Exposición Individualjun 2013 - ago 2013· Por Freddy Carreño

Luis Millé

GBG Arts

Hasta algunos años atrás la noción de arte tridimensional hacía referencia a las obras que buscaban la ruptura con el concepto tradicional de volumetría; así como a las que proponían la percepción de figuras virtuales ocupando el espacio. No obstante, podemos afirmar que muchas de esas intenciones han perdido conexión con la voluntad creadora de los artistas del presente. Así, en el accionar del arte venezolano contemporáneo vale hacer referencia a las realizaciones de Luis Millé, quien por un cierto tiempo realizó “formas artísticas”, aun cercanas a la noción de las obras tridimensionales, y que ahora, en su nueva propuesta, se ha planteado “deconstruirlas”, para utilizar un término que viene de la arquitectura. Si en esta disciplina lo deconstructivo señala, en líneas generales, el abandono de la ortogonalidad impuesta por la tradición clásica, en el ámbito escultórico lo podemos entender como la desarticulación de la obra tridimensional en múltiples y diversos componentes. Así, la búsqueda inicial de Millé, se ha reformulado hacia la conformación de espacios activados por formas de carácter geométrico.

Exposición Individual: Luis Millé — imagen 1
Luis Millé. Multiatemporal, 2012. Instalación, ensamblaje en aluminio pintado y elásticas. Medidas variables. Foto: Cristina Matos–Albers.

En su reciente exposición en la Galería GBG, Millé, un artista que ya ha completado una década como creador de obras para el espacio, presenta un conjunto de alternativas interesantes y soluciones dinámicas. Con el propósito de acercarnos formal y perceptivamente a la muestra, conviene realizar un breve recorrido en el tiempo, con el fin de identificar algunas variaciones de interés dentro de su proceso creativo. En ese sentido, Kirigami vertical amarillo, Mta siete (2008), una muy bien lograda obra, se constituye en ejemplo significativo. Se trata de una pieza de carácter público, realizada en metal y de intenso color, que se alza entre dobleces, cortes y articulaciones, para configurar una forma que sugiere lo tridimensional, pero que en realidad se trata de un plano desplegado en el espacio y orientado en distintas direcciones, como si se tratase de un origami monumental.

Referido este antecedente, revisemos el conjunto presentado en la galería GBG, integrado por un variado número de piezas. El primer grupo lo conforman obras de mediano formato creadas dentro del mismo concepto de desarticulación de los planos, pero instaladas en el muro. Completan la muestra una pieza cercana a la estética de Mta siete, y otra que se desprende formal y conceptualmente de las anteriores búsquedas para proponer nuevas lecturas.

La primera de ellas, Flexocromo tenso suspendido, de intenso rojo con algunos detalles en azul que contrastan y equilibran la potencia del tono dominante, es una obra de alta calidad estética y afianzado dinamismo, una pieza que se transforma, que cambia y se desplaza en el espacio. No obstante su carácter objetual, dado por el color, las dimensiones y el material, como forma, es el resultado de esa búsqueda del artista orientada a la ruptura con la noción convencional del espacio temporal, por tanto, fijo y determinado. Los planos, que de manera precisa daban sentido y valor estético a Mta siete, se han liberado ahora de la unión material entre ellos para dejar actuar los vacíos, que, desde esta nueva articulación, se transforman en otros y dinámicos espacios, ámbitos que estimulan la mirada del espectador.

Sin embargo, la intención de la muestra presentada por GBG, alcanza su plenitud conceptual y formal con Multiatemporal (2012, instalación-ensamblaje, aluminio pintado y elásticas/dimensiones variables); este hecho se da en la medida en que la obra demuestra ser una consecuencia precisa de todo el proceso a través del cual el artista se ha ocupado en indagar, experimentar y alcanzar un propósito concreto: desarticular la noción de temporalidad. Los componentes –que en la obra anterior, a pesar de su dinamismo espacial, permanecían, de algún modo, unidos entre sí–, en esta nueva realización del artista se han desprendido e individualizado. Como impulsados por una fuerza interior, se desplazan en varias direcciones, siguiendo angularidades distintas con los planos horizontal y vertical, ocupando un espacio al cual permanecen todavía vinculadas a través de frágiles y elásticas líneas.

Más allá de observar la pieza rodeándola, como suele ocurrir con las realizaciones tridimensionales, el encuentro con Multiatemporal nos coloca en un espacio creado por la obra, que por momentos nos “cubre”. Así, de algún modo cobijado por esa urdimbre de sutiles líneas y frágiles formas, el visitante “debe vivir” la experiencia siguiendo la intencionalidad de la obra; de lo contrario, permanecería ajeno a lo que el objeto artístico sugiere, propone, anuncia. Se da, entonces, un proceso de entradas y salidas, de recorridos, de miradas al interior y desde afuera, experiencia que finalmente se traduce en el reconocimiento de esa “atemporalidad” a que hace referencia el título. En ese momento la racionalidad del espectador, que se mantiene alerta frente a la obra, estimulada por los elementos formales que le dan presencia física, cede, brevemente, a la sutil percepción de lo intemporal.

FREDDY CAREÑO

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