños textos murales que reproducen sus reflexiones acerca de la técnica del grabado, dando indicaciones de cómo se relacionaba con este arte múltiple: “A diferencia de la pintura, el grabado no puede ser aprehendido apenas por su lado exterior y alegórico. Este actúa en el filo de la navaja, en la exacta intersección entre la esencia y la forma. Además de ser un espejo mágico, ya que es único y muchos al mismo tiempo”.

Exposición Individual: Mário Gruber — imagen 1
Mario Gruber. Sem Bisot de la serie Fantasiados, 1990. Grabado en metal. Colección: Familia Gruber.

Expuestas en conjuntos de dos o tres, agrupadas más por tema que por técnica o fecha, en un espacio con luz rebajada, las obras realzadas contra los muros de color neutro transmiten un atmósfera intimista. Aunque Gruber emplea en su trabajo una variada gama de técnicas, la maestría en el dibujo es una constante. Tanto en los xilograbados como en las litografías y grabados sobre metal, es evidente el dominio del artista sobre las líneas, el ritmo y la composición. No es sorprendente que él hiciera analogías entre la música y su oficio creativo, comparando la pintura con las sinfonías, y el grabado, con la música de cámara. De sus pinturas, están expuestos tres óleos de fuerte inspiración expresionista. Rompen el silencio del ambiente dos monitores (uno en cada extremo de la muestra), que exhiben, respectivamente, un documental sobre el artista realizado por Ruben Biáfora en la década de 1960, y su participación en el programa de entrevistas Provocaciones, de Antonio Abujamra, en 2002, que revela al artista como un hombre culto, preocupado no sólo por perfeccionar cada vez más las técnicas empleadas en su trabajo, sino por los fundamentos teóricos de la cultura, y citando pensadores importantes como Adorno y Walter Benjamin.

Mário Gruber Correia nació en Santos en 1927 y vivió hasta los 84 años, manteniendo una constante y prolífica producción a lo largo de sesenta años aproximadamente. Autodidacta, comenzó a pintar en 1943. Sus primeros experimentos con el grabado vinieron poco después, en la misma década. Al trasladarse a São Paulo, en 1946, estudió escultura en la Escuela de Bellas Artes. Al año siguiente ganó el primer premio de pintura en la exposición del grupo 19 Pintores. Realizó su primera exposición individual en 1948 y comenzó a estudiar grabado con Poty y a trabajar con Di Cavalcanti. Beneficiado con una beca de estudios en 1949, viajó a París, donde estudió en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes con el grabador Édouard Goerg; también trabajó con Cândido Portinari. Al regresar a Brasil, en 1951 fundó en Santos el Club de Grabado, posteriormente llamado Club de Arte. Enseñó grabado en el Museo de Arte Moderno y en la Fundación Armando Álvares Penteado (FAAP), en la ciudad de São Paulo, entre 1961 y 1964. Volvió a vivir en París entre 1974 y 1978, y al regresar a Brasil, se estableció en Olinda (Pernambuco). Pasó algún tiempo en Nueva York, en 1979, y allí estableció un taller. De vuelta en Brasil, realizó obras en espacios públicos, tales como la estación Sé del Metro y el Memorial de América Latina. Continuó trabajando intensamente hasta su muerte, en 2011.

Al salir del edificio de la Caixa Cultural, de estilo Art Deco, situada en la Plaza da Sé, en el corazón de la ciudad, se tiene la oportunidad de ver las versiones contemporáneas, en carne y hueso, de muchos de los personajes de Gruber –allá están los niños necesitados, los lunáticos y los trabajadores–, la mezcla de tipos de la vida diaria que quedó enmarcada a través de la inspiración del artista.

SYLVIA WERNECK