La obra de arte tiene como mínimo dos componentes:
creación y documentación. Lo adecuado es que la proporción de la creación sea
más amplia que la documental. Se podría discurrir acerca de por qué se incluye
la documentación dentro de los ingredientes fundamentales de la obra de arte.
(Esto excede la presente reseña, aunque, sintetizando, corresponde resumir que
el momento histórico en que el autor trabaja, su situación personal y
profesional, los elementos que registra en cada obra, su entorno, son, entre otros,
indiscutibles y amplios documentos-evidentes o subliminales). En el caso de los
Yearbooks de José Antonio Suárez
Londoño, las coordenadas ofrecen una exposición con una perspectiva que atiende
el proyecto que el artista inició en 1997: crear un dibujo diario basado en el
libro o serie que Suárez Londoño estuviera leyendo en el curso de un año; lo
que continúa haciendo en el presente. De esta manera, José Antonio Suárez
Londoño, colombiano, establece su tarea, la estructura que la sustenta, la
documentación sobre la cual se basa y su interpretación de ciertos libros. Cabe
aclarar aquí que son dibujos que funcionan como ilustraciones pero con el
acento puesto en el medio creativo. Los dibujos, sin ser todos totalmente
abstractos, tienden hacia una cierta abstracción. Digamos que los resultantes
exhibidos no se limitan a la habitual representación narrativa.

Los dibujos expuestos tienen el formato de las libretas cuyas medidas oscilan entre 6 x 8 pulgadas u 8 ¾ x 10 pulgadas, o 3 ¼ x 7 1/8 pulgadas. Y los dibujos, verticales u horizontales, se diferencian por abarcar una o dos páginas, respectivamente. Aquí conviene recordar la llamada Ley de adaptación al marco. El autor adapta su registro de lector al soporte de papel de que dispone. Al decidir que los Yearbooks serían de una determinada manera, material y medida, el artista pautó su trabajo. Por el tipo de materiales que utiliza, se produce cierto “sangrado” del trazo que toca la página o las páginas siguientes, y el artista sabe incorporar/retomar estos “excesos” en el dibujo de la página siguiente. La expresión en el espacio también atiende a la transmisión de lo que las lecturas van provocando en el autor. La exposición de Suárez Londoño en el Drawing Room del Drawing Center de Nueva York ofrecía al espectador vitrinas con libretas y una experiencia singular: por primera vez el artista decidió presentar algunos dibujos sueltos, separados de las libretas, para que quien los vea pueda percibirlos con mayor facilidad y de manera secuencial. Las lecturas son a cual más diversa. Desde la Metamorfosis de Ovidio hasta los diarios de Paul Klee, y desde Los anillos de Saturno de W. G. Sebald hasta Franz Kafka.

Son numerosos los artistas que a lo largo de la historia del arte han venido dibujando sistemáticamente ya sea autorretratos, referencias a lecturas, análisis de la obra de un escritor o de un compositor. El artista mexicano José Luis Cuevas ha ganado el derecho a que se le mencione como referente del dibujo, por haber otorgado a la disciplina dibujística el valor de una expresión en sí misma, en vez de hacerse para ser soporte de la pintura, por haberse dedicado a ilustrar y crear con base en libros que leyó y, más cercano aun a Suárez Londoño, por haber hecho a diario, y por largas temporadas, dibujos acerca de un tema determinado, sobre todo, el autorretrato. El título y alguna frase suelen estar dibujados en las páginas debidas a este dibujante, grabador, pintor, que reside en su país de origen. Suárez Londoño ha expuesto en estas tres disciplinas, en los espacios más prestigiosos del mundo contemporáneo. En esta ocasión, exhibe con la curaduría de Claire Gilman. Gabriel Pérez-Barreriro y Regine Basha han sido parte del apoyo para concretar la exposición, así como la Embajada de Colombia, y ha contado con la ciudad de Nueva York como sponsor de medios de difusión, como es de rigor para el Drawing Center.
GRACIELA KARTOFEL
Historiadora de arte, crítica y curadora independiente.

