En una
primera mirada abarcadora se percibe una elocuente variedad de objetos
tridimensionales para nada utilitarios aunque relacionables con la vasija
rediviva. La vasija como forma y como concepto es una de las presencias en
barro más antiguas de la historia de la humanidad. Lidya Buzio ha expandido la
vasija de autor hacia la escultura, creando tanto formas como experiencias
pictóricas significativas que se confirman una vez más en esta exposición.
Nacida en Uruguay, junto al Taller Torres García aprendió que el arte es tanto
una situación natural como de seriedad profesional. Allí estudió pintura,
sintiéndose atraída por la cerámica antes de sus veinte años. Se registró en el
taller de cerámica del riguroso catalán José Collel, también estudiante del
Taller. Son ella, José Gurvich y Collel los alumnos-artistas que han realizado
trabajos en cerámica, área que no era tan cultivada en el Taller, donde predominaban la pintura, el dibujo y la madera como
material. En 1969, luego de dos años como alumna y asistente de Collel, abrió
su estudio realizando piezas y enseñando a niños. En 1972 viajó a Nueva York a
visitar a su hermana Cecilia, casada con Horacio de Torres, hijo del maestro
fallecido. Lidya Buzio reside desde entonces en Estados Unidos, estudiando pintura
con Julio Alpuy, el notable artista uruguayo también alumno del Taller. En Nueva York, Buzio debió
sobrevivir en el sacrificio, dado que aún predominaba la reduccionista idea de
que la cerámica no pertenecía a las artes visuales, hasta que el galerista
Garth Clark –todavía instalado en Los Ángeles– ve su obra y le ofrece una
exposición individual para 1983. De ahí en más, sintiéndose respetada en su
trabajo, Buzio trazará un capítulo fundamental en la historia de la escultura
en la cerámica internacional.

En cerámica se usan diversos sistemas constructivos: pastillaje, chorizo manual, extrusado, torno y placa). Lidya Buzio trabaja la cerámica por placas. Con ellas realiza esas originales paredes de diferentes tridimensionalidades. En sus obras, el volumen interno y externo de cada pieza es significativo;, lo señala con la forma, con fragmentos, con la pintura, con el tema arquitectónico-paisajista, o en la abstracción, y con el color. En sus obras se advierten tanto ejes verticales como horizontales, aunque se destacan sus originales ejes diagonales. Crea una variedad de formas y dimensiones: redondeadas, avulvadas, cilíndricas, y algunas piezas con ángulos rectos. En las obras circulares no cerradas, cada plano sostiene al otro y a la vez lo impulsa. Se observa que la curva y la arista dialogan como propuestas de energía de las ideas del “sinfín” y el “límite”. Esto integra parte de un concepto de movimiento que permea buena parte de sus obras. El tema marítimo revela movimiento, que en las obras geométricas subsiste en la inclinación de los planos.
Se señala la importancia del tema portuario –de Montevideo, su ciudad natal, tema que pintó el maestro Torres García, y de la zona de Long Island, donde Buzio vive desde 1997–. El enfoque de Torres García es simbólico y esquemático. Lidya Buzio lo desarrolla atmosférico, dinámico y metafísico, en cierta relación con Giorgio de Chirico. Salientes de formas arquitectónicas, de alas-nubes o de geometrías rigurosas se intercalan en sus diversas creaciones. En la obra más reciente, el tamaño se reduce hasta cinco pulgadas de altura, y los colores están delimitados por líneas negras; predomina el corte geométrico, son piezas vitalistas. En ellas, lo dinámico se manifiesta a través de pestañas que actúan como propulsores visuales, y por contrastes de color. La integración de las partes y el todo proviene de su elaborada composición pictórica, y técnicamente se logra por su formación y por el sistema de pintar cada placa aislada, y por hornearlas con la pieza armada. Si se pintara luego de la cochura, sería algo superficial, como han declarado la artista y otros notables escultores en cerámica. Esta y otras citas se encuentran en el catálogo editado para la ocasión, el cual es un documento recomendable.
Su paleta es muy amplia, tanto de colores saturados y semisaturados como de paisajes agrisados. El clima nostálgico que envuelve a algunos objetos nace en su Montevideo natal ediliciamente gris y de brumosa humedad rioplatense. La pincelada se percibe como un sello de unión con la escultura. Si bien esta exposición no es retrospectiva, se encuentran algunos ejemplos de obras de años y planteos anteriores que importan para rememorar las etapas creadas por la artista. La obra de Lidya Buzio aporta el balance entre lo primitivo y lo intelectual.
GRACIELA KARTOFEL
