En el libro Animalités1, se insiste en que la historia de la animalidad está por escribirse, y muchas de esas narraciones al margen, mas no marginales, las ha contado el arte, pese al desconocimiento de una cierta historiografía del arte. En efecto, la relación entre lo humano y lo animal no solamente se manifiesta desde el arte de la antigüedad (Grecia, China, India, Egipto, y las culturas precolombinas), sino que en una persistencia del anacronismo (Didi-Huberman); el arte contemporáneo ilustra sobre esta lejana relación: desde Joseph Beuys hasta Matthew Barney, pasando por Oleg Kulik, Renata Schussheim, Zhang Huan, Yoshua Okon, entre otros. La obra Repulsa (2011-13), del artista Leonardo Ramos, es muestra de ello; en ella, lo animal entra en un diálogo perfecto con lo humano.

Repulsa es una reflexión plástica conformada por dibujos, panales de abejas y estructuras óseas (una vértebra animal y cráneos animal y humano) protegidas por vitrinas de cristal. Esta obra, según el artista, es una reflexión sobre la muerte y la vida, donde ciertos elementos míticos y arquetípicos salen a relucir: “Al final –dice Ramos–, todo lo humano se sustrae de la esencia de los huesos, siendo lo que resta y al mismo tiempo el principio; su centro contiene nuestro ser, objetos escultóricos que rodean el sublime acto creativo, cuyas fuerzas son evidentes en su resistencia. Estos restos encarnan una perturbadora coincidencia de lo personal y lo impersonal, pues nada nos es más cercano que nuestros huesos, y nada tan desconocido como la muerte; aquí lo material e inmaterial no están separados, ya que la vida y la muerte son revelaciones alternativas de la misma realidad”.
Las abejas y sus panales se convierten en elementos fundamentales para la obra de Leonardo Ramos. Estos animales son la metáfora perfecta de la continuación de la vida, reparación de la muerte, en una promesa de perennidad; el arte deviene terapéutico. El saber hacer propio del dominio técnico (techné), no es un asunto solamente del artista sino del animal (abejas), donde esas obreras de la naturaleza complementan y pretenden reparar lo irreparable: la muerte. Si para los antiguos en Creta este animal que nacía de la muerte misma (de un toro muerto, según cuenta Aristeo) era la fuerza y potencia misma de la existencia, para artistas como Beuys, su preciado líquido era la materialización de la energía creadora y transformadora.
Repulsa está compuesta por varios dibujos de fondo negro, en los cuales sutilmente surgen unas líneas que configuran nuevos cuerpos organizados, donde lo orgánico es cuestionado. El color dorado emerge de las sombras insistiendo en la miel como sinónimo de vida. Los muertos en la Antigüedad eran embalsamados con miel, y en la contemporaneidad, durante el famoso performance de Beuys How to Explain Pictures to a Dead Hare (1965); el artista, con la cabeza cubierta con miel y explicándole los cuadros a una liebre muerta, insistía en que “La miel es sin ninguna duda una substancia viviente, los pensamientos humanos pueden también devenir vivientes”2.
La vértebra fosilizada de cachalote (23 millones de años) hace referencia al Leviathan Melvillei, figura mítica de este mamífero que fue presa predilecta de los cazadores del mar, que llevó a este animal a su extinción. La ballena de Jonás y Moby Dick, entre otros cetáceos míticos, vuelven en esta pieza a estar presentes como referentes importantes para el artista. Las abejas, en un trabajo grandioso, han reparado y restaurado parte de la vértebra, con unas prótesis-panal, como insistiendo en una relectura genética de la cual ellas devienen las intérpretes perfectas.
Esta intervención de las abejas cobra más fuerza en el cráneo humano, así como en el animal. Al primero, el artista lo ha despiezado previamente sosteniendo cada pieza con una estructura metálica pero conservando la forma. Luego, las abejas hacen su trabajo completando unas extrañas y fascinantes formas entre las cavidades oculares; de los huesos temporales, por ejemplo, se desprenden y se extienden una prolongaciones de cera, como insistiendo precisamente en que el tiempo es eterno. De los otros huesos que conforman la cavidad craneana cuelgan también esas formas que le dan al cráneo una extraordinaria apariencia de un ser jamás visto.
El cráneo de un lobo (Canis lupus lycaon), partido en dos, también es intervenido por las abejas, quienes crean algunas formas (panales) dentro del mismo cráneo, donde esta forma se conjuga con la dentadura del animal, como insistiendo en la perennidad del aullido. En suma, la obra de Leonardo Ramos nos pone a reflexionar sobre lo repulsivo y al mismo tiempo fascinante de la muerte.
NOTAS
1. Ricardo Arcos Palma, Animalités. Con la colaboración de autores varios como Helge Meyer, Charles Dreyfus, Michaël La Chance, Andrés Jurado, Paul Ardenne, entre otros. Editions Inteventions. Quebec, 2013.
2. Charles Dreyfus, “Beuys et l’animal”; en Animalités, op. cit., p. 12.
RICARDO ARCOS PALMA
