Raumplan, proyecto de la artista portuguesa Leonor Antunes, presentado por la Galería Luisa Strina, desde el inicio de marzo hasta mayo pasado, propuso una aproximación inicial al vocabulario investigativo de sus creaciones, mostradas por primera vez en el país, en una exposición individual de intenso carácter exploratorio del espacio expositivo.
Leonor Antunes reside y trabaja en Berlín y desarrolla en sus proyectos, desde hace prácticamente dos décadas, conceptos para la intervención de instituciones portuguesas –Casa de Serralves, Casa da Cerca, en Almada–, como también obras inquietantes para espacios expositivos en otros países como el Kunstverein Düsseldorf (Alemania) y el Museo El Eco (México).
Esta vocación de la artista, explícita desde la muestra de la Casa de Serralves en el trabajo Casa, modo de usar (2011), o para la Casa da Cerca, centro de Arte Contemporáneo, en Almada, con la obra Apotoméus (2004), consigue niveles desconcertantes, provocados por los lugares activados por los proyectos de su investigación, casi como articuladores silenciosos de sus creaciones.

El carácter de sus trabajos expone una dosis calculada de osadía en el proyecto, planeación formal que recorta, penetra y distiende los espacios que soportan el peso de sus intervenciones.
En su trayectoria se destaca la obra Apotoméus, por la invención de una estrategia de acción, promovida por la artista en el edificio que cobijaba su creación. Para el espacio de una cisterna, Leonor Antunes articuló una instalación performática: la “botadura” de un apoteméus, término griego para designar un dardo sin punta metálica fijado en el suelo.
Describir las creaciones de Leonor Antunes, como resultantes de una cuidadosa investigación del ambiente arquitectónico que mueve y acoge sus propuestas, remite al interés de la artista por la impronta de dispositivos reinventados como campo de experimentación abiertos a la mirada.
En este amplio campo de experimentaciones, Raumplan orientaba el desplazamiento del visitante entre planos visuales y secuencias de aproximaciones tridimensionales planeados dentro de la galería, construidos a partir de su primer viaje a Brasil, en 2008.
De este viaje nació el concepto de esta propuesta: la forma muy particular de comprensión de la existencia de dos testigos de la arquitectura moderna, portuguesa y brasilera, el Edificio de Habitación, Comercio y Servicios, de Aguas Libres (Lisboa), proyectado por Nuno Teotônio Pereira en 1958, y el Edificio Nova Cintra, proyecto de Lúcio Costa, para un conjunto residencial de tres bloques de apartamentos (Río de Janeiro), levantado en 1948.
Para el concepto de la muestra, la artista buscaba la existencia de una relación enlazada entre arquitectura y escultura, como forma de convivencia íntima pautada en la dimensión psicológica del espacio. Un proyecto igualmente accionado también por las necesidades del edificio de la galería.
Como sabemos, el término Raumplan, comprendido y asimilado por la síntesis del pensamiento de Adolf Loos –estructura espacial de un plano–, llevaba al visitante por una zona de desplazamiento estructurada por cortes planeados dentro de la galería.
Al considerar el título, inmediatamente el conjunto remitía al espectador al ambiente de convivencia en los bloques de vivienda colectiva, tanto en el caso portugués como en el caso brasilero; dos nuevos modos de habitar el espacio en sus existencias urbanísticas. De hecho, habitar el espacio centralizaba el dispositivo creado por Leonor Antunes para la muestra.
Del conjunto expuesto en la muestra, la obra Nova Cintra (2012), estructurada en MDF pintada y cuerda de algodón, hacía referencia a uno de los tres bloques proyectados por Lúcio Costa, el Edificio Nova Cintra, para el complejo en el Parque Guinle (Río de Janeiro). La estructura en formato de biombo, encordonada, recreaba la fachada del bloque arquitectónico.
Cabogó I y II (2012), obras compuestas por hilos de nailon, al cortar el espacio de la galería y organizar para el incauto visitante un encuentro con los dispositivos creados por la invención de la artista, remitían al contexto permeado por la luminosidad externa del ambiente.
El espacio de la sala expositiva estaba atravesado por el concepto de expansión del ambiente. El visitante se desplazaba entre esculturas de cuero, series de mallas metálicas como tramas de vacíos espaciados, tejidos de nailon expuestos por estructuras suspendidas y tres biombos modulares asentados en el piso.
Todo el cuerpo de esta creación redimensionaba el contacto del visitante con las zonas de circulación calculada, ordenadas por un elemento regular de madera fijado al techo.
Este elemento escultórico central, suspendido por cuerdas y derivado de un estudio de ventana del edificio Bloque de Aguas Libres, soportaba las esculturas en cuero, las mallas de alambre de latón y la expansión del ambiente cortado, como una especie de memorial descriptivo del espacio expositivo.
En este memorial descriptivo, la muestra Raumplan destacaba una lectura particular sobre las relaciones constituidas entre dos espacios habitacionales, de pensamiento y factura moderna. Un encuentro a distancia de programas arquitectónicos innovadores, resignificados por la presencia tridimensional de una narrativa escultórica autónoma.
Cuando seguimos la trayectoria de Leonor Antunes, reconocemos su interés por una forma de investigación visual que potencia los dominios de la tridimensionalidad, la expresión calculada y rigurosamente sensible de zonas de exploración de la memoria de lugar y las proyecciones del campo arquitectónico, entendido como área de invención de la vida.
CLÁUDIA FAZZOLARI
