Exposición Individualjun 2013 - ago 2013· Por Victoria Verlichak

Margarita Paksa

MAMBA

Amo a los que sueñan imposibles, dice uno de los afiches de Margarita Paksa (Argentina, 1933), posiblemente, tras la consigna del Mayo Francés (1968): “Seamos realistas, exijamos lo imposible”. Artista que sigue soñando “lo imposible”, es pintora, poeta, escultora, dibujante, precursora en la investigación y uso de las nuevas tecnologías en el arte. Con más de 120 obras, su merecida retrospectiva –en el renovado Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Mamba– abarca el período entre 1960 y 2010. La muestra confirma que Paksa desconoció límites y mandatos estéticos, formales y conceptuales.

Dueña de una mente inquieta y aguda sensibilidad social, Paksa impulsó la renovación artística. La historia convirtió a su obra en potente testimonio de las posibilidades que ofrecieron a partir de 1964 los medios audiovisuales y la informática, a través de sus trabajos iniciales en ese campo, también de las primeras instalaciones realizadas (que ni se designaban así), de su propuesta minimalista en relación con la desmaterialización del objeto, de su opción por el arte conceptual de carácter marcadamente político.

Exposición Individual: Margarita Paksa — imagen 1
Margarita Paksa. Amo a los que sueñan imposibles, 1998. Impresión digital a color. 42 x 56 cm. (16 ½ x 22 pulgadas).

Paksa fue una distinguida protagonista del Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella, que dirigió Jorge Romero Brest, desde donde se irradiaron nuevas maneras de ver y de hacer arte en Argentina, posibilitando el desarrollo de dos líneas: una esteticista, que impulsó al Pop Art, por ejemplo, y la que vinculó arte y política. Precisamente, Paksa se halla más cerca de esta última vertiente artística, con apoyo explícito a la lucha por la libertad social e individual.

El recorrido a través de su presencia en muestras colectivas como Homenaje a Vietnam (1966), en solidaridad con ese país del Sudeste Asiático, y Malvenido Rockefeller (1969), en protesta por la presencia del empresario Nelson Rockefeller en el país, y cuando se vivía la dictadura del general Juan C. Onganía, también señala y recuerda momentos del devenir político y social de Argentina y el mundo. Paksa incluso participó en Tucumán arde (1968), que congregó las experiencias de artistas porteños y de la ciudad de Rosario de vanguardia politizada que promovieron una serie de acciones –con herramientas del inventario conceptual– en ámbitos ajenos a las instituciones artísticas, como sedes de sindicatos; Tucumán era y es una de las provincias más pobres del país.

En cuanto a las experiencias con antiguos y nuevos materiales, en la retrospectiva se exhibió su primera escultura en hierro soldado, Mandíbula (1963); objetos de plástico en El rey y la reina (1966); Identidad de dos situaciones (1967), pieza con acero, acrílico y luz; los dibujos con cerdos de bocas cocidas de La comida (1976), al comienzo de la última dictadura militar; inaugural videoperformance de su autoría, Tiempo de descuento; cuenta regresiva, la hora 0 (1978), y otros; palabras en neón de colores: El arte ha muerto, viva el arte (1979). Asimismo, presentó poesía visual, obras tipográficas con mensajes, dibujos, y más, mucho más, como La canilla (1989), grifo desde el cual sale una larga cabellera como chorro de agua; los juegos digitales incluyen el protagonismo de la parte de atrás de la cabeza de la artista, como la imagen fotográfica en backlight Ultima escena II (1998), tapa del excelente catálogo que acompaña la muestra.

Año extraordinario fue 2004; entonces, Paksa reeditó Proyectos - Sobre el discurso de mí, publicado por Fundación Espigas (Centro de Documentación para la Historia de las Artes Visuales en la Argentina), y ganó la Beca Guggenheim. Desplegó en el Centro Cultural Recoleta la reconstrucción de 500 watts, 4.635 kilociclos, 4,5 ciclos, presentada en el Instituto Di Tella en las Experiencias visuales, 1967. En la búsqueda de un camino para la desmaterialización de la obra de arte, Paksa creó una ambientación con dos zonas diferentes. El área de luz de 500 watts… fue rehecha digitalmente, y consiste en una proyección tridimensional del recorrido original. Por su parte, el área de sonido reformula el espacio por donde circula el espectador. La obra consiste en una pasarela con células fotoeléctricas que se activan cuando el público camina sobre ella, produciendo sonidos. La propuesta de caminar para modificar el sonido se convierte en una experiencia sensorial para una mejor comprensión conceptual del juego de opuestos y de complementos, en este caso, movimiento y sonido.

Para las Experiencias visuales, 1968, en el Di Tella, recreada aquí, presentó la instalación sonora Comunicaciones (1968) –y ¿Body Art?–, por la que, seguramente, será bien recordada. Editó un disco de pasta que suena en dos (antiguos) tocadiscos, ubicados junto a un cuadrado de arena con la huella de dos cuerpos. Por un lado, se escucha el Santuario del sueño, la repetitiva y detallada descripción de un ambiente. La otra cara, Candente, es el registro de jadeos amorosos de una pareja, que el espectador escucha pero no ve. Oportuno recuerdo de los hitos de la valiosa trayectoria de esta artista que frecuentó todos los soportes, exponiendo su pensamiento crítico.

VICTORIA VERLICHAK

Margarita Paksa, por Victoria Verlichak | artnexus